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» La Nacion
Fecha: 05/02/2026 06:36
El vengador tóxico: un regreso más prolijo que incómodo, con un elenco prestigioso y un enemigo acorde a los tiempos que corren El reboot del clásico del cine clase B modera el exceso y la irreverencia del film original para apostar por una crítica social más explícita, con resultados desparejos - 4 minutos de lectura' El vengador tóxico (The Toxic Avenger, Estados Unidos/2025). Dirección: Macon Blair. Guion: Macon Blair. Fotografía: Dana Gonzales. Música: Matt Lamkin. Edición: Brett Bachman, James Thomas. Elenco: Peter Dinklage, Kevin Bacon, Elijah Wood, Jacob Tremblay, Taylour Paige, Luisa Guerreiro, David Yow, Julia Davis. Duración: 102 minutos. Calificación: solo apta para mayores de 16 años. Distribuidora: Terrorífico Films. Nuestra opinión: buena. A mediados de la década del 80, el cine clase B alumbró El vengador tóxico, una saga que fascinó a los chicos de la época (y también a algunos mayores) por su humor irreverente, violencia desproporcionada, efectos especiales ridículos, chicas sin ropa y una extraña mezcla de terror, acción y comedia obscena. Una película y tres secuelas sobraron para reafirmar el concepto, potenciando lo absurdo. El experimento tuvo un alcance tan impensado que derivó en una serie animada, un cómic y hasta un espectáculo musical. Lo que -uno suponía- había sido un fenómeno de época regresa un cuarto de siglo después de la última entrega, para contar más o menos lo mismo, con un elenco más prestigioso, menos irreverencia y el mismo espíritu. Este Vengador tóxico, cosecha 2025, se inscribe en esa zona ambigua del cine contemporáneo que revisa íconos del pasado, no para restaurarlos ni ponerlos en valor, sino para someterlos a una nueva prueba de sentido. Su director, Macon Blair, no intenta disimular el origen marginal de la materia prima; por el contrario, continúa esa línea marcada por el exceso, la deformidad y el grotesco. Pero, a diferencia del film original, cuya irreverencia era casi anárquica, en esta oportunidad la propuesta está atravesada por una voluntad de crítica social más definida. Una decisión que, si bien amplía el campo formal, termina siendo también uno de sus puntos de desequilibrio. Al igual que en la original, la historia de El vengador tóxico gira en torno a Winston (Peter Dinklage), un conserje explotado y socialmente invisible que, tras un accidente con residuos tóxicos, se transforma en una criatura monstruosa y poderosa. En este caso, esa mutación funciona como catalizador de una violencia que el relato asocia de manera directa con la lógica corporativa y la deshumanización sistemática: previo al accidente, el personaje va a buscar ayuda a un jefe millonario que lo burla, al mismo tiempo que maneja una planta de desechos tóxicos sin control. El enemigo ya no es el bullying adolescente ni la crueldad individual, como pasaba en la versión de los años 80, sino una estructura económica que convierte el daño en norma. Si uno quisiera ahondar más allá de la anécdota (preguntándose en el camino si realmente vale la pena), la actualización propone al monstruo no como anomalía, sino como producto. La deformidad deja de ser un accidente para volverse consecuencia. Lo que el sistema expulsa retorna bajo una forma irreconciliable. Otra clave, que marca el pulso de este reboot es la composición de Peter Dinklage. Su Winston tiene una densidad emocional, entre depresiva y melancólica, a la que el guion acude permanentemente. Hay en su trabajo una vulnerabilidad que impide que el personaje se reduzca a un simple vehículo de venganza. Esa humanidad previa a los acontecimientos, referenciada en su angustia laboral, en la muerte de su esposa y en la relación con su hijo, es un elemento que le aporta mayor solidez al relato en su conjunto. La contrapartida de esto es que se desaprovechan presencias como las de Kevin Bacon o Elijah Wood, participaciones que se ven reducidas a un rol simbólico, necesario solo para hacer avanzar una trama, que no parece importarle mucho a nadie. El vengador tóxico tiene varios méritos en su búsqueda de adaptar un material sin vuelo. Su límite no está en su falta de audacia, sino en su administración del exceso. Blair apuesta a que la reiteración intensifique el efecto satírico, pero el resultado es irregular. La crítica al capitalismo corporativo, clara en su planteo inicial, se diluye a medida que el relato avanza. Una película que privilegia el golpe de efecto por sobre el interés de consolidar una idea. Últimas Noticias Ahora para comentar debés tener Acceso Digital. Iniciar sesión o suscribite
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