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» La Nacion
Fecha: 05/02/2026 03:49
- 5 minutos de lectura' Ese domingo no fue un dÃa tÃpico de fin de semana en la casa de Claudio y Cecilia, en General Pacheco. El frÃo era punzante y el silencio en el hogar todavÃa recordaba a Falkor. El querido compañero de cuatro patas de la pareja habÃa partido poco tiempo antes en un accidente doméstico que dejó una herida abierta. Claudio salió a pasear a Lars, otro de sus perros, por la avenida Boulogne Sur Mer, sin imaginar que el destino ya habÃa movido sus piezas. Frente al shopping Novo Pacheco, apareció él: un cachorrito de unos 6 meses con signos evidentes de sarna, un chalequito gastado y un collar. Claudio buscó con la mirada a un rostro responsable, pero no encontró a nadie. Mi primer pensamiento sugirió que tenÃa tutor y estarÃa a unos metros de allÃ. Sin embargo, cuando levantó la vista, la realidad era otra. No habÃa nadie, recuerda con tristeza. Pero lo que siguió fue lo que él define como una conexión inexplicable. El cachorro, lejos de tener miedo, conectó de inmediato con Lars. En medio del frÃo, empezaron a jugar como si se conocieran de toda la vida. Claudio no pudo dejarlo solo y se las ingenió para lograr que el pequeño perrito lo siguiera en su trayecto. Desde ese momento, nos acompañó en el paseo e intentó ganarse el cariño de cada persona que cruzábamos. Mientras tanto, yo buscaba a su familia, pero perdÃa la esperanza con cada paso que dábamos. Asà fueron hasta una suerte de sendero entre las vÃas y la calle Groussac hasta que llegaron al puente que debÃan cruzar para volver a casa. Claro estaba que no podÃa dejarlo solo en ese lugar y con semejante frio asà que lo llevé directamente conmigo. Una vez bajo techo y al activar las redes sociales para intentar encontrar a su familia, la historia de Aldo ese resultó ser su nombre real empezó a revelarse. Iara, una chica que trabajaba en una estación de servicio en Torcuato, a tres kilómetros de allÃ, lo reconoció. Ella lo habÃa rescatado, le habÃa comprado su saquito y lo cuidaba en una caja. Aldo habÃa sido dado en adopción, pero lo habÃan devuelto apenas un dÃa después porque habÃa roto un almohadón. Sin embargo, en la casa de Claudio, el panorama era distinto. En cuanto entró, daba la sensación de que ya habÃa estado ahÃ, que conocÃa los rincones. Desde el minuto cero sentimos que él y Lars se reencontraron nuevamente; que sus almas habÃan elegido el mismo lugar y que el alma de Falkor habÃa encomendado que él apareciera en ese lugar, relata Claudio con emoción. La llegada de Aldo planteaba un desafÃo: ya habÃa tres perros y dos gatos en la casa, y la familia tenÃa un viaje programado para el mes siguiente. Pero el espÃritu comprador de Aldo derribó cualquier duda. Tuvimos dÃas de una dicotomÃa total por el viaje y la cantidad de animales que estaban bajo nuestro cuidado, pero las andanzas de Aldo y sus gestos, que nos recordaban tanto a Falkor, nos ganaron el corazón. Incluso el miedo de Aldo al agua parece un puente mÃstico. Falkor -que ya estaba mayor y tenÃa problemas neurológicos- habÃa muerto ahogado en la pileta de la casa tras desplomarse luego de un infarto. Salió a hacer pis a la mañana y creemos que tuvo algún percance en su corazoncito y se cayó a la pileta. Cuando salà tres minutos después y lo vi, era tarde. Lo saqué e intente reanimarlo, pero fue en vano. Fue uno de los momentos más duros que me tocó atravesar. Aldo, sin razón aparente, manifiesta un temor profundo a los colectivos, camiones y, sobre todo, al agua. Son esas conexiones cósmicas de los peludos de cuatro patas, reflexiona su adoptante. Hoy, Aldo es un integrante indiscutido de la banda de Pacheco, que ahora suma ocho integrantes con la llegada del gato Truji. Sus dÃas transcurren entre largas siestas en las que se hace el distraÃdo para no levantarse y juegos intensos con Lars y Luna. Aunque sigue siendo un experto en hacer pozos en el jardÃn, su capacidad para disipar cualquier mal dÃa es su mayor talento. Es un alma libre que irradia felicidad. Si tu dÃa viene mal, Aldito lo va a mejorar. Por eso, con Cecilia decimos: Dont worry, be happy... be Aldi, cuenta Claudio. Quien visita la casa sabe que terminará con el perro a upa: No importa el cómo, pero lo va a lograr. Aldo, el perro que caminó tres kilómetros desde una estación de servicio para encontrar su verdadero hogar, hoy camina por la vida con la inocencia de quien sabe que, finalmente, está donde siempre debió estar. Compartà una historia Si tenés una historia de adopción, rescate, rehabilitación o ayudaste a algún animal en situación de riesgo y querés contar su historia, escribinos a bestiariolanacion@gmail.com Últimas Noticias Ahora para comentar debés tener Acceso Digital. Iniciar sesión o suscribite
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