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» La Nacion
Fecha: 04/02/2026 15:22
Leila Arévalo vive en La Cava, San Isidro; trabaja desde niña y asegura que no quiere que sus hijos pasen por lo mismo que ella; estoy tan orgullosa de ellos, dice - 6 minutos de lectura' Cuando sus tres hijos se interesaron desde chiquitos por tocar el piano, navegar o jugar al fútbol, Leila Arévalo no se detuvo ni un segundo en pensar qué pasaría si no: si no se daban las oportunidades, si no tenían madera para eso que les gustaba o si no sería capaz de ayudarlos a cumplir sus sueños. No tengo un trabajo estable ni casa propia. Vivimos en la villa La Cava, en San Isidro, donde nada es fácil porque las drogas avanzan y hay peligros a la vuelta de la esquina. Pero trato de que todo eso no sea un obstáculo para que mis hijos cumplan sus sueños, dice esta mujer de 36 años a LA NACION. Miqueas es el mayor, tiene 14 años y quiere ser concertista de piano, chelo y director de orquesta. Josías, de 12, también ama la música, le gusta la percusión y quiere ser jugador de fútbol. Natanael tiene 9, es el tercero (la más chiquita tiene un año) y sueña con competir en regatas y conocer el mundo navegando. Leila es una de las miles de mujeres cabeza de familia que enfrentan el día a día y sueñan con salir de la pobreza. Y en ese contexto, sus hijos hablan de lo que sueñan, en gran parte porque ella les dice que todo es posible si trabajan por ello y porque se las ingenia para encontrar oportunidades, aunque haya pocas, dice. Trabaja desde los 12 años Leila vive en La Cava desde que nació, no terminó la secundaria y trabaja desde los 12 años. Repartió volantes, fue camarera, telefonista y empleada en eventos. Hoy es mucama por horas. Estuvo en pareja, pero esas relaciones no prosperaron. Siempre la peleé sola, dice. Cuando tuvo a sus hijos mayores, vivía en una zona difícil de La Cava, en la Quinta. Ya separada, dejaba a uno en una guardería municipal, al otro en el colegio público y se iba a trabajar. No sé qué hubiera hecho sin una guardería o una escuela pública. Son muy importantes para las mamás solas, comenta. Por esa época, una familia de la Quinta le había prestado una parte de su patio para que se instalaran. Ahí construyó una piecita de madera. Al menos era un techo para nosotros, dice. Luego se lamentaría: esa zona se inundaba seguido y tenía mucha humedad, lo que a Miqueas le afectó mucho y desarrolló asma. Al poco tiempo de tener a la más chiquita, Yeshia, la madre de Lelila le dijo que fuera a vivir a su casa. Está en La Cava pero es una mejor zona, cerca de los monoblocks, no se inunda y no hay tanta humedad. Ella me ayuda mucho, cuenta. Para Leila, la familia es importante. En esa casa, además de vivir con sus hijos y su madre, vive con su hermana que tiene tres hijos, de entre 12 y 20 años. Somos muchos, pero entre las tres nos damos una mano, dice. Aprendió con un teclado de juguete Miqueas tenía 8 años cuando comenzó a aprender piano solo. Practicaba con un teclado de juguete y veía en YouTube pianistas que daban clases. También trataba de sacar las canciones que me gustaban, cuenta el niño. Al ver el gran interés de su hijo, Leila accedió sin dudar cuando él le pidió estudiar música. Como no podía pagar clases particulares o una escuela privada, consiguió anotarlo en un conservatorio público en Martínez, el Juan José Castro. Hoy, a los 14 años, Miqueas lee música y toca piezas de sus autores preferidos, como Beethoven, Mozart, Tchaikovsky. Hace dos días saqué Passacaglia, de Handel, dice en medio del receso escolar de verano. Lo que más le apasiona es aprender técnicas para tocar piezas difíciles y rápidas. Me llama la atención la pianista china Yuja Wang y Martha Argerich. Me gusta en general la música que me desafía, por eso quiero mejorar mi técnica, dice. Y tiene planes: quiere empezar a estudiar chelo y dirección de orquesta. Ahora estoy componiendo una pieza en piano. Me gustaría poder trabajar de esto, ayudar a mi mamá y viajar. Después de una pausa agrega: Pero tengo que estudiar más inglés, eso no me sale tan fácil y se ríe. En la casa, que tiene tres habitaciones, una cocina, un baño y un living y donde viven 10 personas, Miqueas ensaya todos los días con un piano vertical que le regaló una señora amiga de un profesor. No tengo que tocar cuando duerme la siesta la abuela, aclara. Josías, de 12, también va al conservatorio y estudia percusión, le gusta tocar con instrumentos que no son eléctricos, como el bongó. Josías dice que todo se aprende. Por ejemplo, al principio no jugaba muy bien al fútbol, pero ahora que soy delantero me dicen que soy muy bueno. Sobre sus sueños, cuenta: Primero me gustaría terminar mis estudios y después salir adelante con lo que me gusta, el fútbol, el boxeo, la música. Quiero tener mis cosas y ayudar a mi familia, dice. Natanael, de 9, ama los deportes. Asiste a un club náutico deportivo de la ONG Capitanes de Barrio, dirigido a chicos de contextos vulnerables. Es el club náutico Barrancas. Mi propósito es no tener miedo, participar en muchas regatas, ayudar a mis amigos a sentirse seguros navegando, tener mi barco, ser constructor y futbolista para comprarle una casa a mi familia y que no nos falte nada, dice. Estoy tan orgullosa que lloro Cuando sus hijos hablan de su madre dicen que a veces es estricta, pero que siempre hace todo por ayudarlos. A veces soy la mala, la que está encima de ellos para que den bien las materias del colegio, los llevo y los traigo a todas partes, pero no me importa, para mí eso es cuidarlos, dice Leila. Cuando los veo hacer lo que aman me pongo tan orgullosa que lloro, comenta con una carcajada. Yo siempre sueño en grande, no cuesta nada. Sueño con pagar una casa en cuotas, con conseguir un trabajo estable, con vacaciones. Por eso cuando escucho lo que mis nenes desean, solo me concentro en apoyarlos, dice. Tras la charla, en breve tendrá que acompañar a Natanael al club náutico, a Josías a sus clases de fútbol y verá cuántas horas de trabajo consigue en casas de familia para que no les falte nada. A veces siento que no puedo más, que voy a bajar los brazos porque mi cabeza está con que tengo que comprar esto, tengo que pagar allá, dice y sigue: Después me vuelvo a levantar, quiero encontrar un buen trabajo para que ellos tengan las oportunidades que yo no supe tener. Más información Si querés ayudar a Leila y su familia, podés contactarte con ella por mail a Leilaarevalo1988@gmail.com. Más notas de Pobreza Últimas Noticias Ahora para comentar debés tener Acceso Digital. Iniciar sesión o suscribite
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