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  • Endeudar sin memoria: cuando los responsables del saqueo acusan al que apaga el incendio - Diario Análisis Litoral

    Parana » Analisis Litoral

    Fecha: 04/02/2026 12:08

    Hay críticas que interpelan y enriquecen el debate público. Y hay otras que simplemente exhiben cinismo, amnesia selectiva y una dosis preocupante de descaro político. El reciente ataque del exdiputado Marcelo Casaretto contra el gobernador Rogelio Frigerio, acusándolo de endeudar a Entre Ríos por U$S 500 millones, pertenece claramente a esta segunda categoría. No se trata aquí de defender a un gobernador tarea que, llegado el caso, deberá sostener con hechos y resultados sino de poner límites al agravio cuando proviene de quienes fueron parte estructural del problema que hoy se pretende administrar. El endeudamiento no nació ayer Resulta llamativo o quizás previsible que quienes integraron durante años los gobiernos que dejaron una provincia financieramente devastada, ahora descubran de golpe el concepto de endeudamiento como si se tratara de una novedad escandalosa. La deuda monumental que arrastra Entre Ríos no cayó del cielo ni se gestó en un viaje a Nueva York: fue el resultado de años de desmanejo, déficit crónico, estructuras infladas y una concepción patrimonialista del Estado. Si esos recursos que hoy se reclaman como del pueblo hubieran sido efectivamente invertidos en mejorar la vida de los entrerrianos y no diluidos en corrupción, ineficiencia y cajas políticas probablemente no estaríamos discutiendo hoy la necesidad de reordenar pasivos ni buscar financiamiento externo. Viajar no es traicionar, es gobernar Presentar una agenda institucional en Estados Unidos como una entrega o un clavo para los entrerrianos es una simplificación burda. Gestionar deuda no es lo mismo que saquear, y negociar condiciones financieras no equivale a hipotecar el futuro si se hace con reglas claras, previsibilidad y objetivos concretos. La provincia necesita reconstruir credibilidad, ordenar cuentas y sostener servicios básicos. Eso exige, guste o no, interlocución con el sistema financiero internacional, especialmente cuando el país atraviesa un proceso de ajuste profundo y recorte de transferencias nacionales que ningún gobernador de ningún signo político puede ignorar. El agravio como último recurso Lo que sí queda claro es que el recurso al agravio permanente es el síntoma de una dirigencia que perdió legitimidad social. La mayoría de los entrerrianos distingue hoy con bastante claridad quiénes fueron parte del problema y quiénes, al menos, enfrentan las consecuencias de ese legado. Por eso, cuando desde ese pasado reciente se intenta descalificar una gestión electa con contundencia en las urnas en 2023, el efecto ya no es indignación ni temor: es lástima política. Lástima por la incapacidad de asumir responsabilidades, por la negativa a hacer autocrítica y por la insistencia en repetir discursos que ya no interpelan a nadie. No es defensa, es sentido común Esta nota no pretende blindar al actual gobernador ni absolverlo de futuras responsabilidades. El tiempo y los hechos hablarán. Pero el debate público exige un mínimo de honestidad intelectual. Y cuando quienes ayudaron a vaciar la provincia señalan con el dedo a quienes intentan ordenarla, el problema ya no es la deuda: es la falta de vergüenza. Tal vez, antes de levantar la voz, algunos deberían revisar su propio recorrido, su rol en los gobiernos anteriores y hasta sus declaraciones patrimoniales. Porque hay silencios que, más que prudencia, serían un saludable gesto de respeto hacia una sociedad que ya entendió demasiado. Por Alejandro Monzón Análisis Litoral

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