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» La Nacion
Fecha: 04/02/2026 11:52
El periodista de espectáculos conversó con LA NACION sobre el momento bisagra que atraviesa y, si bien regresará a la conducción del programa Intrusos, no descarta radicarse en Europa - 13 minutos de lectura' La temperatura es gélida, llueve copiosamente sobre Madrid. Rodrigo Lussich se disculpa ante el retraso de unos pocos minutos producto de una ciudad atravesada por la inclemencia del tiempo. El periodista y actor se encuentra instalado, desde el mes de diciembre, en un departamento ubicado sobre la Calle de Casto Plasencia, en el bello barrio de Malasaña, en pleno centro de la ciudad, lindante con la teatral y comercial Gran Vía y la zona de Chueca, diversa y bohemia. "Siento que vivo acá, que era lo que buscaba; ahora mi casa está en Madrid, comienza diciendo a LA NACION el coconductor del programa Intrusos (América). -En términos teatrales, percibo una suerte de ensayo general a una posible radicación definitiva. ¿Me equivoco? -Mi pasaje de regreso es para el 14 de febrero y el 16 de este mes ya tengo que estar conduciendo Intrusos, porque mi socio (Adrián Pallares), que me bancó dos meses la conducción, también se tiene que ir unos días a descansar. ¿Qué va a pasar a futuro, mediano o largo plazo? No lo sé. Ahora me estoy conectando con mucha gente con motivo del espectáculo. Lussich se relacionó con argentinos radicados en España, artistas y productores, pero también comenzó a tejer algunos lazos con responsables locales vinculados a la producción en medios. Entretanto, preparó un unipersonal que estrenará este miércoles en la sala Galileo Galilei de Madrid y, al día siguiente, ofrecerá en el espacio Copacabana Aribau de Barcelona. El espectáculo lleva por título el sugestivo Argentino que huye (sirve para otra batalla), que refleja cabalmente su presente, aunque con la salvedad que, en realidad, él nació, hace 53 años, en la ciudad uruguaya de Montevideo. -Entonces, radicarte en España, ¿es una posibilidad? -No quiero ser categórico, pero estoy en un momento de mi vida donde me pienso como en una tercera vida, que no es lo mismo que tercera edad. -¿Tercera vida? -Estoy pensando en mis próximos veinte años de vida útil profesional. Me gustaría que esa tercera vida tenga, por lo menos, puertas abiertas. No me quiero jubilar haciendo chimentos, no lo digo de manera peyorativa, simplemente porque tampoco me hubiera jubilado de movilero, que lo fui durante mucho tiempo. Hay en mí un engranaje que funciona de determinada manera. -¿Cómo es esa manera? -Cada tanto tiempo, empiezo una nueva vida. Mi segunda vida fue toda mi etapa de televisión en Buenos Aires, que todavía sigo transitando. Rodrigo Lussich siempre se desarrolló a partir de los parámetros de libertad que le inculcaron sus padres (hippies de pura cepa en su juventud) y que él fue acomodando a su modo. Nació en Uruguay y, siguiendo a su padre o a su madre, ya separados, se radicó en Argentina, pero también puso un pie en Brasil durante bastante tiempo. Ahora es España el objetivo elegido por él. Si la vida lo fue llevando por diversos rumbos, en lo profesional también construyó su carrera a puro ensayo y error y rompiendo siempre con la comodidad de cierto bienestar. Fue notero de radio y televisión, ingresó en el mundo del periodismo del espectáculo, viró hacia el universo del chimento y logró pararse al frente de varios formatos de televisión, una aspiración de todo aquel que se inicia en el trabajo de campo de la calle. Cuando había conseguido todo eso, pateó el tablero y se instaló en Mar del Plata, donde condujo su propio programa en Radio Brisas. Al año, regresó a Buenos Aires. Podría decirse que, en lo suyo, logró -junto con su colega y amigo Adrián Pallares- ponerse al frente de Intrusos, la marca más longeva del periodismo de farándula, un aspiracional de muchos, pero lejos está de sentir que tocó un techo. -El inconformismo, cuando no es patológico, lleva a la búsqueda, algo que te define cabalmente. Algo así como estar y no estar habitando un lugar. -Conmigo nunca se sabe y, a esta altura, la gente que labura conmigo también lo sabe. Se ríe de su propia esencia. De ese entrar y salir de los espacios. Impredecible. Estoy en mi derecho a elegir lo que quiero hacer. Soy un tipo que rindo, soy efectivo y funcional, trabajo y me pongo el overol, y eso me trajo hasta aquí, pero no siento que haya llegado a ninguna parte. Casi una sesión de terapia, mientras se sirve un café en una cocina confortable que no deja filtrar ningún sonido exterior, más que el de la lluvia que bendice la tarde madrileña: Conformismo está ligado a confort, confort está ligado a comodidad y comodidad está asociado, en mi ADN, a falta de creatividad, encierro, aislamiento. En la comodidad no florezco, no produzco de la misma manera, por eso estoy en la búsqueda permanente. El periodista no es ingenuo y reconoce que el lugar que ocupa en el medio es codiciado. No creo en las jerarquías ni en lo que te puede dar eso económicamente. Además, todo es muy efímero. Desde ya, ganar mejor plata, ayuda y, de hecho, este viaje lo hago gracias a eso. -En tus decisiones, ¿cómo entra en juego lo económico? -Siempre tuve una relación muy discrecional con la plata, nunca ahorré ni me compré una casa. Nunca tuve la idea cultural de la plata para dejar una herencia. No haber sido padre, al menos por ahora, y mientras no tenga pareja no sucederá, me permitió ser así; de lo contrario, tal vez la mentalidad hubiera sido otra, porque, culturalmente, venimos a esta vida a tener hijos y, quien es padre, trabaja y ahorra para dejarle a esos hijos una propiedad o dinero. Es algo que viene culturalmente intrínseco. La idea de la herencia hace que uno trabaje para dejar algo en los herederos. Eso en mi vida no pasó. Mis padres viven, pero no heredaré gran cosa ni especulo con eso y, como no está en mí desde lo genealógico para arriba, tampoco lo está para abajo. -Entonces. -Entonces la plata, en tanto y en cuanto me sea funcional para lo que voy viviendo, sea más o menos lo que gano, me sirve. Por supuesto, uno se acostumbra a un costo de vida más alto, porque se accede a cosas más caras y eso hay que mantenerlo. He tenido trabajos muy buenos y me he ido a otros por la mitad de la plata. No es que no sé moverme con plata, porque me gusta gastar y viajar, pero nunca un sueldo fue determinante para quedarme en un lugar. -¿No tenés una propiedad a tu nombre? -No. Sólo tengo un auto. -¿No te genera adrenalina no contar con ese techo que, tradicionalmente, también está asociado a una tranquilidad, a cierto logro? -No, nunca me comió el coco. Seguramente, si sumo todos los alquileres que pagué en mi vida, ya me hubiera comprado algo. Nunca tuve la educación cultural del ladrillo, de la escritura, el título. Nunca pensé en comprar para tener rentas. La plata me la gané y la gasté trabajando. -La emigración, entonces, no es descabellada. -Pensando en esto, alguien me dijo: ¿Sos consciente que ocupás un lugar codiciado?. Lo que siento y me gustaría es que, si dejo algo, ese lugar lo ocupe alguien que tiene méritos para hacerlo, pero jamás me quedaría en un lugar por el solo hecho de evitar que venga otro a ocuparlo. Esa me parece una idea ramplona. En términos profesionales, y pensando en voz alta ese sitial dentro del ecosistema televisivo, reconoce que hoy está más ligado a la animación que al periodismo y que le interesa seguir por ese camino. De hecho, no considero al chimento como un género periodístico, me parece que es faltarle el respeto al periodismo, asegura. Aclara que no denuesta el periodismo de espectáculos, que respeta y mucho, sino a esa variable que atraviesa y ubica en rol protagónico, pero desde otro sesgo, a las celebridades famosas. Alguien que escribe una columna, hace una crítica o entrevista hace periodismo, el chimento es otra cosa, decirle periodismo es subirle el precio, suma. -Trabajando en un formato como Intrusos, es muy honesto lo que decís, pero muchos colegas profesionales que habitan los programas de chimentos se molestarán con tus palabras. -Ya se han molestado, pero la palabra chimento ya es peyorativa en sí misma. En tal caso, hacemos periodismo de ascensor, contamos que la del quinto se acuesta con el marido de la del cuarto. No lo digo de manera despreciativa, trato de ser realista. Eso no quiere decir que no haya que hacerlo con profesionalismo, fidelidad. No puedo decir que Los Escandalones (sección de Intrusos creada por él) sea un género periodístico, eso no quita que no sea divertido y que haya que hacerlo bien. Sé que tengo detractores puristas del género del chimento, que no les gusta lo que digo y que no trabajarían conmigo. -¿No te afecta? -Hay tantos modos como personas. Mi modo, en un punto, la gente lo compró, sino no hubiera podido continuar mi carrera. No creo que la gente se vaya a dormir pensando en quién contó el último embarazo, pero sí se va a acordar si se divirtió conmigo. -Vuelvo a lo que planteaste en el comienzo de la charla. ¿Cómo imaginás la tercera vida? ¿Será en España? -No quiero ser categórico, porque no tengo los elementos. Hace tres años probé y no pasó nada, es muy difícil insertarse en la industria española, sobre todo en la televisión. No quiero decir algo de lo que luego me arrepienta. Además, a mí me encanta hacer Intrusos. Si tuviera que elegir un programa dentro del medio, ese sería Intrusos, así que soy un privilegiado. Si en el tiempo, algunas de las semillitas que estoy sembrando por acá tienen atisbos de florecer, prestaría atención y lo analizaría. Me imagino una tercera vida lejos de Buenos Aires, pero no me vendría a Madrid a calzón quitado, desprovisto de alguna seguridad. Reconoce que tiene una capacidad para hacer reír y, en ese sentido, remarca la buena acogida que tuvo Socios al desnudo, el show teatral que, durante tres años, realizó en gira junto a Pallares, a quien lo une una extensa amistad. Decir que soy gracioso es pretencioso, pero, lo cierto es que, en las funciones, la gente respondió y eso me dio una gran confianza interna, asume. -¿Cómo reaccionó Adrián Pallares a que te tomaras licencia durante el verano, que suele ser un momento fuerte para un programa como Intrusos? -Mi idea era viajar en marzo, pero el canal me pidió hacerlo antes para poder estar en marzo trabajando cuando comienza la temporada alta. Él me conoce como nadie, sabe sobre mis inquietudes y las cosas que me pasan, así que todo estuvo muy hablado y siempre me acompañó mucho. Luto El viaje a España coincidió con el atravesamiento de un duelo muy profundo. En noviembre del año pasado falleció Meche Portillo, productora de Intrusos e íntima amiga de Rodrigo Lussich. Era mi otra mitad, excedía cualquier rótulo. No era mi pareja desde el punto de vista erótico, pero jugábamos al matrimonio, dice. -¿Cómo se conocieron? -Fue hace treinta años, estudiando comicidad con Mariana Briski, ella era su asistente. La vi trabajando en bares, era muy graciosa, pero se retiró de eso y comenzó a trabajar como productora. Fue la que le dio el sello a la sección Los Escandalones. Y, luego, se convirtió en productora de Socios del Espectáculo (eltrece) y de Intrusos. Y fue nuestra mano derecha en el teatro. -¿Cuál fue el motivo del fallecimiento? -Se fue en cuatro días. Hicimos la última función de la gira en Jujuy, llegó a Buenos Aires, enfermó, ingresó a terapia y nunca más salió. Fue un golpazo. Creo que todavía no caí, la vuelta a Argentina me enfrentará a la realidad de su ausencia. A Meche Portillo, siendo niña, se le declaró una esclerodermia, una enfermedad autoinmune que tiene una consecuencia física en la piel y en las terminaciones de sus extremidades. -A pesar de todo, se la veía muy activa. -Nada la frenaba. Viajamos dos veces a Nueva York, donde me decía que se sentía menos mirada. -En lo cotidiano, ¿se sentía observada? -Sí, la gente la miraba distinto o con curiosidad. Pero, para nosotros, era algo muy incorporado a la vida. Era una condición dada. -¿Qué derivó en su muerte? -Dos veces por año se hacía una suerte de transfusión de la medicación, algo que le restaba mucho en sus defensas. Es como hacer quimioterapia durante cuarenta años. En los últimos tiempos, la baja de defensas le trajo complicaciones. Tuvo Gripe A que derivó en una neumonía bilateral. Tenía una capacidad pulmonar muy baja, incluso dormía con bigotera de oxígeno. Se internó, estuvo en el shock room, le bajó mucho la presión y no hubo manera de recuperarla en la terapia intensiva. Portillo participó en la segunda temporada de la serie En el barro. Hizo un casting para el personaje que, finalmente, hizo Juana Molina, pero a los productores les gustó tanto su trabajo que decidieron convocarla para otro papel más pequeño. -Una persona resiliente. -Dos meses antes de morir cambió su auto por un cero kilómetro. Aprendió a manejar a los cuarenta años y eso le dio mucha libertad. Tenía una autonomía extraordinaria. Nos había convencido a todos que no se iba a morir nunca. En escena Argentino que huye (sirve para otra batalla), además de sus presentaciones en Madrid y Barcelona, se ofrecerá en Valencia, Málaga y Murcia. Como soy uruguayo, en las redes, mucha gente me reclamó por el título del espectáculo, pero, en realidad, no hablo sobre mí; el argentino que huye es un concepto, la idea de lo que cuento, explica. -¿Sobre qué habla la propuesta? -Tiene que ver con el que se va en busca de otra calidad de vida y está abordado con humor, porque ¿qué soldado que huye sirve para otra batalla? Es un oxímoron. Tampoco el título define todo lo que sucede en el show, porque también hablo de la infancia, de la vida hippie de mi familia, de los viajes que hicimos y de mis experiencias con famosos argentinos. Si de celebridades se trata, la semana pasada se cruzó con Susana Giménez, dado que la diva celebró su cumpleaños 82 en Madrid. En su regreso a Buenos Aires, Lussich ofrecerá su espectáculo en el Paseo La Plaza y se titulará Acelerado, algo que lo representa cabalmente. Me caracteriza bastante bien. En Madrid, no duda en salir a volantear por la Gran Vía promocionando su espectáculo: Me reencuentra con el Rodrigo más naif, el del teatro independiente donde comencé; eso me da aire, me oxigena la cabeza, porque ser conocido o famoso te achancha y te ubica en un lugar de profunda soledad. Últimas Noticias Ahora para comentar debés tener Acceso Digital. Iniciar sesión o suscribite
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