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Crespo » Estacion Plus
Fecha: 04/02/2026 09:52
Emotivo homenaje a Adela Kippes y Ana Felisa Schönfeld por sus 65 años de vocación religiosa El domingo 1 de febrero, en el Colegio Cristo Rey de la ciudad de Esperanza, se desarrolló una ceremonia cargada de emoción y recogimiento, en la que se celebraron los 65 años de vida consagrada de las hermanas Adela Kippes y Ana Felisa Schönfeld, integrantes de la congregación Siervas del Espíritu Santo. Crespo04 de febrero de 2026Estación Plus CrespoAmbas religiosas desarrollaron gran parte de su misión en el Colegio Sagrado Corazón de Crespo, además de cumplir funciones pastorales y educativas en Las Cuevas, dejando una huella profunda en las comunidades donde sirvieron. La celebración reunió a familiares, hermanas de la congregación y miembros de distintas comunidades, en un clima de acción de gracias por una vida dedicada al servicio, la fe y la entrega cotidiana. En diálogo con Estación Plus Crespo durante la jornada, la hermana Adela Kippes, oriunda de Crespo, expresó su gratitud por el reconocimiento recibido: Gracias, gracias, gracias a todo el pueblo, a todo el mundo que hoy me recuerda, que yo soy nacida en Crespo, pero en el campo. Vivíamos en el campo de los abuelos, de parte de mamá, entre Santa Rosa y San Rafael. Consultada sobre su nacimiento, precisó: Nací el 8 de julio de 1940, y hoy celebramos cuatro hermanas a los 65, y una hermana que celebra los 60, de vida religiosa. La religiosa recordó su infancia y los primeros años de su vida familiar, marcados por mudanzas y dificultades de salud de su madre: Del campo de la abuela, fuimos a vivir a Aldea San Juan. Ahí estuvimos, vivíamos del año 1968, me parece, hasta bastantes años, no recuerdo exactamente. Porque mamá se había enfermado, tenía problema de salud, de corazón. Entonces, mis hermanos, que estaban todos en Buenos Aires, menos los dos menores que iban a la escuela, decidieron vender ahí y comprar en Buenos Aires para tener más a mano a mamá. Sobre su familia, detalló: Papá se llamaba Pedro Kippes y mamá Catalina Schmidt. Éramos once hermanos, seis varones, entre ellos había un sacerdote franciscano capuchino, que murió en el año 2018, estaba en La Cumbre. Sus cenizas están en la parroquia Sagrado Corazón, en Córdoba. El padre Marcelo. Y éramos cinco mujeres. El año pasado murió el último hermano, Luis, que venía antes de mí. También mencionó con emoción a sus hermanas: La mayor vive en Rafaela, tiene un hijo que vive en Buenos Aires, y la menor vive también en Buenos Aires, se llama María Inmaculada. Están las dos hoy presentes en mi fiesta, así que la mayor, la menor y la del medio, que soy yo. Al evocar su vínculo con Crespo, relató: Yo estuve desde los nueve años en Crespo, en la casa de los abuelos, que como ordeñaban, tenían para ordeñar a la mañana y a la noche, siempre tenían algún sobrino junto con ellos, y entre ellos estaba yo con mi hermano. Sobre la ubicación de aquella vivienda, precisó: Estaba ubicada frente a la terminal, a mitad de cuadra, con un portón de chapa. Y donde ahora está la terminal de ómnibus vivía una mujer soltera con bastantes frutales en todo ese cuadrado. Respecto al nacimiento de su vocación religiosa, la hermana Adela recordó a Estación Plus Crespo: Yo iba a la escuela al Colegio Sagrado Corazón hasta tercer grado. Antes las hermanas eran todas maestras y profesoras. En un momento se hablaba de la vida religiosa y de los misioneros de África. Entonces preguntaron quién quería hacerse religiosa para ir como misionera, y éramos tres que levantamos la mano. Ese llamado inicial marcó su camino: Después vinimos a Santa Fe, al internado. Terminamos el primario ahí y el secundario lo hicimos en Crespo. En 1958 ingresamos al postulantado. Es un año de postulante y dos de noviciado, así que en mil novecientos sesenta y uno hice los primeros votos. A lo largo de sus 65 años de vida consagrada, su misión la llevó a distintos destinos, incluso fuera del país: El lugar más lejano fue España. Nos retiramos de María Luisa en 1986, y en febrero de 1987 me destinaron a España. Estuve seis años y medio, en la cocina de un colegio grande, que tenía internas, aunque ya empezaban a cerrar los internados. Al ser consultada por su tarea principal, afirmó: Dentro de la cocina, la mayor parte de mi actividad, sí. Y muchas veces fui responsable de la casa, tanto acá en Santa Fe como en otras comunidades. Actualmente, señaló: Ahora estoy de nuevo en Córdoba, ya hace tres años, y agregó: Seguimos trabajando mientras estoy de pie y puedo con las manos y los pies. Es una escuela con más de mil quinientos alumnos. No soy responsable del colegio, pero uno anda mucho por el colegio. Estoy en la comunidad, en la cocina y en muchos quehaceres de la casa. Sobre la realidad actual de la congregación, expresó con sinceridad: Como todas las congregaciones, tenemos muy pocas vocaciones. En las familias ya no hay ese espíritu. Nos estamos retirando de algunas parroquias y casas, y hasta el convento, que tiene muchas dependencias, estamos empezando a alquilar partes. Al reflexionar sobre lo más significativo de estas seis décadas y media de consagración, afirmó: Que el Señor ha sido fiel conmigo y yo le he sido fiel. Dios no se deja ganar en generosidad. Siempre me he sentido acompañado por Él, tanto acá como fuera del país. Estos 65 años han sido para mí toda una bendición. Finalmente, agradeció a quienes acompañaron la celebración: Agradezco toda la parentela que vino a participar en esa fiesta, que fue espectacular. A todas las hermanas que colaboraron, porque éramos cuatro las que celebrábamos los sesenta y cinco. También agradezco a las hermanas de India, de Indonesia y de varias partes. Rezamos para que surjan más vocaciones y siempre haya quien lleve adelante esta obra que Dios nos encomendó. Al cierre del encuentro, ante el saludo final, respondió con sencillez y esperanza: Gracias, esperemos llegar también a los setenta, si Dios quiere.
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