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» La Nacion
Fecha: 04/02/2026 03:20
Patios interiores, pisos en damero y una cuidadosa puesta en valor reivindica el legado del primer ingeniero de la Argentina; La tienda de café, Rajatabla, es la mejor excusa para conocer por dentro una típica vivienda del siglo XIX - 7 minutos de lectura' En el Pasaje San Lorenzo, una de las calles más antiguas y silenciosas de San Telmo, una casa construida en 1891 acaba de ser puesta en valor luego de un trabajo de restauración que devuelve a la ciudad una pieza singular de su historia urbana. Se trata nada menos que de la primera obra que proyectó y construyó Luis Augusto Huergo, el primer ingeniero civil de la Argentina. La recuperación no solo preserva su valor patrimonial, sino que le otorga un nuevo uso que la reintegra a la vida cotidiana de un área que oscila entre la indiferencia de las autoridades locales y el esfuerzo de las iniciativas privadas. La casa había pasado por pocas manos La aventura empezó cuando Pilar Spangenberg, vecina del barrio de toda la vida, salió a buscar una casa para arreglar. Conocedora de la arquitectura de San Telmo y los desafíos de rescatar una propiedad en la zona, apenas vio el cartel en la fachada empezó a imaginar el potencial de esos muros gruesos con patios interiores y habitaciones conectadas, tipología característica de la Buenos Aires de la época, pensada para organizar la vida doméstica alrededor de espacios ventilados y luminosos. Vivía una familia en la planta alta que ya no podía mantenerla. Abajo había funcionado durante muchos años una tanguería que después quedó abandonada. También fue depósito de las instalaciones de la feria de los domingos. Cuando el propietario nos entregó la escritura original comprobamos la autoría del ingeniero Huergo recuerda Pilar, que conserva los antiguos documentos. La casa había pasado por pocas manos: Huergo se la vendió a un tal Cárdenas, los herederos de este la vendieron y así llego a los últimos propietarios. Los planos son de Huergo y la edificaron en un año. La planta es la misma que ahora, siempre se conservó. Se ve que le encantaba la luz cenital porque todo el pasillo estaba vidriado, el patio también y el baño tiene sus lucarnas. No se sabe si vivió acá, lo que sí consta en las escrituras es que vivía a la vuelta, en Defensa al 700. Lejos de una restauración escenográfica o radical, el proyecto buscó respetar proporciones, recorridos y materiales, adaptando la planta baja para uso comercial y la alta destinada a vivienda. Vivimos toda la vida en san Telmo, en distintas calles, con mis padres y mis hermanas. Siempre nos quejamos, pero lo cierto es que nunca nos fuimos; es más, seguimos mudándonos por la zona admite. Del pasado al presente Un relevamiento exhaustivo del estado del inmueble evidenció el deterioro avanzado y las numerosas intervenciones previas que habían alterado algunos rasgos de la composición original. Bajo la dirección de la arquitecta Soledad Bersuquer, el primer paso fue un riguroso proceso de registro y catalogación: se inventariaron aberturas, contramarcos, postigos, herrajes, pisos, cielorrasos y artefactos sanitarios originales. Esta tarea permitió identificar qué piezas podían recuperarse y donde era necesario incorporar elementos nuevos, siempre dentro del lenguaje de la época. Se rescataron las carpinterías de madera con alturas de más de tres metros, y, en algunos casos, fueron reubicadas para mejorar la circulación sin modificar la lógica espacial. Los cielorrasos de hasta 3,80 metros requirieron un trabajo artesanal de reconstrucción replicando molduras y perfiles originales. En los pisos se recuperaron piezas existentes para completar faltantes y, cuando fue necesario sumar materiales nuevos, se hizo respetando formatos, tramas y tonalidades. La premisa fue que la casa volviera a funcionar desde su tipología original, con la luz natural y los patios como organizadores del espacio explica la arquitecta. No se trató de devolverla a un estado idealizado, sino de permitirle seguir siendo una casa del siglo XIX, con nuevos usos, sin perder su lógica ni su carácter. Una tienda y café para vivirla Con dos amplios patios y acceso directo desde la calle, la casa presentaba una oportunidad inmejorable para abrir al público, así es que Pilar sumó a su hermana Dolores que decidió reubicar y expandir Rajatabla, una tienda donde se consiguen enlozados de cocina, cerámicas, cestería, textiles y otros objetos para la casa que hasta meses atrás funcionó en Perú y Av. Caseros. Rajatabla empezó en Balcarce y Humberto I en 2001, cuando tenía 25 años. En los últimos años abrimos en la calle Perú, pero hace tres meses estrenamos esta nueva ubicación, con café incluido cuenta Dolores, que desde hace mucho se dedica a los muebles y objetos de madera. Vivió en Europa y en distintos países de África, donde descubrió la belleza de las artesanías locales con las que formó una importante colección que trajo a la Argentina y dio forma al espíritu de la tienda, ahora ubicada en el salón principal de la vivienda. Aprovechando que sobraba espacio, las hermanas decidieron sumar un café, una pequeña biblioteca y un salón para festejos, charlas y encuentros culturales. La propuesta busca ampliar la experiencia del visitante y, al mismo tiempo, permitir que recorra por dentro una construcción histórica del Casco Histórico de la ciudad. Quisimos generar algo nuevo para el barrio. Si venís a pasear desde otros lados, comés algo rico, ves cosas lindas y tenés la posibilidad de entrar a una casa histórica, agrega Pilar. La propuesta gastronómica cuenta con cocina y elaboración propia de panes y repostería, y también hay almuerzos y café de especialidad. Luis Huergo, mucho más que una autopista Para muchos vecinos, Huergo es apenas el nombre de una avenida que recorre el bajo porteño. Sin embargo, detrás de ese nombre hay una figura central para la historia científica y política del país. Nacido en Buenos Aires en 1837, Huergo fue agrimensor y luego uno de los primeros estudiantes de la carrera de Ingeniería creada en 1865 en la Universidad de Buenos Aires. En 1870 se convirtió en el primer egresado de la carreta de ingeniería civil, hecho que dio origen al Día de la Ingeniería Argentina, hoy celebrada cada 6 de junio. Su trayectoria fue decisiva para el desarrollo de la infraestructura nacional. Dirigió el encauzamiento del Riachuelo, impulsó ferrocarriles, canales y sistemas de drenaje, y diseñó un proyecto para el Puerto de Buenos Aires que anticipaba el actual Puerto Nuevo. Al principio por una cuestión de acomodos, su plan fue descartado en favor del plan de Eduardo Madero cuyo proyecto fracaso en la práctica tiempo después. Puesto en evidencia el error, las autoridades de turno convocaron a Huego que trazó un puerto inteligente y accesible a las embarcaciones de gran escala, operativo hasta hoy. También fue pionero en la explotación petrolera: en 1910 dirigió el primer yacimiento nacional en Comodoro Rivadavia, convencido de que la energía debía permanecer en manos del Estado. A lo largo de su vida, fundó instituciones como la Sociedad Científica Argentina, el Instituto Geográfico Argentino y el Centro Argentino de Ingenieros, y tuvo una activa participación política y académica como diputado, senador y funcionario, además de integrar durante décadas las autoridades de la Universidad de Buenos Aires. En su homenaje, vaya un rico cafecito en Rajatabla. Últimas Noticias Ahora para comentar debés tener Acceso Digital. Iniciar sesión o suscribite
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