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  • Las claves detrás de la baja de casos de dengue y las alertas de los especialistas

    » La Nacion

    Fecha: 03/02/2026 16:41

    Las claves detrás de la baja de casos de dengue y las alertas de los especialistas Después de dos veranos consecutivos marcados por una circulación intensa del dengue, con cifras récord de casos y muertes asociadas, el inicio de 2026 muestra un escenario muy distinto en la Argentina. Los datos oficiales del Ministerio de Salud indican que, al menos por ahora, el virus circula a niveles bajos, con pocos casos confirmados, la mayoría vinculados a viajes al exterior y sin señales de transmisión comunitaria sostenida. El contraste con lo ocurrido en los comienzos de 2023 y de 2024 es marcado y obliga a preguntarse qué cambió. El actual panorama responde a una combinación de factores biológicos, ambientales y epidemiológicos. Según los expertos consultados, la gran epidemia previa dejó un nivel de inmunidad poblacional que hoy actúa como freno parcial. A su vez, las condiciones climáticas no resultaron óptimas para el desarrollo del mosquito en varias regiones y la dinámica natural del vector presenta fluctuaciones que no siempre se alinean con las acciones de control. Los especialistas coinciden en que no se trata del fin del dengue, sino de una fase de baja circulación dentro de un fenómeno complejo y cambiante, que sigue bajo vigilancia y podría modificarse a medida que avance la temporada estival. Cifras inusualmente bajas El Boletín Epidemiológico Nacional N.º 791, correspondiente a la Semana Epidemiológica (SE) 1 de 2026, reportó apenas 14 casos confirmados de dengue en todo el país. Se trata de un número muy reducido para esta etapa del verano si se lo compara con temporadas epidémicas previas. El informe detalla que el 67% de los casos presentaba antecedente de viaje a países con circulación activa del virus, como Paraguay, Brasil, México o Cuba, lo que refuerza la idea de una transmisión local aún limitada. La situación actual se vuelve más clara cuando se la compara con lo ocurrido dos años atrás. En el inicio de la temporada epidemiológica 2023-2024, reflejado en el Boletín Epidemiológico Nacional N.º 687 (SE 2/2024), la Argentina ya acumulaba 22.466 casos confirmados de dengue, con una incidencia de 49 casos cada 100.000 habitantes. De ese total, más de 21.000 eran autóctonos, lo que evidenciaba una transmisión local intensa y sostenida. Once de las 24 jurisdicciones del país habían reportado al menos cinco casos sin antecedente de viaje en las primeras semanas del año, y regiones como el NEA, el NOA y el centro del país mostraban una circulación activa del virus. Además, se habían registrado 16 muertes asociadas al dengue, la mayoría en el nordeste argentino, y la presencia simultánea de varios serotipos incrementaba el riesgo de cuadros graves. El escenario de 2023 tampoco había sido benigno. Ya en las primeras semanas de ese año, la vigilancia epidemiológica registraba miles de casos acumulados, con transmisión local establecida en distintas regiones. Esa temporada sentó las bases para la epidemia histórica que se desató en 2024, con un volumen de circulación viral muy por encima de lo esperado para la época. Inmunidad, clima y dinámica del mosquito Para el biólogo Adrián Díaz, director del Laboratorio de Arbovirus del Instituto de Virología de la Universidad Nacional de Córdoba e investigador del Conicet, la explicación de la baja actual no puede reducirse a una sola causa. El dengue es una enfermedad compleja porque depende de muchos factores, señala. Entre ellos, menciona la protección que quedó en la población después de la gran epidemia de 2023-2024, que podría estar colaborando en la disminución de casos. Para Nora Burroni, investigadora del Conicet y de la Universidad de Buenos Aires, subraya que hay muchos menos mosquitos que el año pasado. En ese sentido, señala que el clima viene jugando un rol clave. Para esta fecha en 2024 la cantidad de mosquitos era muchísima, no solo de Aedes aegypti sino también de otras especies, especialmente los mosquitos de inundación, algo que estaba asociado a lluvias muy frecuentes. Díaz subraya también el papel del clima, pero advierte que no basta con registrar temperaturas elevadas o lluvias aisladas. Para que aumente la abundancia del mosquito tienen que darse días lluviosos con temperatura elevada al mismo tiempo. Si hay períodos de calor extremo pero secos, o lluvias con temperaturas más bajas, eso no favorece el desarrollo del vector, explica. En el verano pasado, recuerda, los picos de temperatura coincidieron con períodos secos, lo que llevó a una mayor evaporación de los criaderos y a una reducción de la población de mosquitos. Al mismo tiempo, Romina Barrozo, investigadora del Conicet en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA, coincide en que es difícil atribuir la baja de casos a las acciones clásicas de control. El descacharrado, la fumigación y la vigilancia son muy importantes, pero su impacto por sí solos rara vez explican cambios sostenidos en la transmisión, advierte la experta. Según la especialista, las poblaciones de Aedes aegypti presentan fluctuaciones naturales, con años de mayor o menor abundancia que no siempre se correlacionan con la intensidad de las intervenciones. Barrozo agrega que la biología del vector (su capacidad de adaptación, el uso de microhábitats urbanos y la resistencia a insecticidas) limita muchas veces la eficacia de la fumigación y facilita una recolonización rápida. En ese contexto, las acciones de control funcionan más como medidas de mitigación que como factores determinantes del escenario epidemiológico. Aunque el escenario actual es más calmo y los incrementos observados están dentro de lo esperado para esta época del año, Burroni insiste en que no hay margen para relajarse. Los casos van a aumentar porque esa es la dinámica del dengue en verano, hacia marzo, advierte, y subraya que el monitoreo de casos importados y de la abundancia del mosquito sigue siendo la principal señal temprana para anticipar un cambio de tendencia. En paralelo, el Ministerio de Salud avanzó con una estrategia de vacunación focalizada, dirigida a personas de 15 a 39 años en departamentos priorizados según la situación epidemiológica. La vacuna no fue incorporada al Calendario Nacional y su implementación es progresiva, con énfasis en completar el esquema antes del período de mayor circulación viral. Las autoridades sanitarias remarcan que no se trata de una herramienta reactiva para frenar brotes en curso, sino de una medida complementaria dentro de un enfoque más amplio. La baja actual de casos, coinciden los expertos, no habilita a bajar la guardia. Recién estamos arrancando la temporada de circulación viral, advierte Díaz, y recuerda que en epidemias previas los picos se registraron hacia finales del verano o comienzos del otoño. El panorama es tranquilo, pero dinámico. Últimas Noticias Ahora para comentar debés tener Acceso Digital. Iniciar sesión o suscribite

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