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» Clarin
Fecha: 03/02/2026 06:34
Hay cajones, o mejor dicho rincones de cajones de cómodas o placares, que no frecuentamos. Algo llega allí, de nuestra mano, y lo olvidamos. Si nos preguntan por eso que está allí, en un cajón que abrimos casi todos los días, diríamos con seguridad y sin mentir que no sabemos nada, que desconocemos su existencia. Tampoco podríamos decir qué contiene. Si acaso pasamos la vista por allí, nuestros ojos no lo registran, ni nuestra memoria nos trae el por qué de su persistencia. De uno de esos lugares, llamémosle implícitos, emergió esta mañana una caja pequeña de madera repleta de ballenas de camisas. La caja es bonita, y en una fecha remota contuvo cigarros. Hace años que no fumo, y más años aún que compré esa caja en un viaje. No sé en qué momento la guardé allí y olvidé su existencia. Lo que menos puedo explicar es cómo tanto tiempo la pasé por alto al abrir el cajón que la contenía. No estaba oculta, no era inaccesible. Solo estaba allí, al fondo, perfectamente invisible. Ahora abro la caja y descubro una acumulación de ballenas para el cuello de las camisas. No sé cómo llegaron hasta allí, ni cómo llegué a acumular tantas, muy por encima de las que podía utilizar. Tampoco puedo precisar cuántos años hace que no las uso, pero estoy seguro de que hace rato sé que no las volvería a usar. Ya ni recuerdo cuántos años hace que mis movimientos diarios dejaron de incluir ponerlas en la camisa planchada el momento previo a anudarme el nudo de la corbata. Ya no uso corbata, salvo contadas excepciones, ni nadie de mi entorno las usa. Observo con detalle las ballenas, las ballenitas decíamos, y me resultan un objeto muy extraño, cuando durante toda mi vida adulta fueron de uso diario. Sin embargo, pocas veces reparamos en ellas. Salvo en alguna emergencia, en un viaje al que no atinamos a llevar un par, o un raro movimiento que nos hacía romperlas o perderlas en un lugar impropio. Las había de diversos materiales, cada vez más livianos, pero esta misma evolución nos pasó desapercibida. Después de todo, ¿qué importancia podían tener? ¡Ah, pero salir a la calle sin una de ellas, o que se rompiera! O peor aún, descubrir en otro, un interlocutor ocasional, que por alguna razón no tenía una puesta, y el cuello de su camisa se doblaba de un modo impropio, y ya no podíamos sacar nuestra vista de allí, ni dar crédito a cuanto nos decía. Tampoco olvidamos a los no videntes que las vendían de pena en los subterráneos, o el par de lujo de metal, con un logo prestigioso puesto para no ser visto más que por quien las usaba. Extraño artilugio. No tenía importancia alguna salvo por omisión. Jamás reparábamos en ellas, pero formaban parte de una cotidianeidad que nos contenía y definía, mucho más de lo que presuponíamos. Y hoy, inservibles, inútiles, anacrónicas, las descarté de un solo golpe en la basura. Extraña época esta, en la que duramos más que los objetos que nos conforman. Sobre la firma Newsletter Clarín
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