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  • Para abrir la economía, hay que salir del Mercosur

    » Clarin

    Fecha: 03/02/2026 06:34

    A 35 años de la fundación del Mercosur, está claro que la apuesta de integración colectiva al comercio global no funcionó y que es inútil esperar cambios que no van a llegar. Pero no hacer nada tampoco es una opción. Dado que el Mercosur, con sus siempre altos aranceles, obstaculiza la agenda aperturista del presidente Milei, lo mejor que puede hacer Argentina es salir del Mercosur y abrir su economía al mundo de manera unilateral, tal como hizo Chile hace cincuenta años. El Presidente ha tomado pasos importantes para normalizar el comercio: ha bajado retenciones y aranceles, ha eliminado los tipos de cambio múltiples, las licencias no automáticas de importación y las medidas antidumping que ha dejado vencer y no ha renovado. Pero dado que el Mercosur actúa como una jaula, este tipo de apertura comercial tiene un límite: excepto por poquísimas excepciones, Argentina no puede disminuir los aranceles más que lo que el bloque lo permite. El problema es que, en lugar de que el Mercosur se haya convertido simplemente en una intrazona de libre comercio, ha terminado por convertirse en un bloque proteccionista gigantesco. Según la base BACI, el arancel promedio del Mercosur se mantiene hoy en un 12%, un porcentaje que duplica al de Chile, triplica al de la Unión Europea y cuadriplica al de Perú, entre otros ejemplos. En la práctica, el Mercosur se volvió un zoológico para que la industria brasileña pueda cazar. En efecto, la combinación de libre comercio intrazona pero altos aranceles comunes hacia el exterior le otorga unos privilegios artificiales que para nosotros resultan, entre otras consecuencias, en tener que comprar autos caros e inseguros. Lo que se vendió como un paso hacia un comercio más libre resultó, en realidad, en lo que los economistas llaman un desvío de comercio perjudicial. Como si el fracaso económico fuera poco, el progreso en cualquier otra dirección liberalizadora también ha sido mínimo. Increíblemente, 35 años después, todavía no existe un espacio Schengen para la movilidad de personas; cualquiera que haya intentado cruzar a Brasil, Uruguay y Paraguay sabe lo insoportable que puede ser el proceso. Eso sí: existe el Parlasur, que no sanciona leyes pero mantiene una jugosa estructura burocrática pagada por todos los contribuyentes. La última esperanza para el Mercosur podría haber sido, quizás, el famoso tratado de libre comercio con la Unión Europea. El TLC Mercosur-UE se ha anunciado tantas veces que es difícil llevar la cuenta; la última de ellas es tan ilusoria como las anteriores, habida cuenta de que ahora se ha enviado el tratado a la justicia europea, lo que podría demorar todo indefinidamente. Se descontaban problemas para la ratificación del tratado Mercosur-UE en varios parlamentos nacionales, pero esto es peor: ni siquiera el Parlamento Europeo quiere un acuerdo en muchos casos cosmético, porque no solo tiene generosas cláusulas de protección sino incluso cupos iniciales de importación que en algunos casos no llegan al 2% de lo que ya se produce en cada bloque. Si hay una idea en la que suelen coincidir los economistas es que comerciar es bueno y comerciar más es mejor. Por eso, Argentina, un país que se encontraba en 2023 entre las cinco economías más cerradas del mundo pero que ahora tiene un gobierno liberal, debe salir del Mercosur y seguir el consejo de Milton Friedman de abrirse al libre comercio unilateralmente, aunque otros países se opongan o no correspondan las bajas de aranceles. Hay un gran precedente: Chile. En el medio de una crisis de gasto, déficit e inflación similar a la que Argentina sufrió recientemente, Chile tenía a fines de 1973 un arancel nominal promedio cercano al 100%. Como aquí desde diciembre de 2023, ese valor disminuyó al ritmo de algunas bajas iniciales de aranceles, la eliminación de las barreras no arancelarias y la estabilización de la economía; en 1976, el arancel nominal promedio chileno se ubicaba así en 44%. Para seguir abriendo su economía, sin embargo, Chile enfrentaba la oposición del Pacto Andino, un mercado común de naciones que era entonces tan proteccionista como hoy lo es el Mercosur. ¿Cómo logró Chile abrir su economía? Con la salida del Pacto Andino y el anuncio de metas de apertura. Ya estabilizada la situación económica, en 1977, se anunció una meta del 10% de arancel promedio que se alcanzaría dos años después; pero para cumplirla, ya se había tomado la decisión de salir del Pacto Andino ante la imposibilidad de abrir el bloque mismo. Fue un éxito: no solamente subieron las importaciones, sino que ya para 1980 se habían triplicado las propias exportaciones. Desde el inicio de los cambios, Chile ha firmado 35 acuerdos comerciales con las principales economías del mundo. No es casual que los argentinos hagamos tours de compras en Santiago y Viña: la apertura comercial implica más productos, más baratos y mejores. Chile pudo escapar de su cárcel y Argentina también puede hacerlo: si el Mercosur insiste en mantenerse cerrado, no hay motivo para que sigamos presos en él. En un contexto global donde el proteccionismo crece y las consecuencias negativas de ese cambio aún están por verse, Argentina tiene la oportunidad de convertirse en un país líder en favor del libre comercio. Tenemos todo para ganar. Sobre la firma Newsletter Clarín

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