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  • El acero caro y el país que no arranca

    Concordia » El Heraldo

    Fecha: 03/02/2026 03:28

    El acero caro y el país que no arranca La construcción del gasoducto que une Vaca Muerta con los puertos de exportación volvió a dejar expuesto un problema estructural que la Argentina arrastra desde hace décadas y que sigue sin resolverse: el costo de los insumos básicos y su impacto directo sobre la producción nacional. El caso del acero es paradigmático En el mercado interno, el kilo de acero producido por Techint, empresa líder en Sudamérica, se comercializa a valores que superan el dólar con treinta centavos en zonas cercanas a los grandes centros de distribución. Pero esa cifra se multiplica cuando la compra se realiza en el interior profundo del país: en ciudades del centro bonaerense, ese mismo kilo puede alcanzar los tres dólares. El contraste es elocuente. *En el mercado internacional, el acero cotiza por debajo de un dólar el kilo. *En China, ronda los treinta centavos. La pregunta no es ideológica, es económica y productiva: ¿cómo puede competir una pequeña o mediana empresa argentina cuando su insumo básico cuesta entre cuatro y diez veces más que en los principales países industriales del mundo? Más aún: ¿cómo se explica que un producto terminado, fabricado y mecanizado en China, transportado miles de kilómetros, descargado en un puerto argentino y gravado con impuestos locales, llegue al mercado a un precio inferior al de un producto nacional? La respuesta no está en la productividad. El trabajador argentino no es menos eficiente ni menos capacitado que el alemán, el norteamericano, el japonés o el chino. Por el contrario, la mano de obra argentina es reconocida y demandada a nivel internacional por su versatilidad, capacidad técnica y adaptación. El problema es estructural y también, geopolítico. Cuando los insumos estratégicos se venden en el mercado interno a valores divorciados del contexto global, la industria nacional queda fuera de competencia antes de comenzar. No hay esfuerzo individual que alcance cuando la ecuación económica está desequilibrada desde el origen. La discusión superficial reducida a consignas, eslóganes o debates estériles suele tapar la verdadera cuestión: sin energía accesible, sin acero a precios razonables y sin reglas previsibles, no hay desarrollo posible, no hay entramado pyme sostenible y no hay país federal que resista. El gasoducto no es solo una obra de infraestructura, es una decisión estratégica. Como lo es el modo en que se fijan los precios de los insumos clave para producir. La Argentina enfrenta una disyuntiva clara: seguir exportando materias primas con bajo valor agregado o construir una economía que transforme, industrialice y genere empleo genuino. Para eso, el debate debe correrse del ruido ideológico y concentrarse en lo esencial: producir en la Argentina no puede ser más caro que importar desde el otro lado del mundo.

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