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» TN
Fecha: 02/02/2026 15:32
No sé si es cambio climático o cómo llamarlo, pero algo es diferente. La frase, publicada por el ingeniero Gustavo Ferrari en su cuenta de X, sintetizó una percepción que se repite entre técnicos y productores del norte de la provincia de Buenos Aires y la denominada Zona Núcleo. En ese mensaje, el técnico del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) Pergamino advirtió que la región atraviesa uno de los períodos más secos de las últimas décadas: ocho de los últimos diez veranos estuvieron marcados por precipitaciones por debajo de lo normal, con excepción de las campañas 2018/19 y, en parte, 2023/24. Leé también: Maíz temprano en jaque: el norte bonaerense espera lluvias y el escenario ya es heavy Luego de esa publicación en X, en una entrevista con TN, Ferrari amplió el diagnóstico y puso el foco en la reiteración de campañas atravesadas por el déficit hídrico. Aclaró que no es especialista en climatología, pero remarcó que el trabajo diario en la interfase sueloplanta y el análisis de registros históricos permiten identificar una señal clara de estrés hídrico persistente, especialmente en los meses críticos del verano. La sequía recurrente condiciona los rendimientos y redefine los sistemas agrícolas Según explicó, durante enero se combinan varios factores que profundizan el problema: altas temperaturas, días largos y una fuerte demanda atmosférica de agua. Es el momento en el que el balance hídrico se vuelve más negativo y donde ya no hay margen de compensación si la sequía continúa, señaló. En ese contexto, la reiteración de veranos secos termina afectando de manera directa el potencial de los cultivos extensivos. Ferrari recordó que en la Estación Experimental Pergamino existen registros de precipitaciones desde 1910, lo que permite poner en perspectiva la situación actual. En ese marco, destacó que 2022 fue el segundo año más seco de los últimos 120 y que muchos de los récords de temperatura y de períodos prolongados sin lluvias corresponden a los últimos años. No podemos afirmar categóricamente que se trate de un cambio climático, pero sí que estamos atravesando un período muy seco, afirmó. Leé también: ¿Cambio de tendencia?: faltan lluvias, se complican los cultivos y hay miles de hectáreas de soja regulares Otro punto que subrayó es la paradoja que generan los fenómenos asociados a La Niña, con una inversión en la distribución de las lluvias. Mientras regiones tradicionalmente secas, como Cuyo o sectores de La Pampa, reciben mayores precipitaciones, el norte de Buenos Aires y el sur de Santa Fe enfrentan un estrés hídrico casi permanente, una situación que desafía los esquemas productivos históricos de la región. En relación con la campaña 2025/26, Ferrari describió un escenario signado por extremos. Tras un ciclo anterior que logró recomponerse gracias a lluvias importantes a partir de febrero, este año las reservas comenzaron a agotarse luego de la última precipitación significativa registrada alrededor del 20 de diciembre. Desde entonces, el consumo de agua en el suelo fue constante y hoy gran parte de esas reservas ya no están disponibles. Leé también: La campaña agrícola mantiene alto potencial, pero el clima impone alertas Las zonas más afectadas, explicó, son aquellas con suelos más arcillosos y con pendiente, como el corredor de la Ruta 9, donde el estrés hídrico se manifiesta con mayor rapidez. En ese contexto, el norte bonaerense enfrenta la urgencia de recibir lluvias importantes para no comprometer los rendimientos de los cultivos que aún están en definición. En cuanto al maíz temprano, el técnico indicó que su rendimiento ya está prácticamente definido y será levemente mejor que el de la campaña anterior, aunque en niveles medios. La soja de primera y el maíz tardío, en cambio, dependen de manera directa de lo que ocurra con las precipitaciones en las próximas semanas. La definición de la campaña de verano todavía está abierta y el próximo mes será clave, sostuvo. Leé también: Estiman que ingresarán más de US$3700 millones por exportaciones de trigo tras la cosecha récord Ferrari destacó que, frente a este escenario, la agricultura mostró una fuerte capacidad de adaptación. El aumento de la diversidad de cultivos, el crecimiento de los planteos invernales, el avance del maíz tardío y el ajuste de densidades y fertilización según el potencial de cada ambiente son algunas de las estrategias que se consolidaron en los últimos años. Sin embargo, fue claro al marcar los límites: cuando un verano aporta 250 o 300 milímetros frente a los 400 o 500 habituales, el potencial de rendimiento inevitablemente se reduce. Finalmente, llevó tranquilidad respecto a la chicharrita del maíz. Aseguró que, por el estado fenológico de los cultivos y las bajas poblaciones del insecto, no existe riesgo de impacto económico en la región durante esta campaña. Nuestro gran adversario sigue siendo la sequía, concluyó, al tiempo que remarcó la importancia de cuidar el agua del suelo y seguir ajustando los sistemas productivos a un escenario cada vez más desafiante.
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