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  • Ni zoología ni meteorología: fuegos, rock y una madrugada en la que Estados Unidos le pregunta al invierno si ya se puede ir

    » La Nacion

    Fecha: 02/02/2026 14:59

    En Punxsutawney, Pensilvania, miles de personas pasan la noche a la intemperie para ver salir de un tronco a Punxsutawney Phil. Es folklore, espectáculo y una fe climática que se transmite en vivo al mundo entero - 7 minutos de lectura' A las cuatro de la mañana, Punxsutawney no duerme. No porque la ciudad sea insomne, sino porque una multitud decidió no hacerlo. En Gobblers Knob, un espacio abierto en medio del bosque convertido en escenario, el termómetro marca 4 °C, el cielo está parcialmente nublado y el aliento de los presentes se hace visible con cada palabra. Gorros de lana con caritas de marmota, camperas infladas, guantes térmicos y vasos humeantes dibujan una escena más cercana a un festival de invierno que a una ceremonia rural. Todos esperan lo mismo: que una marmota salga de un tronco artificial y dicte, sin hablar, cuánto falta para que la primavera llegue. No hay silencio. Hay música. Sobre el escenario, antes de que Phil despierte, suenan bandas de country rock que calientan al público desde temprano. La espera se vuelve show. Guitarras, bombos, pantallas, cámaras, drones. El tronco donde duerme la marmota no está en un bosque salvaje: está sobre una tarima iluminada, rodeada de sponsors, micrófonos y transmisión en vivo. El ritual tiene más de recital que de zoológico. Desde temprano, el evento se emite mediante streaming y redes oficiales del estado de Pensilvania. En el chat aparecen miles de mensajes: Despertate Phil, Wake up, Phil, Vamos primavera, Come on, spring, Frostbiteeee. La organización incluso lanza una encuesta global: Verá Phil su sombra?, Will Phil see his shadow? Las opciones son claras: Sí, más invierno por delante. No, la primavera está en camino. La meteorología convertida en voto popular Mientras tanto, abajo del escenario, la multitud empieza a aplaudir como si estuviera por salir un rockstar. No alguien que va a cantar, sino alguien que va a hacer exactamente lo contrario: despertarse. La tradición del Groundhog Day (Día de la Marmota) nació en el siglo XIX, heredera de rituales europeos que observaban animales para predecir el clima. Si la marmota ve su sombra, se interpreta que el invierno durará seis semanas más. Si no la ve, la primavera llegará temprano. En la práctica, Phil no pronostica nada científico: su tasa histórica de acierto ronda el 35%. Pero nadie vino a buscar precisión. Vinieron a buscar relato. Mucho antes de que una marmota se convirtiera en oráculo, el 2 de febrero ya era una fecha observada con atención. En Europa, ese día se celebraba y se celebra el día de la Candelaria, una festividad cristiana; por eso, se bendecían velas, se miraba el cielo y se intentaba leer en el clima una señal sobre el final del invierno. Si el día amanecía claro, el frío seguiría. Si estaba nublado, la primavera se acercaba. No era superstición sino necesidad: cuando la vida dependía de las estaciones, cualquier indicio servía para ordenar la espera. Con la llegada de los inmigrantes europeos a América del Norte, la lógica se mantuvo intacta. Cambiaron los templos por los claros del bosque y las velas por un animal que salía de su refugio. La pregunta, sin embargo, fue siempre la misma: ¿el invierno terminará pronto o aún tenemos meses de frío por delante? De ceremonia pintoresca a convocatoria masiva El Día de la Marmota no nació en Estados Unidos, aunque allí haya encontrado su versión más ruidosa. La tradición llegó con los inmigrantes alemanes y se adaptó al territorio. En lugar de erizos u osos apareció la marmota, más abundante, más visible, más fácil de convertir en símbolo. Con los años, el ritual se volvió espectáculo. En Punxsutawney, un pequeño pueblo de Pensilvania, la marmota fue bautizada Phil y se le atribuyó una longevidad imposible. Cada año, un club selecto de hombres vestidos como en el siglo XIX asegura interpretar lo que el animal dice sobre el estado del tiempo. Hay un antes y un después de Groundhog Day (1993). Desde que la película convirtió la tradición en cultura pop, el ritual dejó de ser una ceremonia pintoresca para volverse una convocatoria masiva. Cada 2 de febrero, como en un recital de Dua Lipa en River o en la previa de San Cayetano, una multitud se reúne en vigilia para esperar algo que no sabe del todo qué es, pero necesita. En Punxsutawney, Pensilvania, entre 30 y 40 mil personas llegan para escuchar la predicción de Phil, la marmota. El pueblo tiene apenas 6.500 habitantes y, por una madrugada, queda completamente desbordado. En Estados Unidos y Canadá, febrero es un mes incómodo. El entusiasmo del año nuevo ya pasó. La primavera todavía no llegó. El frío insiste y el calendario parece detenido. El Día de la Marmota funciona como un marcador simbólico. No anuncia el cambio, pero lo nombra. Dice que ya pasó la mitad. Que lo peor, quizás, quedó atrás. La fiesta de la mañana sigue en Punxsutawney y el público explota con "Mr. Brightside" de The Killers y después con Sunday Finest, de Sir Rosevelt, la gente salta con sus vasos térmicos en la mano. Nadie parece recordar que está bajo cero. El frío no inmoviliza, al contrario, obliga a saltar, moverse y cantar. Más tarde, la música cambia de tono. En los parlantes aparece la Sinfonía N.º 6 Patética de Chaikovski y, con ese fondo solemne, empiezan a avanzar entre la multitud los hombres del Inner Circle. Los cuidadores y portavoces de Phil, responsables de interpretar su pronóstico cada 2 de febrero. Con galeras negras, bufandas, guantes y sonrisas ceremoniales, caminan lentamente entre la multitud, saludan, posan para selfies y se detienen ante las cámaras. No entran como funcionarios: entran como ídolos de una liturgia pop, un ritual que mezcla folklore, espectáculo y reverencia por la marmota más famosa del invierno. Antes del momento clave, hay fuegos artificiales que explotan en pleno amanecer. Papelitos de colores flotan sobre gorros y banderas. El cielo empieza a aclarar. No es de noche ni de día: es ese instante azul donde todo parece a punto de empezar. Y empieza. A las 7.25 de la mañana, hora local, el murmullo se convierte en silencio. Las cámaras se acercan, los celulares se levantan como velas electrónicas. Un miembro del Inner Circle se inclina sobre el tronco artificial. Phil aparece, todavía despeinado por el invierno. No ruge, no corre, no actúa. Simplemente asoma e intenta despertarse. El maestro de ceremonias despliega el pergamino con teatralidad. Lee. La frase viaja rápido entre gorros y bufandas: Punxsutawney Phil ha visto su sombra. El anuncio corre rápido entre gorros y bufandas. Según la tradición, esto significa seis semanas más de invierno antes de que comience la primavera. No es ciencia: la marmota tiene una tasa histórica de aciertos cercana al 3540 %, y su predicción no está basada en meteorología. Sin embargo, el público explota en aplausos y vítores. Los fuegos artificiales todavía flotan en el cielo azul helado y la multitud celebra un instante donde la cultura popular, la historia y la emoción se mezclan. Hay, además, un mito que sostiene la escena: el de la marmota eterna. Oficialmente, Phil existe desde 1887. No biológicamente, ninguna marmota vive más de una década, sino simbólicamente. El Inner Circle afirma que el animal se mantiene joven gracias a un elixir secreto. En realidad, lo que se renueva es el personaje, no el cuerpo. Phil no es uno: es una saga. Por eso nadie pregunta por edad ni por reemplazos. Se pregunta por sombra. Cuando la ceremonia termina, el público no se va enseguida. Algunos siguen bailando, otros revisan la transmisión, otros se abrazan como si acabaran de sobrevivir a algo más que al frío. En un país obsesionado con el pronóstico, una marmota logró, una vez más, que el clima parezca una historia y no un dato. En Punxsutawney, el invierno no se mide en grados. Se mide en expectativa. Últimas Noticias Ahora para comentar debés tener Acceso Digital. Iniciar sesión o suscribite

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