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  • Las experiencias traumáticas aumentan el riesgo de demencia y ACV

    Buenos Aires » Infobae

    Fecha: 02/02/2026 14:32

    Un grupo de científicos de la Universidad de Harvard y otras instituciones encontró una asociación entre vivir experiencias difíciles en la infancia y la adultez y el aumento del riesgo de demencia y ataque cerebrovascular (ACV) en la vida adulta. El hallazgo resalta la importancia de cuidar la salud mental y el entorno social desde edades tempranas hasta la vejez. La investigación explica que la depresión puede mediar la relación entre estas experiencias adversas y la aparición de enfermedades cerebrales. En palabras de los científicos, la exposición a experiencias adversas a lo largo de la vida se asocia con riesgos aumentados de demencia y ACV, con la depresión mediando estas asociaciones. Se publicó en la revista JAMA Network Open. Infancia y adultez: la raíz invisible de la salud cerebral La demencia y el ACV ocupan los primeros lugares entre las causas de discapacidad y muerte en adultos mayores. Ya se pronosticó que la prevalencia mundial de la demencia podría crecer de 57,4 millones de casos en 2019 a 152,8 millones en 2050 si no se toman medidas adecuadas de salud pública. El equipo de investigadores partió de la hipótesis de que las experiencias traumáticas en la infancia y en la adultez dejan una huella en el cerebro y la salud mental. Las de la infancia incluyen situaciones como violencia doméstica, disfunción familiar o la muerte de un familiar. Las de la adultez engloban eventos como discriminación, enfermedades graves o perder el trabajo por problemas de salud. El objetivo principal fue determinar si la suma de experiencias adversas durante la vida se asocia con un mayor riesgo de demencia y ACV en adultos de mediana y avanzada edad. Además, analizaron si la depresión, el consumo de tabaco y el mal descanso podían influir en esa relación. Lo hicieron con la idea de aportar conocimientos para el desarrollo de políticas y estrategias preventivas para reducir la carga de estas enfermedades. Cómo afecta el pasado al cerebro La investigación incluyó a 11.601 personas adultas, de 59 años promedio. Los participantes respondieron cuestionarios sobre situaciones adversas sufridas en la infancia y la adultez, presencia de síntomas de depresión y otros hábitos. Se definió alta exposición a adversidades como haber atravesado cuatro o más situaciones difíciles en cualquiera de las dos etapas de la vida. Se recopilaron datos durante casi cinco años, tiempo en el que 458 personas desarrollaron demencia y 777 sufrieron un ACV. El análisis estadístico incorporó variables como edad, sexo, educación, tabaquismo, alcohol, sueño, diabetes, cardiopatía y antecedentes de cáncer. Los resultados mostraron que tener cuatro o más experiencias adversas en la infancia aumenta un 64% el riesgo de demencia. En la adultez, el riesgo subió un 141% para quienes atravesaron igual cantidad de situaciones. Cuando se consideró la suma de ambas etapas, el riesgo de demencia subió un 228% en quienes sumaron alta exposición tanto en la infancia como en la adultez, mientras que el riesgo de ACV fue un 150% mayor en ese mismo grupo. La investigación también exploró el papel de la depresión. Los científicos encontraron que la depresión explicó el 34% de la relación entre experiencias adversas en la infancia y demencia, y el 21% en el caso de las adversidades de la adultez. En el ACV, la depresión explicó el 17% del vínculo con adversidades de la adultez. El estudio también identificó que algunas experiencias particulares, como la enfermedad mental en la familia, la violencia doméstica o el haber estado confinado en cama, se asocian especialmente con el desarrollo de demencia o ACV. Un punto importante destacado por los científicos es que estos resultados resaltan la importancia de implementar intervenciones a lo largo de la vida que aborden tanto el trauma psicológico como la salud mental para reducir la carga de las enfermedades neurovasculares. Entre las limitaciones del estudio, los investigadores advierten que el diagnóstico de demencia no siempre fue realizado por neurólogos. La información sobre experiencias adversas proviene de cuestionarios retrospectivos, lo que puede generar errores de memoria. También reconocen que los diagnósticos médicos de ACV dependieron de los propios participantes y podrían existir diferencias entre quienes participaron y quienes no, lo que introdujo posibles sesgos. Sin embargo, consideran que los hallazgos subrayan la importancia de abordar el estrés psicosocial a lo largo de la vida y de implementar estrategias específicas de prevención de la depresión en los grupos de alto riesgo para reducir la carga de la demencia y el ACV. En diálogo con Infobae, el neurocientífico argentino Agustín Ibañez, director del Instituto Latinoamericano de Salud Cerebral (BrainLat) de la Universidad Adolfo Ibáñez de Chile y profesor de Salud Cerebral Global en el GBHI del Trinity College, en Irlanda, valoró los resultados del estudio publicado en la revista JAMA Network. En base a la evidencia científica actual, hoy es necesario considerar un modelo de los factores de riesgo de demencia y ataques cerebrovasculares que abarquen toda la vida. Se deberían tener en cuenta los aspectos sociales, lo vascular y el ambiente, que pueden impactar a través de procesos como la inflamación, el estrés y el envejecimiento. Según el doctor Ibañez, es importante detectar problemas como la adversidad en la infancia, la salud mental y la depresión, así como controlar la salud vascular de manera temprana. Todo esto debería abordarse de manera conjunta y no por separado, como suele hacerse en la actualidad. En la práctica médica, sugirió preguntar por experiencias difíciles en la infancia y en la adultez para identificar riesgos de demencia y ACV. También destacó la importancia de prevenir y tratar la depresión y el estrés, ya que representan una parte importante del riesgo. Además, aconsejó controlar factores vasculares como la diabetes, el tabaquismo, el sueño y la actividad física, porque la demencia y el ACV tienen causas y momentos de intervención similares. Para la atención primaria de la salud, Ibañez, quien es fundador y codirector del consorcio ReDLat, propuso utilizar cuestionarios cortos para saber si una persona tuvo experiencias difíciles durante la infancia y, según los resultados, ofrecer apoyo psicológico, mejorar el sueño, fomentar la actividad física y optimizar la salud vascular. En la comunidad, sugiere trabajar con programas de apoyo social que reduzcan el aislamiento y ayuden a detectar problemas graves de la infancia. También recomienda hacer pruebas a nivel comunitario para identificar estos riesgos. Por último, señala que las políticas públicas suelen actuar de manera aislada, pero deberían estar integradas. En tanto, Alejandra Doretti, médica psiquiatra, psicoanalista y miembro del Departamento de Niños y Adolescentes de la Asociación Psicoanalítica Argentina, dijo a Infobae: Los resultados del nuevo estudio coinciden con trabajos previos que muestran la fuerte relación entre la mente, el cerebro y el cuerpo. Las experiencias traumáticas, como duelos o crianzas difíciles, provocan emociones dolorosas y afectan tanto el cuerpo como el cerebro, principalmente por el estrés, que aumenta la producción de cortisol y puede alterar el funcionamiento de los órganos, resaltó. Doretti indicó que no hay un único factor de riesgo en el desarrollo de las enfermedades, pero sin dudas el vínculo que se construye con los familiares y el estilo de vida tienen un gran peso.

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