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Parana » Analisis Litoral
Fecha: 02/02/2026 13:53
Suele decirse, con un toque de ironía, que todo parecido con la realidad es pura coincidencia. Esa frase, que en la ficción funciona como un descarga de responsabilidad, en la Argentina de las últimas décadas operó como un blindaje simbólico . Fue la coartada perfecta para negar lo evidente, relativizar el saqueo y maquillar un daño estructural profundo bajo la estética de la épica militante. Sin embargo, lo que hoy cruje en los cimientos del país no es el resultado de una gestión ineficiente ni de una racha de mala suerte. Lo que enfrentamos es un patrón sistémico . No hubo errores, hubo métodos. El Estado no fue una herramienta de ascenso social, sino una caja de resonancia para una élite política que confundió el patrimonio público con la billetera propia. El Relato vs. El Dato El sistema fue tan aceitado como perverso: se habló de ampliar derechos mientras se multiplicaba la pobreza; se declamó soberanía mientras se hipotecaba el futuro de tres generaciones. El costo de esta justicia social de cartón pintado quedó a la vista: - Infraestructura fantasma: Millas de millones licuados en obras inconclusas. - Cajas políticas: Un entramado de subsidios sin control y contratos amañados diseñados para alimentar la estructura, no para solucionar problemas. - La cultura de la corrupción: Quizás el daño más corrosivo. Se instaló la idea de que el robo estatal era un mal necesario o un acto de rebeldía contra poderes fácticos. Así, exigir transparencia pasó a ser visto como un acto de antipatria. La Herencia del Estado Presente (y Ausente) El Estado presente resultó ser un gigante con pies de barro, omnipresente en el discurso pero ausente en lo esencial. El ciudadano de a pie heredó una inflación crónica que devora el salario antes de llegar a la góndola, un endeudamiento asfixiante y una fractura social que divide a quienes producen de quienes son rehenes del clientelismo. Donde más se necesitaba la mano del Estado en educación de calidad, seguridad jurídica y empleo genuino solo hubo abandono. La decadencia no fue ruidosa; Fue un goteo constante de recursos hacia bolsos, hoteles y testaferros, mientras el país real se apagaba. Memoria para no repetir Hoy, el escenario político intenta reciclarse. Aparecen nuevos nombres, frentes amplios y discursos moderados que pretenden borrar el pasado reciente con un barniz de pragmatismo. Pero la memoria no es un acto de revancha, es una herramienta de supervivencia. El ajuste que hoy duele no empezó con un cambio de gobierno; lo venimos pagando hace años en forma de desinversión y pérdida de oportunidades. Aceptar que todo esto fue una consecuencia directa de un modelo de rapiña es el primer paso para no volver a tropezar con la misma piedra. Porque en Argentina, el parecido con la realidad no es coincidencia: es la prueba del delito.
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