02/02/2026 13:59
02/02/2026 13:59
02/02/2026 13:58
02/02/2026 13:58
02/02/2026 13:58
02/02/2026 13:58
02/02/2026 13:57
02/02/2026 13:57
02/02/2026 13:56
02/02/2026 13:56
Buenos Aires » Infobae
Fecha: 02/02/2026 09:25
La pregunta sobre el origen de la vida suele situarse en los océanos primitivos de la Tierra, en volcanes antiguos o en reacciones químicas impulsadas por descargas eléctricas. Sin embargo, desde hace décadas, la ciencia amplió el escenario y miró hacia el espacio. La detección de una molécula orgánica compleja que contiene azufre en una nube interestelar refuerza esa mirada y propone que parte de la química fundamental para la vida se gestó mucho antes de que existiera nuestro planeta. El hallazgo, publicado en Nature Astronomy, se convirtió en un nuevo eslabón para reconstruir una historia que comienza entre estrellas y termina, al menos por ahora, en organismos vivos. El compuesto identificado se llama 2,5-ciclohexadieno-1-tiona y reúne 13 átomos en una estructura cíclica que incluye carbono, hidrógeno y azufre. Se trata de la molécula portadora de azufre más grande jamás detectada en el medio interestelar. El dato resulta relevante porque el azufre cumple un rol esencial en la biología terrestre, integra aminoácidos, proteínas y enzimas y participó en procesos metabólicos tempranos. A pesar de su abundancia cósmica, su presencia en moléculas complejas del espacio permanecía casi ausente en las observaciones astronómicas. El eslabón perdido del azufre cósmico El azufre figura como el décimo elemento más abundante del universo, pero durante años representó un enigma para los astrónomos. En cometas y meteoritos aparecieron compuestos sulfurados grandes y complejos, mientras que en el espacio interestelar solo se detectaron moléculas pequeñas, con tres, cuatro o cinco átomos. Esa discrepancia abrió una pregunta central: dónde se originaron los compuestos ricos en azufre que llegaron a la Tierra primitiva. El nuevo descubrimiento aporta una respuesta posible. Según explicó Mitsunori Araki, investigador del Instituto Max Planck de Física Extraterrestre y autor principal del estudio, El azufre llegó a la Tierra desde el espacio hace mucho, mucho tiempo. La detección de una molécula de 13 átomos permitió cerrar parte de la brecha entre la química simple del espacio y los componentes más complejos hallados en cuerpos menores del Sistema Solar. La molécula se localizó dentro de la nube molecular G+0.6930.027, una región fría y densa de gas y polvo situada a unos 27.000 años luz de la Tierra, cerca del centro de la Vía Láctea. Las nubes moleculares funcionan como verdaderos viveros estelares, espacios donde la gravedad concentra material y da origen a nuevas estrellas. En ese entorno, las reacciones químicas avanzan protegidas del intenso bombardeo de radiación, lo que favorece la formación de compuestos cada vez más complejos. Valerio Lattanzi, coautor del trabajo, describió el sentido profundo de estas búsquedas al señalar que una nube molecular es donde ocurre la formación de estrellas. Con el paso del tiempo, parte de ese material termina integrado en sistemas planetarios. Los ingredientes químicos presentes en esas nubes pueden viajar millones de años hasta quedar incorporados en planetas jóvenes, cometas o asteroides. En ese tránsito, la química del espacio deja una huella directa en la evolución de mundos como la Tierra. Para lograr la identificación, el equipo científico recurrió a una estrategia que combinó laboratorio y observación astronómica. Primero sintetizó la molécula mediante una descarga eléctrica aplicada al tiofenol, un compuesto líquido con azufre, carbono e hidrógeno. Luego obtuvo una huella espectral precisa, una especie de firma molecular. Esa información se comparó con datos recolectados por los radiotelescopios IRAM-30m y Yebes, ambos en España. La coincidencia confirmó la presencia del compuesto en la nube interestelar. Este método permitió demostrar que el azufre no solo se encontraba oculto en hielos cósmicos, como sugerían hipótesis previas, sino que también formaba parte de estructuras orgánicas más grandes en el gas interestelar. Para Araki, el hallazgo abrió la puerta a futuras detecciones aún más complejas y sugirió que el catálogo de moléculas con azufre en el espacio apenas comenzó a crecer. Química prebiótica más allá del Sistema Solar El impacto del descubrimiento trascendió la mera identificación de una nueva molécula. Lo que realmente llamó la atención de la comunidad científica fue su significado para la química prebiótica, es decir, para los procesos que antecedieron al surgimiento de la vida. En palabras de los propios autores, se cree que las moléculas que albergan azufre han desempeñado un papel clave en los procesos biológicos de la vida en la Tierra y, por lo tanto, son de mucho interés cuando se encuentran en el espacio. Aquí informamos sobre la detección astronómica de un hidrocarburo cíclico de seis miembros que contiene azufre en el medio interestelar. El trabajo también detalló la complejidad técnica de la identificación. Para la identificación astronómica, primero realizamos mediciones precisas de laboratorio del sistema de productos de descarga de tiofenol. Estas mediciones, realizadas en la banda de radio utilizando un espectrómetro de microondas de transformada de Fourier de pulso chirriado, nos permitieron caracterizar esta especie molecular altamente polar y proporcionaron huellas dactilares inequívocas necesarias para identificar este compuesto organosulfurado en el espacio, que ahora se clasifica como la molécula interestelar portadora de azufre más grande, explicaron los científicos. La relevancia de estos resultados también se expresó en la idea de continuidad química entre el espacio interestelar y los cuerpos del Sistema Solar. Según los expertos, el hallazgo anuncia el descubrimiento de una familia completa de especies portadoras de azufre con importancia prebiótica, capaces de actuar como un puente entre el inventario químico del medio interestelar y la composición de los cuerpos menores del Sistema Solar. Voces externas al estudio coincidieron en la importancia del avance. Kate Freeman, profesora de Geociencias en la Universidad Estatal de Pensilvania, describió la investigación como una apasionante historia de detectives impulsada por radiotelescopios potentes y una estrategia de búsqueda precisa. Freeman recordó que los meteoritos contienen compuestos sulfurados grandes y complejos y que estos materiales probablemente contribuyeron a preparar el escenario químico para la vida en la Tierra. La gran incógnita residía en su origen, una duda que ahora encontró una posible respuesta en regiones ricas en moléculas de la galaxia. Desde el Museo de Historia Natural de Londres, Sara Russell destacó que el azufre integró uno de los seis elementos esenciales para la vida terrestre y pudo ofrecer combustible metabólico a microbios antiguos. Para la investigadora, la detección de moléculas orgánicas complejas en el centro de la Vía Láctea implicó que materiales biológicamente relevantes podrían encontrarse en muchas zonas del espacio. Ese escenario reforzó la idea de que procesos similares podrían repetirse en otros sistemas planetarios. Ryan Fortenberry, profesor asociado de química y bioquímica en la Universidad de Mississippi, subrayó la singularidad del azufre desde el punto de vista químico. Según explicó, este elemento permite reacciones que el oxígeno, el nitrógeno y el carbono por sí solos no facilitan. Encontrar moléculas con azufre en el espacio amplió el mapa de posibles entornos donde la vida pudo surgir o desarrollarse. Fortenberry también recordó que hace medio siglo detectar moléculas en el espacio parecía casi un milagro, mientras que hoy se identifican compuestos con decenas de átomos. La resiliencia de estas moléculas frente al ambiente hostil del espacio modificó la percepción científica sobre la química cósmica. En lugar de un escenario destructivo, el medio interestelar apareció como un laboratorio activo, capaz de generar estructuras complejas y estables. Ese cambio conceptual alimentó expectativas futuras, como la detección de aminoácidos más allá del Sistema Solar, un hallazgo que transformaría por completo la comprensión del origen de la vida. En conjunto, el descubrimiento de la 2,5-ciclohexadieno-1-tiona no solo amplió el inventario molecular conocido del universo. También reforzó una narrativa científica que conecta estrellas, nubes moleculares, cometas y planetas en una misma secuencia química. En ese relato, la vida en la Tierra dejó de ser un fenómeno aislado y pasó a formar parte de una historia cósmica mucho más amplia, escrita átomo por átomo en el espacio profundo.
Ver noticia original