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  • La edad de imputabilidad: ¿otro Gran Bonete?

    » Clarin

    Fecha: 02/02/2026 06:38

    En los últimos días, los argentinos asistimos a una nueva sesión de la eterna función que el garantismo abolicionista monta ante cualquier problema penal: el Gran Bonete. ¿Cómo funciona? Cuando, ante un problema, se propone un cambio en las normas penales, un coro de defensores del status quo proclama: no es la solución. Es la táctica de siempre: construir más cárceles para evitar la superpoblación no es la solución, aplicar la prisión preventiva a reincidentes múltiples para impedir que sigan delinquiendo no es la solución, establecer un régimen especial (Anti-mafia) para casos graves de crimen organizado no es la solución y así. Este método no es nuevo. La propia ex Presidente, Cristina Fernández, ya había dicho, en el 2011: Me parece lógico bajar la edad de imputabilidad de 16 a 14, pero no es la solución. Como en el Gran Bonete, nadie se hace cargo. Dicen que no es la solución y esperan que se calme el humor social, hasta que un nuevo asesinato a manos de un joven de 13 años vuelva a poner el tema en agenda. Tal como advirtiera Héctor Hernández, quien fuera nuestro maestro y quien demolió argumentalmente a Zaffaroni en su obra El garantismo abolicionista, estamos ante tácticas engañosas. Quienes dicen que no es la solución, ¿creen que la prisión para mayores sí es la solución? Porque si creen que el Derecho Penal no es la solución de nada, nos están divirtiendo, es decir, sacándonos del vértice de la discusión actual la edad de imputabilidad. Las leyes y especialmente las penales no se presentan a sí mismas como la solución a los problemas de la sociedad pero sí son respuestas razonables y equitativas, dejando otras cuestiones sociológicas, económicas, morales a otros actores comunitarios. Para que nadie se engañe: la discusión es si los jóvenes de 13 años matan y no pasa nada como ahora o si eso los hace ingresar a un proceso que busque su sanción y su tutela. Todo lo demás cómo es ese sistema, qué tipo de sanciones prevé, dónde se cumplen es accesorio. Quienes dicen no es la solución no cuestionan lo accesorio: ni siquiera se conoce la propuesta concreta del Ejecutivo al respecto. Seguramente habrá, en esos asuntos, discusiones, matices y acuerdos. Existe abundante evidencia científica del grave daño psicológico que causa a las víctimas la impunidad del delincuente. ¿Qué mensaje queda en la familia, el barrio, el municipio, cuando un joven se carga la vida de un prójimo, a punta de pistola, y no ocurre absolutamente nada? Sabemos que los adalides de la izquierda cultural, que hace décadas han llevado su wokismo al terreno judicial, nos llamarán fachos, ultraderechistas, punitivistas y demás epítetos, con los que pretenderán cancelar esta discusión, eludiendo los argumentos y pasando al terreno de las descalificaciones. No nos importa. Ellos siguen la táctica que propuso su sumo sacerdote, Eugenio Zaffaroni: reducir al mínimo posible el Derecho Penal, desde adentro, para algún día abolirlo: Es incuestionable, a nuestro juicio, que el derecho penal mínimo es una propuesta que debe ser apoyada por todos los que deslegitiman el sistema penal, pero no como meta insuperable, sino como paso o tránsito hacia el abolicionismo, por lejano que hoy parezca. Al fin y al cabo, lo importante es el mensaje que demos como sociedad: matar y robar está mal y si el que lo hace comprende esto como lo comprende un joven de 13 años será sancionado. Por ellos, entonces, por los jóvenes que delinquen y por las víctimas de delitos, reformemos la ley penal juvenil. w Sobre la firma Newsletter Clarín

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