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  • Las Malvinas en el nuevo orden hemisférico

    » La Nacion

    Fecha: 02/02/2026 01:33

    Las Malvinas en el nuevo orden hemisférico Durante cuatro décadas, la Argentina sostuvo su reclamo por las Malvinas en el terreno jurídico y diplomático. Resoluciones de Naciones Unidas, llamados al diálogo, apelaciones al derecho internacional. La arquitectura declarativa fue constante. Sin embargo, cuarenta años de resoluciones no alteraron un centímetro el statu quo. Porque el poder declarativo nunca desplazó al poder real. La razón es sencilla: el Atlántico Sur fue periférico. Mientras el eje estratégico del mundo estuvo en el Atlántico Norte -y luego en el Indo-Pacífico- la presencia británica en las islas fue una anomalía tolerable dentro del orden heredado del siglo XX. No alteraba el equilibrio global. No generaba fricción sistémica. Pero los mapas cambian. En los últimos años, Estados Unidos volvió a hablar en términos hemisféricos. La idea de que el continente americano constituye una zona estratégica propia -una reinterpretación moderna de la Doctrina Monroe- dejó de ser una referencia histórica para convertirse en principio operativo frente a la competencia global. El interés por Groenlandia, la revalorización del Ártico, la presión sobre la presencia china en puertos latinoamericanos y la consolidación de alianzas regionales muestran que Washington vuelve a pensar el hemisferio como espacio prioritario. Si el hemisferio vuelve a ser central, el Atlántico Sur deja de ser un rincón remoto. En ese contexto, la decisión de avanzar en una base naval integrada en Ushuaia -con cooperación estadounidense- no es un detalle administrativo. Es una señal. Indica que el sur comienza a ingresar en la conversación estratégica. Esa señal dejó de ser abstracta el 26 de enero de 2026. Ese día aterrizó en Ushuaia un Boeing C-40 Clipper de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos, aeronave utilizada habitualmente para transporte de autoridades civiles y militares, acompañando a una delegación bipartidista del Congreso norteamericano. No hubo anuncios grandilocuentes ni comunicados extensos. Pero el hecho es elocuente: el extremo sur argentino empieza a formar parte de agendas operativas concretas. Cuando aviones oficiales aterrizan en un punto del mapa, ese punto dejó de ser periférico. Este episodio no implica, por sí solo, la instalación automática de una base permanente ni una redefinición inmediata del equilibrio regional. Pero sí confirma algo más profundo: el Atlántico Sur comienza a ingresar en la práctica estratégica, no solo en el discurso geopolítico. Mientras el sur fue marginal, la presencia británica en Malvinas no alteraba ningún cálculo mayor. Si el sur adquiere relevancia dentro de una arquitectura hemisférica reforzada, esa presencia deja de ser invisible. La discusión, entonces, no es moral. No es retórica. No es una apelación a la justicia histórica. Es geoestratégica. Argentina no va a recuperar Malvinas con buenos discursos en la ONU. Podrá recuperarlas cuando el Atlántico Sur se convierta en una pieza estratégica indispensable en la arquitectura hemisférica. Esa posibilidad no está garantizada. Es una oportunidad. Y como toda oportunidad estratégica, exige ser leída a tiempo. Si la Argentina logra convertirse en actor relevante en el sur -en logística antártica, en infraestructura, en energía, en control marítimo- el tablero puede moverse. Si no lo hace, el statu quo seguirá intacto. Todo lo demás es consuelo diplomático. Abogado y escritor Últimas Noticias Ahora para comentar debés tener Acceso Digital. Iniciar sesión o suscribite

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