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  • Ceferino Reato: Menem arremetió con los indultos porque estaba convencido de que había que fundar un período de estabilidad

    Buenos Aires » Infobae

    Fecha: 02/02/2026 01:06

    Cada tanto hay que revisitar la historia reciente, a mí me gusta eso, creo que es útil porque en este país cada semana es nueva pero las cosas se repiten, asegura Ceferino Reato periodista, historiador, autor. Su trabajo confirma: Pax menemista, su nuevo libro (editado por Sudamericana) es el número doce que dedica a repasar acontecimientos, alumbrar hechos y personajes que fueron artífices, de un modo u otro, de la realidad que tenemos hoy. Yo creo que los quiebres de la política son producto de las crisis. Milei es producto de una crisis, Menem también, dice en el diálogo en el que presenta su investigación. Una en la que se hunde en la primera etapa del Gobierno de Carlos Saúl Menem y reconstruye el proceso de pacificación nacional que buscó imponer indultando a civiles y militares que habían cometido crímenes de lesa humanidad durante el terrorismo de Estado entre otras medidas más simbólicas y menos controversiales, haciendo caso omiso al rechazo de la mayor parte de la sociedad. Valiéndose de documentos y fuentes clave que lo condujeron a las conversaciones en la cocina, durante las comidas y en cuartos de hotel esos sitios en los que se teje la política, Reato hace foco en un acontecimiento que buscaba limpiar la sangre derramada a fuerza de decreto. Presenta la madeja de personajes, intereses, amistades, posturas y negociados en la que germinó esa pax menemista. Muestra las pretensiones de un presidente que quería ganarse ¿autoadjudicarse? el título de reconciliador nacional a través de una medida que poco más de una década después se declararía inconstitucional demostrando que no existe olvido por resolución. Ni paz, ni democracia que valga sin Memoria, Verdad y Justicia. Elegiste como título Pax menemista, con el concepto en latín. ¿Qué tipo de paz pretendía instalar Menem a través de los indultos, sobre todo, que son el eje del libro, y para quién era esa paz? Claro, la medida más controvertida fueron los indultos, que siguieron siendo rechazados a pesar de que Menem intentó, en su momento, bajar el nivel de rechazo. Pero la gente lo rechazó, tal es así que llegaba al 70% el rechazo a los indultos. Igual, él arremetió con los indultos porque estaba convencido de que había que fundar un período de estabilidad. Él quería fundar un período de estabilidad y predominio político basado en la unión del Ejército que, cuando él asumió el cargo el 8 de julio de 1989, estaba muy dividido con tres rebeliones carapintadas que la democracia naciente no había podido reprimir. Y, además, quería seducir a los antiperonistas e impedir que las bases peronistas se le rebelaran por el drástico giro económico neoliberal de su Gobierno, que era algo tan polémico. O sea, tres objetivos importantes: unir al Ejército, seducir a los antiperonistas y mantener el respaldo de las bases peronistas. Eso es lo que yo denomino la Pax menemista; que es un período que dura unos años, hasta el 2003, cuando eso va a saltar por los aires, pero que durante un tiempo tuvo éxito en ese predominio político. Unos dirán: Fue la estabilidad. Pero la estabilidad del uno a uno fue posterior. Esto es el período anterior. Primer año y medio de Gobierno, que es caótico, pero él se las arregla para fundar esa pax manteniendo un elevado nivel de imagen positiva. ¿Menem realmente creía que era posible instaurar una paz honesta intentando una reconciliación con quienes habían abatido la democracia? Bueno, desde su punto de vista sí. Él pensaba eso. Lo que pasa es que había mucha gente que pensaba lo contrario. Era muy controversial. No fueron solo los indultos, pero esa era la medida más importante. Él, de todos modos, en la campaña había hablado de indultos o de alguna solución política para los militares. El tema eran los carapintadas pero de fondo era qué hacer con las violaciones a los derechos humanos durante la dictadura y también de los grupos guerrilleros. Y fijate qué cosa curiosa que él no habla al principio de reconciliación, de reconciliación habla la Iglesia. Y es la Iglesia, cuando a través del cardenal Primatesta le da el apoyo, que le dice: Ustedes, los políticos, hablan de pacificación, nosotros hablamos de reconciliación. Y a partir de ahí él toma la palabra reconciliación. Vos tomás, justamente, este Menem inicial, previo a la convertibilidad. El del comienzo. ¿Por qué elegiste esta etapa en particular? ¿Qué es lo que este Menem te permitía ver o comprender acerca de cómo se va a construir la Argentina a partir de eso? ¿Qué te mostraba ese Menem? Yo creo que cada tanto hay que revisitar la historia reciente; a mí me gusta eso, pienso que es útil porque en este país cada semana es nueva pero las cosas se repiten. Creo que hay en el país un gusto por el odio, por las antinomias. Nosotros somos felices odiando, y no lo digo yo, lo decía Joaquín V. González ya en 1910. En 1910, en El juicio del siglo, él habla de lo que se llama la ley del odio: la ley que rige la Argentina desde 1810 es el odio. Amamos odiar. Yo creo que esas antinomias nos persiguen y, en ese momento, había una que hoy no está, que era la de los federales y unitarios. En Entre Ríos nosotros aprendíamos sobre Urquiza y aprendíamos a detestar a Rosas. Yo creo que Urquiza es una gran, gran figura de nuestra historia. En aquel momento, me acuerdo, en 1989, esa antinomia todavía era fuerte. Bueno, a Menem se le ocurre repatriar los restos de Rosas. Eso forma parte de lo que, me parece, se puede llamar Pax menemista. Y le fue bien porque después de Rosas esa antinomia ya no tenía sentido. Me parece que puede haber sido legítimo eso de Menem. Lo que pasa es que el tema de los indultos era muy distinto. Muy distinto. Y, sobre eso, a mí me interesó también mostrar otra cosa: mostrar que fueron los exmontoneros los primeros que hablaron de reconciliación. Aún antes de este encuentro entre Menem y Primatesta, ya los documentos de Montoneros de 1987 se titulaban: Por la reconciliación nacional. Y después, en 1989, antes de las elecciones, ellos entregan un documento solemne a los pies de la Virgen de Luján y ahí dicen: Nuestro país atravesó décadas de guerra civil intermitente y es necesario una solución política. Me interesaba mostrar esto de que los exguerrilleros, antes que los militares, estuvieron a favor de una solución política, sea el indulto o la amnistía. También hay que tener en cuenta que para ellos era un desafío qué hacer después, porque habían tenido un montón de pérdidas, todas cercanas, habían sido derrotados militarmente y tenían que reconstituirse. Alfonsín no solo propició el juzgamiento de los militares, también propició el juzgamiento de los guerrilleros. Y de hecho, entre los indultados de la primera tanda hubo 64 guerrilleros o exguerrilleros y 39 militares, o sea, muchos más guerrilleros que militares. Firmenich estaba preso, después estaban los otros comandantes que estaban fuera del país porque estaban prófugos. Entonces, ellos hicieron un esfuerzo de encontrarle una salida política a esto, que tiene su mérito también. ¿En ese documento que mencionás, Montoneros hablaba explícitamente de los indultos? Ellos hablaban de solución política, estaban abiertos a una amnistía o a un indulto. El primer documento, que es un documento importante del 14 de junio del 87, habla de que los enfrentamientos del pasado no admitían una solución a través de los juicios, que la solución era política. Lo que pasa es que las violaciones a los derechos humanos durante la dictadura fueron muy, muy tremendas. Entonces, claro, los juicios impulsados por Alfonsín fueron ejemplares. Y fue un intento muy importante de fundar la democracia sobre valores distintos acá, sobre la vida, la libertad, y la gente eso lo apreciaba. Menem, ahí, él otorga los indultos como una gracia, digamos, presidencial, que es muy criticada también por algunos sectores de la Iglesia, pero no por el grueso de la Iglesia que estaba en manos de los conservadores. Había sectores que tenían una posición crítica sobre los indultos de Menem, sin llegar a una impugnación frontal. Pero la Iglesia, en general, estuvo a favor, fue uno de los grandes soportes de los indultos. Tanto a favor de la gestión de Menem como de la gestión de los exmotoreros, que también tenían vínculos con la Iglesia. Vos abrís el libro, de hecho, con la escena de esa comida de Menem y Primatesta. Y vas dibujando a ese primer Menem como un tipo que sabe exactamente lo que quiere y adónde va. ¿Por qué necesitaba el visto bueno de la Iglesia? Porque en esa comida está buscando el visto bueno. ¿Por qué, si estaba tan decidido al respecto como se lee, estaba buscando una aprobación de la Iglesia? ¿Estaba pidiendo que sea mediadora?, ¿que contenga, de alguna forma, la objeción moral que iba a aparecer? ¿Cuál era el rol de la Iglesia ahí? La Iglesia, como un poder fáctico, a Menem siempre le interesó. En aquel momento la Iglesia tenía mucha más importancia política que ahora, tal vez por eso es difícil de imaginar. Pero fijate vos que él y Zulema Yoma, que estaban separados, se reconcilian, entre comillas, antes de la elección porque precisamente el nuncio de aquel momento, Ubaldo Calabresi, los había convencido de que eso era bueno para el voto católico. Es decir: él tenía mucha consideración por la Iglesia. Y especialmente por figuras como Quarracino, que era el arzobispo de Buenos Aires; Primatesta, que era el arzobispo de Córdoba, pero era también el presidente del Episcopado; obviamente por el nuncio, obviamente por el papa. Eso, ese cuarteto, para él siempre fue muy importante. En este caso que eran los indultos, nada menos, necesitaba el aval. Y cuando lo tuvo eso cobró fuerza. Igual él fue manteniendo los ritmos porque lo dio en dos cuotas, digamos. Él [Menem] tenía algunos problemas grandes, aparte de que mucha gente estaba o la mayoría estaba en contra. Uno de los problemas que tenía es que había muchos militares y esto es difícil de creer hoy, o varios, que estaban en contra del indulto. Por ejemplo, Videla. Él no quería el indulto porque el indulto borra la pena pero no el delito y Videla quería una reivindicación institucional de lo que había hecho el Ejército en la lucha contra la subversión, entre comillas. Luciano Benjamín Menéndez, de Córdoba, también. Eso es difícil de considerar porque ahora se tiende a pensar que fueron los militares los que pidieron el indulto. En realidad, los que estaban más abroquelados en favor de una solución política eran los exmontoneros, los exguerrilleros. Vos presentás diferentes escenas en las que se ve germinar la idea del indulto. Está este documento de Montoneros y estas conversaciones que tienen primero con Cafiero, que no les presta demasiada atención, y después con Menem que les dice: Sí, sí, les prometo [la liberación de Firmenich, principalmente]. Y ahí, de hecho, ellos piden un compromiso de su parte y él les dice: Voy a hacer una rueda de prensa. Él no está en la rueda de prensa, pero va a Duhalde. ¿Y qué anuncia? Anuncia el apoyo de Montoneros. Porque Montoneros estaba también como buscando un lugar; pero Cafiero, que en aquel momento era el gobernador de Buenos Aires y era el casi seguro ganador, para él los montoneros eran un poco un quemo, y eran un poco un quemo. Lo que pasa es que Menem también lo era, porque Menem partía del fondo del mar. Él era de una provincia muy pequeña. Para la nomenclatura cafierista, digamos, era un candidato imposible, porque no podía ganar un caudillo como Menem, con esas patillas, pero también con ese lenguaje. Cafiero era una persona muy ilustrada, era más parecido a Alfonsín. Hay un quiebre en la imagen de la política en ese momento también Totalmente. Hay una gran crisis. Yo creo que los quiebres de la política son producto de las crisis. Milei es producto de una crisis, Menem también. Y esa crisis era muy profunda. Que también hay que verla porque cuando Menem asume cinco meses antes de lo previsto, lo hace porque Alfonsín no puede controlar la situación, porque realmente a Alfonsín en el 89 le pasó de todo. Hay que tener en cuenta que el año comienza, prácticamente, con un asalto al cuartel de la Tablada de un grupo guerrillero, no de Montoneros sino uno más vinculado a la izquierda clasista, que fue una locura. Y después hay una hiperinflación tremenda, que es difícil de imaginar. A nosotros nos asusta la inflación, imaginate lo que es la hiperinflación. Es lo peor que puede existir luego de una guerra civil, creo yo, que la he pasado. Y había saqueos, rebeliones carapintadas. En ese marco asume Menem. Y él, además, le agrega más caos porque al hacer un giro tan drástico hacia el neoliberalismo abandona todas sus promesas electorales, que muchas no tenían ni pies ni cabeza, y adopta un programa nada menos que con los históricos enemigos del peronismo, que era el grupo Bunge y Born y los Alzogaray. Todo eso hace que ese año y medio sea muy difícil desde el punto de vista económico. Pero él logra sobrellevarlo. Claro, enfrente no había nada, la gente estaba disciplinada, con miedo, y Menem permanece con un nivel de imagen muy, muy alto. Gracias a su carisma, pero también a su actividad. Y todo iba encajando, de algún modo, en su discurso de pacificación, como estos gestos que mencionabas hoy de la repatriación de los restos de Rosas y la amistad con históricos antiperonistas. El almirante Rojas, que era una persona muy importante. ¿Esto era parte de su estrategia? Sí, claro. Él se veía como el gran reconciliador nacional. Yo en un capítulo le pongo El gran perdonador, porque él lo veía como que era una actitud no de los argentinos sino suya, que él expresaba, habiendo estado cinco años preso y habiendo sufrido varios infortunios graves de parte de los militares, como cuando murió la mamá que ni siquiera lo dejaron ir al funeral. Él consideraba que podía perdonar, que era una fantasía porque una persona no puede perdonar en nombre de un país. Como decían los obispos más moderados, la cuestión era muy grave y se necesitaba un reconocimiento de las culpas, un arrepentimiento genuino, incluso desde el punto de vista católico. No se podía hacer. Pero en ese marco él tenía algo muy inmediato que era la división del Ejército. Ahora los militares no tienen ningún poder, pero en aquel momento sí lo tenían. Se habían rebelado tres veces y la democracia no había podido reprimirlos. Y esto es importante, porque la democracia, como cualquier régimen, necesita que el monopolio del uso de la fuerza legítima esté en manos de quien figura como presidente. Si el presidente no puede reprimir una sublevación militar la democracia está lesionada. Y hay que decir que a él se le levantan los militares muchos de ellos habían sido indultados, otros no y él los reprime. Los indultos del 90 donde libera a los condenados en el Juicio a las Juntas ¿fueron el modo de asegurarse de que no iba a haber más revueltas? ¿O era el desenlace de todo el proceso que ya había comenzado? Claro, era el desenlace de un proceso que él había comenzado y estaba orgulloso de haber comenzado. Él tenía resto como para bancarse la opinión en contra del 70% de la gente. Qué hay que decir que Firmenich también la tenía, y más incluso. Es decir: la gente estaba en contra del indulto a los militares y a los guerrilleros. No es como se cree ahora que los militares están bien presos y los guerrilleros estaban bien libres. No mucha gente pensaba así en esa época, la mayoría pensaba que todos tenían que estar presos. Habíamos comenzado a hablar de que en el libro vos mostrás diferentes momentos donde se lee que empiezan a germinar los indultos. Uno es este de Montoneros que habla de reconciliación en ese documento, pero también mencionás que Massera llama a hablar a un funcionario menemista cercano a la Iglesia y le dice: Vos tenés la llave de mi libertad, y ahí él organiza este encuentro entre Menem y Primatesta que abre el libro, a partir del cual la Iglesia da el visto bueno y es puntapié para los indultos. Hugo Franco, claro. Según Hugo Franco, que era como el hombre de confianza en la política del cardenal Primatesta, además era funcionario de Menem, Menem le pide que haga el encuentro, la cena con Primatesta, luego de que él le diga a Menem que lo había llamado Massera, a quien él no conocía, y que le había dicho: Cómo es que me tiene acá preso, usted que tiene la llave del reino, o algo así. La llave era Primatesta. Entonces, claro, es ahí donde ellos dicen: hay que traerlo a Primatesta porque es un aval importante. Entonces eso se activa a pedido de Massera A pedido de Massera. Porque Masera ahí se da cuenta de que en realidad la gran llave de su libertad era Primatesta, que era una persona importante pero estaba en Córdoba, por lo tanto muchas veces pasaba desapercibido; aunque era cardenal desde el 73, una persona de mucho peso en la Iglesia local y en el Vaticano. ¿Dónde quedaba el dolor de las víctimas, de los familiares, de los movimientos de derechos humanos, qué lugar les quedaba a ellos en esta paz menemista? Bueno, yo creo que y ese fue el gran error de Menem respecto a los indultos eso no lo contempló. Precisamente porque él se creía capaz, por haber estado cinco años preso, de perdonar en nombre de todos los argentinos y eso es un error grave. Yo creo que le faltó claridad sobre esto. Es el error que explica también por qué esto quedó y quedó y quedó y después de otra gran crisis, como la del 2001, el consenso cambia drásticamente. Se reactualiza el dolor de las víctimas, que nunca dejaron de luchar por los suyos, pero de otra manera. Por eso tiene tanta explosión lo de Néstor Kirchner, pero esa es otra pax. ¿Menem pensaba que podía haber una paz real en medio de un silenciamiento? O mejor dicho: ¿era paz o silenciamiento? Creo que él era una persona muy práctica y pensaba que con esto bastaba. Pero es muy difícil eso de bastar. Participo de la crítica de los sectores más moderados de la Iglesia, Casaretto y demás, que expresan en un gran documento, Iglesia y Comunidad Nacional, de 1981, los requisitos de la reconciliación. Ahora, eso no quiere decir que no tiene que haber reconciliación. Quiero decir: es muy difícil lograr la reconciliación, pero es un gran esfuerzo porque también es cierto que los países no pueden estar peleados siempre. Creo que nosotros una opinión exageramos en los desafectos. El presidente Mujica de Uruguay decía, en su lenguaje tan popular y tan maravilloso: Los argentinos tienen que quererse más. Yo creo que algo de eso hay. Es difícil ver en la historia un pueblo que pueda progresar con semejante desafecto. Fijate vos que la Pax romana, que es el lugar de donde vienen todas las paxes, fue un intento de Augusto de terminar con las luchas civiles. Y el convencimiento de que las luchas civiles no son más que un desperdicio de energía. Y no sé en la historia, pero a nosotros con este desafecto no nos va tan bien, ¿no? No nos va tan bien. Pero respecto a la pax, en la mitología romana era una figura que encarnaba la paz, justamente, y era hija de la justicia. La de Menem no fue muy hija de la justicia sino lo contrario. No, a la pax de Menem lo que le faltó es una comprensión mucho más universal de lo que era. Creo que fue algo muy a las apuradas y muy individualista. La pax sí es hija de la justicia, pero la justicia es hija del amor para otros. Y la justicia es muy importante siempre y cuando sea para todos. Porque, claro, para Menem, todos libres. Para el kirchnerismo, libres solo los amigos, es decir, los exguerrilleros que eran de la generación nuestra, de la buena; los militantes que bueno, se equivocaron en los medios, mataron, pero los ideales eran buenos. Eso tampoco A la Pax menemista le faltaban ciertas cosas importantes. Ahora, durante un tiempo funcionó. Funcionó hasta que se cayó y cambió el consenso. Yo lo explico, para mí tiene que ver con la fantástica crisis del 2001. Cuando hay una crisis así cambia todo. Es muy difícil explicar el mileísmo sin la crisis que lo precedió. Cambian todos los consensos. Me gustó hacer el libro porque creo que revisitar la historia te permite también ver cuáles, cómo son las soluciones que se tomaron después. La suerte que tiene esta investigación es que muchas fuentes están vivas y eso ayuda, pero también trata un periodo complicado, con el cual uno ya tiene una postura previa. ¿Hay alguna otra cosa que te gustaría destacar? Lo bueno de la democracia es que la gente va votando y va cambiando y hay que adaptarse. Menem es muy especial porque es un intuitivo, básicamente. Yo ahí lo describo. No era una persona que tenía todo un esquema de qué es lo que había que hacer. Y ensayaba. El ensayo y error era fundamental para él, pero algunas cosas formaban parte de su proyecto. ¿Había algún límite ético en ese ensayo y error o la gobernabilidad era el límite? Era un gobernante, todos tienen su ética. Lo que pasa es que la de Menem era particular, en realidad es una ética del poder; el peronismo la tiene, la ha tenido siempre. Milei también la tiene, una ética del poder. Alfonsín es distinto, era una ética de la responsabilidad. Es un personaje muy importante y diferente. Menem era una persona que manejaba mucho el poder y tenía una personalidad muy especial. Porque es difícil imaginarse una persona que no tuviera odio, pero claro, algunos dicen que era un amoral. Yo creo que no, yo creo que tenía un sentido muy particular del bien y del mal. Pero en el caso de los odios pasados es un personaje muy llamativo porque preso estuvo y sufrir, sufrió. Pero después se mostró magnánimo a la hora de poder serlo, que eso no lo hace cualquiera. Yo cuento lo de Harguindeguy, que era el ministro del Interior, muy duro, que fue el que lo mandó a Las Lomitas y un poco el que le transmitió que no podía ir al funeral de su madre y él lo perdona. Yo nunca voté a Menem, no me considero un menemista, pero hay cosas que uno reconoce. Especialmente cuando se vuelve viejo y, como decía alguien, cree que todo tiempo pasado fue mejor. La cuestión de la magnanimidad en la victoria, después de ver algunas cosas del presente, es bastante importante, ¿no?

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