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Buenos Aires » Infobae
Fecha: 01/02/2026 17:31
Una investigación de la Escuela de Gerontología Leonard Davis de la Universidad del Sur de California (USC) revela que la vacuna contra el herpes zóster no solo protege frente a esa enfermedad, sino que también se asocia con un envejecimiento biológico más lento en personas mayores. Este hallazgo sugiere que los efectos beneficiosos podrían mantenerse incluso varios años después de la inmunización, según el informe publicado en las Revistas de Gerontología, Serie A: Ciencias Biológicas y Ciencias Médicas. Los resultados del estudio muestran que quienes recibieron la vacuna presentaron un envejecimiento biológico general más lento incluso cuando habían pasado cuatro o más años desde la aplicación del inmunizante, en comparación con quienes no fueron vacunados, según la interpretación de Eileen Crimmins, profesora de USC y coautora del trabajo. Para el equipo investigador, estos datos refuerzan la hipótesis de que las vacunas pueden influir sobre el envejecimiento más allá de la prevención de enfermedades agudas. Jung Ki Kim, profesor asociado de investigación en gerontología y primer autor del estudio, explicó que estos hallazgos amplían el cuerpo de pruebas acerca del impacto de las vacunas en la promoción de la salud durante el envejecimiento. Según su perspectiva, la vacuna podría contribuir a un envejecimiento más saludable en parte porque ayuda a reducir la inflamación generalizada de bajo grado, una condición frecuentemente asociada con enfermedades crónicas típicas de la edad, como cardiopatías, fragilidad y deterioro cognitivo. Kim señaló que este fenómeno se conoce como inflamación. El informe se construyó con datos provenientes del Estudio de Salud y Jubilación de Estados Unidos, una encuesta representativa a nivel nacional. El análisis contempló a más de 3.800 adultos de 70 años o más en 2016. Al comparar a los vacunados con los no vacunados y tras ajustar estadísticas por variables sociodemográficas y de estado de salud se encontró consistentemente que los vacunados mostraban un envejecimiento biológico global más pausado. El herpes zóster, también llamado culebrilla, representa una erupción cutánea dolorosa con ampollas que surge cuando el virus de la varicela se reactiva. Todas las personas que han tenido varicela quedan expuestas al riesgo de padecer esta infección. Si bien puede afectar a cualquier edad, el peligro se incrementa después de los 50 años o en personas inmunodeprimidas. La vacuna suele recomendarse únicamente en adultos mayores y no solo disminuye la probabilidad de desarrollar culebrilla, sino que también reduce el riesgo de padecer neuralgia posherpética, un dolor crónico posterior a la infección. La contribución de estas vacunas parece ir más allá de su objetivo inicial. Kim indicó que investigaciones recientes sugieren que las vacunas reorientadas a adultos incluidas las del herpes zóster y la gripe podrían asociarse con menores riesgos de demencia y otros trastornos neurodegenerativos, según declaró a la Escuela de Gerontología Leonard Davis de la USC. El mismo Kim amplió: Este estudio se suma a la evidencia emergente de que las vacunas podrían desempeñar un papel en la promoción del envejecimiento saludable al modular los sistemas biológicos más allá de la prevención de infecciones. La investigación se encargó de distinguir entre el envejecimiento cronológico determinado exclusivamente por la fecha de nacimiento y el envejecimiento biológico, que alude al modo heterogéneo en que los órganos y sistemas se modifican con el tiempo. El estudio destaca que dos personas de 65 años pueden exhibir perfiles biológicos muy distintos: mientras una mantiene parámetros similares a los de una persona más joven, otra puede evidenciar signos acelerados de envejecimiento. Para medir el envejecimiento biológico, Kim y Crimmins analizaron siete dimensiones clave: inflamación, inmunidad innata, inmunidad adaptativa, hemodinámica cardiovascular, neurodegeneración, envejecimiento epigenético y envejecimiento transcriptómico. Estos indicadores se combinaron en una puntuación compuesta de envejecimiento biológico, permitiendo una visión más integral del impacto de la vacunación. El análisis determinó que las personas vacunadas mostraron niveles promedio de inflamación considerablemente menores, envejecimiento epigenético y transcriptómico más lento y calificaciones globales de envejecimiento biológico inferiores en comparación con quienes no habían recibido la vacuna. Los resultados proveen una visión más detallada de los posibles mecanismos subyacentes que vinculan la vitalidad inmunológica con el proceso de envejecer. De acuerdo con el equipo, aunque aún no se han identificado con precisión todos los mecanismos biológicos involucrados, sí se intuye que la capacidad de la vacuna para reducir la inflamación crónica puede convertirla en una herramienta valiosa dentro de las estrategias amplias que buscan potenciar la resiliencia y retrasar el deterioro asociado a la edad. Crimmins observó que los beneficios inmunológicos identificados daban muestras de persistencia con el tiempo. Entre los vacunados que habían superado el umbral de los cuatro años desde la inmunización, el efecto protector sobre el envejecimiento epigenético y transcriptómico permanecía visible. Este patrón confirma que la vacunación contra el herpes zóster influye en parámetros clave vinculados con el proceso de envejecimiento. Crimmins advirtió que resulta imprescindible realizar nuevos estudios para replicar y profundizar en estos descubrimientos y comprender la naturaleza exacta del vínculo, particularmente mediante ensayos longitudinales y experimentales. No obstante, subrayó que estos hallazgos alimentan la creciente literatura científica que postula que las vacunas podrían desempeñar un papel en las estrategias de envejecimiento saludable, más allá de la simple prevención de enfermedades agudas. Otro hallazgo relevante sobre la vacuna contra el herpes zóster Un estudio reciente liderado por el Centro Médico de la Universidad de Stanford sugiere que la vacuna contra el herpes zóster podría desempeñar un papel relevante para prevenir y ralentizar la demencia en adultos mayores. Los investigadores lograron aislar el efecto de la vacuna gracias a una política particular implementada en Gales, donde una ligera diferencia de edad al momento de lanzar la campaña de vacunación terminó determinando el acceso al fármaco y, por lo tanto, permitió una comparación sin distorsiones por otros factores de salud o estilo de vida. La investigación, cuyos datos de seguimiento se publicaron recientemente en la revista Cell, se basó en los registros médicos de más de 280 mil adultos de 71 a 88 años que no presentaban demencia en el momento de iniciar la estrategia sanitaria. Esta política de vacunación, descrita por el doctor Pascal Geldsetzer, estipulaba que solo recibirían la vacuna quienes tuvieran 79 años el 1 de septiembre de 2013. Aquellos que ya habían cumplido 80 en esa fecha quedaron excluidos permanentemente. Así, dos grupos de personas nacidas con una semana de diferencia presentaban perfiles prácticamente idénticos salvo por su acceso a la vacuna, lo que, según Geldsetzer, permitió crear un grupo de control y un grupo de intervención prácticamente idénticos en todas sus características, salvo por la elegibilidad para la vacuna. Durante los siete años que duró el seguimiento, el análisis arrojó que quienes recibieron la vacuna experimentaron una reducción del 20% en el riesgo de desarrollar demencia en comparación con aquellos que no la recibieron. Esta cifra, subrayada en varias revisiones de los datos, permaneció estable al ajustarse el análisis por variables como las causas de muerte asociadas a la demencia o los distintos rangos etarios. Geldsetzer señaló a Stanford Medicine: La señal en nuestros datos era tan fuerte, tan clara y tan persistente, en alusión a la consistencia del resultado obtenido. El estudio también estableció que ambos grupos no diferían en aspectos ajenos a la vacuna: no hubo variaciones detectables en nivel educativo, prevalencia de enfermedades como diabetes, cardiopatías o cáncer, ni en el acceso a otras vacunas o tratamientos profilácticos. El propio Geldsetzer explicó la solidez del modelo experimental desarrollado en Gales: Debido a la forma única en que se implementó la vacuna, el sesgo en el análisis es mucho menos probable de lo que sería habitual. Los resultados, divulgados inicialmente en la revista Nature y actualizados en el seguimiento de Cell, abren un nuevo campo de estudio sobre el efecto de la vacunación contra el herpes zóster en la reducción de los diagnósticos de demencia, pero también destacan la importancia del diseño de políticas públicas que permitan investigaciones con alto grado de control y precisión.
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