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Gualeguay » Debate Pregon
Fecha: 01/02/2026 16:23
A más de cien años de la huelga de los cocheros que paralizó Gualeguay El 2 de febrero de 1915, mientras el país todavía se movía al ritmo del caballo y la rueda de madera, Gualeguay fue escenario de un conflicto que hoy podría parecer menor, pero que en su tiempo puso en jaque al poder municipal: la huelga de los cocheros. A más de un siglo de aquel episodio, la efeméride permite volver sobre una protesta que tuvo como detonante una ordenanza sobre la vestimenta, pero que en el fondo expuso tensiones sociales, laborales y simbólicas de una ciudad en transformación. Una ordenanza que desató el conflicto El origen del conflicto se remonta al 25 de septiembre de 1914, cuando el Concejo Deliberante sancionó una ordenanza que reglamentaba el servicio de carruajes de alquiler e imponía una vestimenta obligatoria a los conductores. Según la normativa, los cocheros debían vestir camisa cuello de plancha y corbata, sombrero duro, galerita o de forma Orión, pudiendo usar de paja en verano forma canotier, traje negro u oscuro de saco y pantalón y botines. El incumplimiento de estas disposiciones era castigado con una multa de 15 pesos y, en caso de reincidencia, con el retiro de la patente. Para los cocheros, la medida resultaba absurda y ofensiva, sobre todo si se tenían en cuenta las condiciones reales en las que trabajaban: caminos rurales precarios, calles de tierra, barro en invierno y polvo en verano. La exigencia de una vestimenta elegante contrastaba con una infraestructura que hacía imposible conservarla en condiciones mínimas. El Concejo Deliberante y una respuesta insuficiente El 2 de febrero de 1915 exactamente 110 años antes de esta publicación el Concejo Deliberante se reunió para tratar el pedido de derogación de la ordenanza. Sin embargo, lejos de anularla, optó por una salida intermedia: dispuso que las penalidades se aplicaran solo en caso de reincidencia. La decisión fue interpretada por el gremio como una negativa encubierta y no logró descomprimir el conflicto. La huelga y la calle como escenario La tensión estalló el 11 de febrero de 1915, cuando los cocheros iniciaron una movilización con un mitin de protesta en la plaza San Martín. La manifestación contó con la adhesión de otros gremios vinculados al trabajo manual y al transporte, como carreros, vendedores y fabricantes de ladrillos. Desde allí, la columna recorrió varias calles hasta llegar a la plaza Constitución, donde se escucharon duras críticas contra el Concejo Deliberante y el intendente Giménez. Según reconstruye Vico Humberto en Historia de Gualeguay, aquel episodio marcó el inicio de un clima de creciente conflictividad, con incidentes callejeros y denuncias contra la autoridad policial. La huelga paralizó el servicio durante semanas y dejó en evidencia la centralidad de los cocheros en la vida cotidiana de la ciudad. La intervención provincial y el desenlace La magnitud del conflicto obligó a intervenir al Gobierno provincial. El entonces ministro de Gobierno de Entre Ríos, doctor Antonio Sagarna, tomó cartas en el asunto. Si bien defendió la actuación de la policía local, terminó señalando a la ordenanza sobre la indumentaria como el factor desencadenante de la crisis y aconsejó su modificación. Finalmente, el 18 de marzo de 1915, tras una asamblea gremial, los cocheros resolvieron levantar la medida de fuerza. La huelga había durado dos meses y medio y concluyó cuando se vio satisfecha la demanda central: la revisión de la norma que había dado origen al conflicto. Los cocheros, protagonistas de una época Más allá de la huelga, los cocheros ocuparon un lugar clave en la vida social y económica de Gualeguay. En las fiestas del Club Social, la llegada de personajes destacados en carruajes lujosos era motivo de comentario obligado. Durante el baile de gala del 31 de diciembre de 1908, por ejemplo, se registró un incesante arribo de carruajes a las puertas de la institución. Existían negocios establecidos, como la cochería de Alejandro Rubio, y espacios específicos vinculados al oficio: en la esquina de Belgrano y Mitre, donde luego se instalaría la Escuela Feliciano Chiclana, funcionó el Hotel de Stanchi, que contaba con una vivienda destinada a los cocheros. En el censo profesional de 1909, eran registrados dentro del rubro Personal de transporte. También fueron pioneros: los cocheros de las viejas diligencias de fines del siglo XIX apellidos como Gallino o Rebossio pueden considerarse los antecesores directos de las primeras líneas de colectivos. Un oficio en el corazón del país que se movía En un plano más amplio, como señala una crónica del diario La Nación, el carruaje fue durante décadas el eslabón entre la era del caballo y la del motor. Antes del automóvil y del colectivo, fue la herramienta que permitió unir pueblos, estancias y ciudades en un país de caminos difíciles y distancias enormes. El cochero no solo manejaba las riendas: conocía el clima, el terreno, los tiempos del viaje. Era, en muchos casos, el verdadero garante de la movilidad. Hoy, cuando el sonido de ruedas de madera apenas sobrevive en museos o recuerdos, la huelga de los cocheros de Gualeguay reaparece como una postal de época, pero también como una lección vigente: detrás de una discusión aparentemente menor un traje, un sombrero se escondía una disputa más profunda por la dignidad del trabajo y el reconocimiento de quienes, con su oficio, hacían posible la vida cotidiana de la ciudad.
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