Contacto

×
  • +54 343 4178845

  • bcuadra@examedia.com.ar

  • Entre Ríos, Argentina

  • Una luna de Júpiter y su océano oculto: nuevas pistas en la búsqueda de condiciones para la vida

    Buenos Aires » Infobae

    Fecha: 01/02/2026 14:19

    Europa, una de las lunas más fascinantes de Júpiter, volvió a ocupar el centro de la investigación científica por una razón poderosa: cada nuevo dato refuerza la idea de que bajo su superficie helada podría existir un entorno capaz de sostener vida. Durante décadas, esta luna intrigó a los astrónomos por la presencia de un océano global oculto bajo kilómetros de hielo. Ahora, dos líneas de investigación complementarias aportan respuestas a una de las preguntas más persistentes de la astrobiología: cómo ese océano podría recibir energía y nutrientes suficientes para resultar habitable. Por un lado, un equipo de geofísicos de la Universidad Estatal de Washington propuso un mecanismo que permitiría el transporte de compuestos químicos desde la superficie hasta el océano subterráneo. Por otro, un informe reciente de la NASA detalló por qué Europa cumple con los requisitos básicos que la ciencia asocia con la vida, incluso en ausencia de luz solar. En conjunto, estos avances no confirman la existencia de organismos vivos, pero sí describen un escenario cada vez más coherente desde el punto de vista físico, químico y energético. Europa se ubica a más de 600 millones de kilómetros del Sol y recibe una radiación intensa proveniente del campo magnético de Júpiter. Su superficie resulta hostil para cualquier forma de vida conocida. Sin embargo, bajo esa corteza congelada se esconde un océano salado con más agua líquida que todos los océanos de la Tierra juntos. La clave, entonces, no pasa por la superficie, sino por los procesos que conectan ese mundo helado con su interior profundo. Un hielo que no solo protege, también alimenta Uno de los mayores desafíos para pensar en vida en Europa siempre fue explicar cómo los nutrientes podían atravesar una capa de hielo tan espesa. La mayor parte de los movimientos del hielo en esta luna ocurre de manera horizontal, lo que limita el intercambio directo con el océano. Aun así, la superficie de Europa no permanece químicamente inerte. La radiación de Júpiter interactúa de forma constante con las sales y otros materiales, lo que genera compuestos ricos en elementos potencialmente útiles para la vida microbiana. El estudio liderado por investigadores de la Universidad Estatal de Washington propuso una solución a este rompecabezas mediante un proceso conocido en la geología terrestre como delaminación. En la Tierra, este fenómeno ocurre cuando una porción de la corteza se vuelve más densa, se debilita y termina por desprenderse y hundirse hacia capas más profundas del planeta. Los científicos adaptaron esta idea a las condiciones extremas de Europa mediante simulaciones por computadora. En este modelo, ciertas regiones del hielo superficial de Europa contienen altas concentraciones de sal. Esa composición aumenta su densidad y reduce su estabilidad estructural. Rodeado por hielo más puro y menos denso, ese material cargado de sales podría separarse lentamente y descender hacia el interior de la capa helada. De ese modo, los compuestos químicos producidos en la superficie encontrarían un camino viable hasta el océano subterráneo. Esta es una idea novedosa en la ciencia planetaria, inspirada en una idea bien entendida en las ciencias de la Tierra, afirmó Austin Green, autor principal del estudio. Lo más emocionante es que esta nueva idea aborda uno de los antiguos problemas de habitabilidad de Europa y es un buen augurio para las perspectivas de vida extraterrestre en su océano, aseguró. Las simulaciones mostraron que este proceso podría darse en una amplia gama de concentraciones de sal, siempre que el hielo experimente incluso un debilitamiento leve. Además, los modelos indicaron que la delaminación podría repetirse durante largos períodos geológicos, lo que transformaría a este mecanismo en una fuente constante de nutrientes. Esa continuidad resulta clave para sostener cualquier ecosistema, incluso uno microscópico y oculto bajo kilómetros de hielo. El trabajo, publicado en The Planetary Science Journal, se integró de manera directa con los objetivos científicos de la misión Europa Clipper de la NASA, lanzada en 2024. Esta nave espacial se propuso estudiar la estructura del hielo, el océano subterráneo y la habitabilidad general de Europa mediante instrumentos diseñados para detectar composición química, actividad térmica y señales indirectas de intercambio entre superficie y profundidad. El océano de Europa presenta condiciones extremas, pero no necesariamente incompatibles con la vida. La ausencia de luz solar obliga a descartar la fotosíntesis como fuente de energía, pero en la Tierra existen ecosistemas completos que sobreviven gracias a reacciones químicas en entornos igualmente oscuros, como los respiraderos hidrotermales del fondo oceánico. La pregunta ya no es si Europa puede sostener agua líquida, sino si ese océano recibe los ingredientes necesarios para mantener procesos químicos activos durante millones de años. Agua, química y energía en un mundo helado Un informe de la NASA ofreció un marco claro para evaluar la habitabilidad de mundos más allá de la Tierra. Según los científicos, la búsqueda de vida debe centrarse en tres ingredientes esenciales: agua líquida, química adecuada y una fuente de energía disponible durante un tiempo prolongado. Europa cumple con estos criterios de una manera que pocas lunas o planetas del sistema solar logran igualar. La luna helada de Júpiter, Europa, podría contener estos componentes esenciales y ser tan antigua como la Tierra. La NASA envía la sonda Europa Clipper para realizar una exploración detallada de Europa e investigar si esta luna helada, con su océano subterráneo, tiene la capacidad de albergar vida. Comprender la habitabilidad de Europa ayudará a los científicos a comprender mejor el potencial de encontrar vida más allá de nuestro planeta y nos guiará en nuestra búsqueda, explican expertos de la ESA. El primer ingrediente, el agua líquida, aparece en Europa en cantidades colosales. La evidencia más sólida de la existencia de un océano global surgió gracias a la misión Galileo, que orbitó Júpiter entre 1995 y 2003. Aunque Europa no posee un campo magnético propio, los instrumentos de la sonda detectaron señales inducidas por el potente campo magnético de Júpiter. La explicación más consistente para ese fenómeno fue la presencia de un océano salado bajo la superficie. La geología visible de Europa también aportó pistas decisivas. Su superficie casi no muestra cráteres profundos ni montañas elevadas. En cambio, presenta una red compleja de grietas, crestas y bandas oscuras que se extienden por cientos de kilómetros. Estas estructuras sugieren una corteza dinámica, deformada por mareas gravitatorias que se producen cuando Europa orbita el planeta gigante. Esa flexión constante genera calor interno, suficiente para evitar que el océano se congele por completo. El segundo ingrediente, la química, depende de la presencia de elementos fundamentales como carbono, hidrógeno, nitrógeno, oxígeno, fósforo y azufre. Estos componentes resultan comunes en el universo y constituyen casi la totalidad de la materia viva en la Tierra. En Europa, esos elementos pudieron incorporarse durante la formación de la luna y a través de impactos de asteroides y cometas. La radiación que castiga la superficie también favorece reacciones químicas que producen compuestos complejos, algunos de los cuales podrían descender hacia el océano gracias a procesos como el propuesto por los geofísicos estadounidenses. La flexión de marea desempeña un rol central en este escenario. Al deformar el interior de Europa, este mecanismo facilita el intercambio entre el núcleo rocoso, el océano y la capa de hielo. Ese ciclo continuo podría enriquecer el agua con nutrientes y crear un entorno químicamente activo, comparable en ciertos aspectos a los océanos primitivos de la Tierra. El tercer ingrediente, la energía, representa uno de los puntos más intrigantes. En ausencia de luz solar bajo el hielo, la vida hipotética de Europa dependería de reacciones químicas. La radiación superficial rompe moléculas de agua y deja oxígeno libre, un elemento altamente reactivo. Si parte de ese oxígeno alcanza el océano, podría participar en reacciones que liberen energía aprovechable por microorganismos. Además, el contacto directo entre el océano y el lecho marino rocoso abre la posibilidad de actividad hidrotermal. En la Tierra, estos sistemas sostienen comunidades biológicas completas sin necesidad de luz solar. La analogía no implica que Europa albergue organismos similares, pero sí demuestra que la vida puede prosperar en condiciones extremas siempre que exista una fuente estable de energía química. Cada una de estas piezas refuerza una idea central: Europa no es solo un mundo cubierto de hielo, sino un sistema dinámico donde agua, química y energía interactúan de manera constante. Los nuevos modelos sobre el transporte de nutrientes y los datos acumulados sobre su océano subterráneo no prueban la existencia de vida, pero reducen las incógnitas fundamentales. En la exploración del sistema solar, pocas lunas ofrecen un escenario tan completo para responder una de las preguntas más antiguas de la humanidad: si la vida pudo surgir en más de un rincón del universo.

    Ver noticia original

    También te puede interesar

  • Examedia © 2024

    Desarrollado por