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» tn24
Fecha: 01/02/2026 13:15
El médico y conferencista español Mario Alonso Puig advierte que el envejecimiento no ocurre de forma repentina, sino que el organismo va dando señales claras sobre su estado general. Fuerza física, equilibrio, sueño y vínculos sociales aparecen como indicadores clave de la longevidad. Lejos de aparecer de un día para el otro, el deterioro físico y mental después de los 70 años suele manifestarse a través de señales progresivas que muchas veces se normalizan como cosas de la edad. Sin embargo, según explica Mario Alonso Puig, el cuerpo es mucho más honesto de lo que se cree y va enviando advertencias concretas sobre cuánta reserva vital conserva una persona y qué tan comprometida puede estar su longevidad. Una de las primeras señales es la fuerza de las piernas, considerada uno de los indicadores más sólidos de esperanza de vida. Poder levantarse de una silla sin utilizar los brazos refleja autonomía, masa muscular conservada y buen funcionamiento general. Cuando esta capacidad comienza a perderse, suele iniciarse una espiral de menor movilidad, más sedentarismo y mayor dependencia. El equilibrio es otro factor central. Mantenerse de pie sobre una sola pierna durante al menos diez segundos es una prueba sencilla que, según estudios médicos, se asocia con menor riesgo de caídas, deterioro neurológico y mortalidad. La dificultad para sostener el equilibrio no solo aumenta el peligro de accidentes, sino que también puede anticipar problemas cognitivos. También resulta clave la velocidad al caminar. Para una persona de 70 años, recorrer una cuadra en aproximadamente un minuto y medio se considera un ritmo saludable. Una marcha demasiado lenta suele reflejar dolor, falta de aire, debilidad muscular, miedo a caerse o una pérdida general de energía vital. La fuerza de agarre en las manos es otro predictor confiable de longevidad. Una presión débil al sostener objetos cotidianos puede indicar pérdida de masa muscular, problemas nutricionales o inflamación sistémica, y se vincula con mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares y hospitalizaciones frecuentes. En cuanto a la respiración, la capacidad de subir escaleras o caminar cuesta arriba sin quedar exhausto es una señal de buen funcionamiento pulmonar y cardíaco. La falta de aire persistente genera un círculo vicioso: menos actividad, mayor debilidad y más cansancio. El peso corporal también ofrece información relevante. Después de los 70, la pérdida de peso involuntaria suele ser una señal de alarma, ya que generalmente implica pérdida de músculo más que de grasa y puede estar asociada a enfermedades subyacentes. Al mismo tiempo, un aumento excesivo, sobre todo abdominal, requiere controles médicos. Más allá del cuerpo, la conexión social cumple un rol determinante. El aislamiento y la soledad incrementan el riesgo de enfermedades cardíacas, depresión, deterioro cognitivo y muerte prematura. Mantener vínculos activos, pertenecer a grupos o sostener actividades compartidas tiene un impacto directo en la salud. La salud mental es otro pilar. La memoria, la capacidad de aprender cosas nuevas y la claridad para razonar pueden mantenerse incluso en edades avanzadas si el cerebro es estimulado. La falta de desafíos intelectuales acelera el deterioro cognitivo, mientras que la curiosidad y el aprendizaje actúan como factores protectores. El sueño aparece como un indicador silencioso pero decisivo. Dormir mal de manera crónica afecta al sistema inmunológico, al corazón y al cerebro. Un descanso profundo y reparador es esencial para la reparación celular y la estabilidad emocional en la vejez. Por último, la actitud frente a la vida influye más de lo que se cree. El estrés constante, el resentimiento y la negatividad elevan los niveles de inflamación y debilitan las defensas. En cambio, una mirada activa, con propósito y gratitud, se asocia a una mayor expectativa y calidad de vida. Puig remarca que ninguna de estas señales debe interpretarse como una sentencia definitiva. Por el contrario, son alertas que permiten actuar a tiempo. Incluso después de los 70 años, sostiene, el cuerpo conserva una notable capacidad de recuperación cuando se modifican hábitos, se fortalece el movimiento, se cuidan los vínculos y se preserva una actitud positiva ante la vida.
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