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Crespo » Paralelo 32
Fecha: 01/02/2026 12:18
En 1844, el caudillo federal Don Juan Manuel de Rosas prohibió los carnavales. Para comprender el contexto y las razones de aquella decisión, dialogamos con la profesora de Historia Susana Sobrero. Un fascinante repaso por nuestro pasado nacional nos lleva, de la mano de la profesora Susana Sobrero, a observar un presente que alguna vez se escenificó desde otro lugar, cuando la imponente autoridad política llegó a prohibir una de las fiestas populares por excelencia: el carnaval. La figura de Don Juan Manuel de Rosas, sin dudas una de las más complejas y divisorias de nuestra historia, reflejó a través de sus acciones la tensión permanente entre el orden público, la moral religiosa y el control social que caracterizó a su gobierno. Una de esas acciones fue, precisamente, la prohibición del carnaval. Las más leídas Rosas, caudillo federal del sur de la provincia de Buenos Aires, era un hombre de enorme poder y gran inteligencia. Por entonces circulaba un dicho popular que lo retrataba con claridad: ningún chingolo se mueve de la Pampa sin que el gobernador lo sepa. Don Juan Manuel de Rosas fue gobernador de Buenos Aires, pero además, por tratarse de la provincia más importante adherida a la causa federal, ejercía el manejo de las relaciones exteriores de la Confederación. Ese poder le era concedido año tras año por las demás provincias federales, explicó Sobrero para Paralelo32. En un primer momento ordenó que los festejos se realizaran a puertas cerradas. Hay que tener en cuenta que en esa época había una numerosa población afrodescendiente y era famoso el candombe. El carnaval representaba una instancia de diversión previa al período de recogimiento, agregó. El proceso fue gradual, lo que demuestra que Rosas intentó primero domar la fiesta antes de eliminarla por completo. El carnaval como caos y anonimato El gran problema para Rosas era la máscara. En un gobierno basado en la vigilancia y la identificación política recordemos el uso obligatorio de la divisa punzó, la posibilidad de ocultar el rostro representaba un riesgo para la seguridad. - El miedo al exceso: el carnaval permitía que, por algunos días, se diluyeran las jerarquías sociales. - La lujuria y el desorden: para un férreo defensor del culto católico, el desenfreno previo a la Cuaresma era visto como una grieta en la moral que intentaba imponer. Para Rosas, la llegada del carnaval era un verdadero dolor de cabeza, tanto para las autoridades como para la policía, que no sabía cómo controlar el desorden, comentó Sobrero, remarcando el carácter problemático de las máscaras para el poder. También recordó que la resistencia a este festejo popular no era nueva. Ya en tiempos de los virreyes, Juan José de Vértiz y Salcedo dispuso que los carnavales se realizaran en espacios cerrados, señaló. El rol de la población afrodescendiente La mención al candombe resulta clave. Durante un tiempo, Rosas mantuvo una relación estrecha con los sectores populares y con las llamadas naciones africanas de Buenos Aires. Sin embargo, incluso para ellas el carnaval pasó a estar bajo control. El candombe era tolerado porque, en cierto modo, funcionaba como una herramienta de cohesión política. El carnaval callejero, en cambio, resultaba demasiado impredecible para un gobierno que priorizaba el orden, entendido a su manera. Un matiz histórico: 1835, 1844 y 1854 Aunque muchas veces se lo menciona como presidente de las provincias, Rosas nunca aceptó ese título. Se mantuvo formalmente como gobernador de Buenos Aires, encargado de las Relaciones Exteriores de la Confederación. Esa sutileza legal le permitió ejercer un poder casi absoluto sin la existencia de una Constitución Nacional, cuya sanción siempre postergó. Puede hablarse de una tríada que define la relación del rosismo con el carnaval: - 1835: no se lo prohíbe, pero se ordena que los festejos se realicen a puertas cerradas. - 1844: se decreta la prohibición total, fundamentada en los excesos cometidos y el riesgo para la paz pública. La posibilidad de ocultar la identidad mediante máscaras era inaceptable para el caudillo. - 1854: tras la derrota de Rosas en la batalla de Caseros, los carnavales vuelven a celebrarse. La alegría era entendida como lujuria y exceso; por eso Rosas consideraba al carnaval una fiesta pagana, indicó Sobrero. También destacó que el gobernador impulsó fuertemente el culto católico en toda la Confederación y que su propia imagen estaba presente en iglesias y espacios públicos. No solo era muy poderoso enfatizó, sino que también promovía un culto muy fuerte a su figura. El carnaval, finalmente, sigue siendo una fiesta popular que habla de nuestra esencia, atravesada y moldeada por los vaivenes de la historia argentina. DECRETO ROSISTA (Fuente: El Historiador) ¡Viva la Confederación Argentina! ¡Mueran los salvajes unitarios! Departamento de Gobierno, Palermo de San Benito, febrero 22 de 1844, año 35 de la Libertad, 29 de la Independencia y 15 de la Confederación Argentina. Las costumbres opuestas a la cultura social y al interés del Estado suelen pertenecer a todos los pueblos o épocas. A la autoridad pública corresponde designarles prudentemente su término. Con perseverancia ha preparado el Gobierno, por medidas convenientes, estos resultados respecto de las dañosas costumbres del juego del carnaval en los tres días previos al miércoles de ceniza; y considerando: que esta preparación indispensable ha sido eficaz por los progresos del país en ilustración y moralidad; que semejante costumbre es inconveniente a las habitudes de un pueblo laborioso e ilustrado; que el tesoro del Estado se grava y son perjudicados los trabajos públicos; que las elaboraciones en todos los respectos sufren por esta pérdida de tiempo en diversiones perjudiciales; que redundan notables perjuicios a la agricultura y muy señaladamente a la siega de los trigos; que se perjudican las fortunas particulares y se deterioran y ensucian los edificios en las ciudades por el juego en las azoteas, puertas y ventanas; que la higiene pública se opone a un pasatiempo del que suelen resultar enfermedades; que las familias sienten otros males por el extravío indirecto de sus hijos, dependientes o domésticos: Por todas estas consideraciones, el gobierno ha acordado y decreta: Art. 1°: Queda abolido y prohibido para siempre el Carnaval. Art. 2°: Los contraventores sufrirán la pena de tres años destinados a los trabajos públicos del Estado, y si fuesen empleados públicos, serán, además, privados de sus empleos. Art. 3°: Comuníquese, publíquese, e insértese en el Registro Civil. Rosas. Agustín Garrigós.
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