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Gualeguaychu » FM Maxima
Fecha: 01/02/2026 12:14
LA YUYERA VENDEDORA DE SALUD EN LAS VEREDAS Podría decirse que no existe baldosa en Gualeguaychú que no haya pisado, que no figura calle que no haya cruzado, que no existió puerta que no fuera bendecida por su llamado. Es que la Yuyera, es decir Doña Gerónima Sofía Alegre de Díaz, mujer pequeña, de canasta bajo el brazo y dueña de una belleza difícil de explicar pero que está, que actualmente tiene diría García Márquez- una edad indefinida entre los 90 y los 100 años, recorrió la ciudad entera y la vio crecer año a año desde que el siglo apilaba los primeros almanaques hasta la Navidad de 1992. Dice la libreta que cumplió 90 años el 30 de septiembre de 1994, pero ella asegura que ya arribó a las cien primaveras. En realidad, el dato no logra modificar el fondo de la cuestión: nadie puede negar que Doña Gerónima o Geroma cultivó durante casi un siglo el particular oficio de yuyera. Fueron testigos los cientos, miles de clientes, los árboles que la vieron pasar, los timbres que la aguardaron y también esas casas sencillas donde se golpea las manos. De pañuelo negro en la cabeza, con la canasta llena de yuyos medicinales, la vieron caminar, por años, largas calles de sol desde Pueblo Nuevo hasta el Hospital, desde La Cuchilla hasta el Molino. ¿Quién no la conoció? ¿Quién no le compró algún yuyo para los nervios? ¿Quién no la recuerda con su rostro aindiado y sus palabras apuradas y sin gestos? Acaso sirve recordarla porque la historia de los pueblos no se hace sólo de funcionarios: quizás valga contar algo para contestar a aquella canción que desafiaba: Todos cuentan la historia por las guerras/en las viejas ciudades/y por más que pregunto nadie sabe/describir la morada/donde amasaba pan el panadero/y su mujer hilaba. Por eso, porque es historia de estas calles, porque a su paso con la canasta se sucedían como en una película revoluciones, asfaltados, cambios edilicios y progresaban los modelos de automóviles, sirve recordarla o pedirle a ella misma que resuma la riqueza de su oficio y de sus años. *LOS COMIENZOS De pie, sostenida apenas por su aún fornido brazo izquierdo de un alambrado de la casa de calle República Oriental, una cuadra antes del Boulevard Montana, Doña Geroma que, coqueta, prefiere que le digan Sofía, dice cuando se le pregunta la edad, que tiene 15 para 16. Soy hija del famoso correntino Alegre, pero yo nací en Gualeguaychú y me crié en la estancia El Potrero, que trabajaba mi padre, cuenta. Era gente de campo. La hermana de mi padre, Ricarda Alegre, era domadora y se casó con otro domador, el famoso Aguila Renga, revela. Creo que tenía 12 años cuando empecé a vender yuyos. Una señora me dijo: ¿por qué no vendés yuyos?...y empecé. Mi padre los juntaba en el campo. Primero vendía nada más que berro para ensalada, pero después la gente me empezó a pedir yuyos para las enfermedades, y yo se los conseguía, recuerda. Buenomi padre juntaba yuyos en el campo. Después, salía con lo que me traía mi marido, porque me hice de marido muy joven y después me casé. El, que hace años murió, me traía los yuyos de El Potrero. Doña Geroma, tal el sobrenombre de sus clientes más confianzudos, tuvo 14 hijos, de los cuales viven sólo 6. Con el sueldo de su canasta crió a su familia. Lo cuenta con un orgullo que no puede evitar. Trabajó en casas de familia, lavó ropa e hizo otras tareas, pero jamás abandonó su oficio, el que le daría popularidad. Salía a las 7 de la mañana con la canasta repleta de hierbas medicinales y regresaba 9 horas más tarde, con la misma canasta completa de comidas y cosas que la gente le daba. *UN RECUERDO Andrea Sameghini escribió hace más de 50 años con respecto a Doña Geroma que su condición de yuyera, tarea que la ha convertido en diestrísima conocedora de hierbas y raíces, le ha conferido una proyección popular que revela la eterna vigencia de los paliativos caseros. Golpea de casa en casa ofreciendo su mercancía, con su canasta hasta los topes de menta, ruda, poleo, yerba del pollo, aguaribay, tala, cedrón, zarza parrilla, manzanilla, albahaca, etc, en rápido enumerar y sin confundir una hierba. *LA JUBILACIÓN Doña Geroma dejó hace algo más de un año el trabajo que la hizo famosa. Dejé en la Navidad pasada, dice con algún dejo de nostalgia, en referencia a diciembre de 1992. Lo que pasa es que ando mal de la vista, ya había empezado a perderme en la calle. Si tuviera un nieto, un chiquiliín que me acompañara, yo seguiría saliendo, porque el doctor me dijo que tengo que caminar, cuenta. No lo sabe, acaso, pero es un trozo de la historia diaria de este pueblo, aunque seguramente nunca consiga el honor del nombre de una calle o la inmortalidad de un monumento. Pero logró perdurar a través de las décadas. Aquellos novios que veía en la plaza hoy son abuelos y se curaron más de un resfrío con sus yuyos. Aquel sitio baldío que cruzaba para acortar distancias en el soleado mediodía, es un edificio con ascensores. Esas chacras que atravesó con su amiga la canasta, es un complejo habitacional. Y ella lo vio todo. Era como una sombra que pasaba, describiría alguien. Como un misterio, nadie sabía de dónde venía, ni cuándo regresaría. Así fue la Yuyera y así conserva todavía la rapidez para responder y la sabiduría que dan los años y la calle, esa calle que aprendió a utilizar como exclusiva maestra de vida. Sonaba su puño en la puerta como una sorpresa. Se alejaban sus pasos seguros como una leyenda. Nadie puede olvidar su imagen de hombros pequeños, sus respuestas sin dudas, su mirada sencilla, su hermosura de pueblo. Es que construyó en cada oferta un sendero de esperanza para el dolor. Era la doctora segura, inmediata y económica. Transitó un siglo por las veredas sin huellas, vendiendo salud. Alguna gente que sabe que ya no arribará con su canasta, la busca en cercanías de San José al norte, en procura de remedio para sus pequeños males. No curó de palabra, pero cada vez que su mano salía de la canasta mágica, dejaba un mensaje de esperanza, porque su llegada era como un milagro cotidiano y simple. *FABIÁN MAGNOTTA 6 de marzo de 1994, en suplemento Cuadernos de Gualeguaychú, Diario El Argentino.
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