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» La Nacion
Fecha: 01/02/2026 12:00
Empleo 2026: los desafíos del trabajo formal en una economía que se comporta de manera dispar Las proyecciones anticipan otro año de expansión del PBI, aunque hay dudas sobre la reacción del segmento registrado; los especialistas advierten que, sin reformas que mejoren la productividad, los costos y la previsibilidad, habrá un impacto limitado - 11 minutos de lectura' El mercado laboral argentino ingresa en 2026 con señales mixtas y un rasgo que atraviesa todos los diagnósticos: la heterogeneidad. Después de un 2025 de rebote económico (el crecimiento habría sido cercano al 4,5% del PBI), las proyecciones de centros de estudios privados anticipan una expansión en torno al 3,5% para este año -según el último Relevamiento de Expectativa de Mercado (REM) recientemente publicado por el Banco Central (BCRA)-, con impactos desiguales sobre el empleo. La tasa de desocupación se mantiene contenida, pero el avance del número de ocupaciones se concentra en el monotributo, el cuentapropismo informal y la informalidad, mientras el empleo asalariado privado formal sigue sin lograr despegar. De acuerdo con los datos oficiales más recientes (tercer trimestre de 2025), el desempleo es de 6,6% de la población económicamente activa, tras disminuir 0,3 puntos porcentuales con respecto a igual lapso de 2024 y un punto en relación al trimestre previo. Sin embargo, también se registró un incremento en la tasa de informalidad, que pasó del 42,6% al 43,3% de un año a otro. Esto implica que las nuevas ocupaciones fueron mayoritariamente del segmento no registrado. El centro urbano con mayor nivel de desocupación fue Río Gallegos (Santa Cruz), con 10,8%. Le siguieron Gran Resistencia (Chaco), con 9,7%; Gran Rosario (Santa Fe), con 8,9%, y Santa Rosa (La Pampa), con 8,5%. El salario real, si bien mostró una recuperación parcial frente al piso de 2024, continúa entre 20% y 25% por debajo de los niveles de 2018 y 2023, lo que implica un ajuste que, según los economistas, funcionó como válvula de competitividad, pero también consolidó un mercado laboral frágil. En este contexto, las miradas de economistas, consultores y especialistas en derecho laboral coinciden en que 2026 será un año bisagra. Creen que la macroeconomía seguiría ordenándose, pero el desafío es si ese proceso logrará finalmente traducirse en más empleo formal, de mejor calidad y con mayor productividad. O, por el contrario, si la Argentina profundizará un esquema de crecimiento con bajo impacto sobre el trabajo registrado. El economista de FIEL, Juan Luis Bour, introduce una distinción clave entre empleo total y empleo formal. El primero puede crecer, pero el formal muestra una tendencia mucho más débil, sentencia. Grafica que el sistema financiero crece fuerte, pero emplea poco. Y detalla: Tiene unos 150.000 trabajadores sobre más de 6 millones de asalariados privados. El agro, por su parte, ocupa directamente a unas 300.000 personas, más allá del impacto en empleos indirectos. Repasa que el año pasado, con una economía creciendo cerca del 4,5%, el empleo aumentó apenas 1%. Había capacidad ociosa y eso explica parte de la brecha -dice Bour-. Sin embargo, la evidencia de los últimos 15 años marca que la mejora se concentró en el trabajo informal y por cuenta propia. La formalización que se ve es muy superficial. Si hubiera un régimen de contratación más flexible, eso podría cambiar; el actual sistema induce al empleador y al trabajador a relaciones más flexibles; el primero queda al borde de la legalidad y el segundo acepta para que lo contraten. Se termina por encubrir una formalidad muy superficial. A su entender, sin mejorar fuertemente la productividad y sin cambios profundos en el régimen laboral, el resultado es previsible: Puede crecer el empleo total, pero será más de lo mismo. Desde Idesa, Virginia Giordano ratifica que la productividad es muy baja, por lo que califica de urgente la necesidad de una reforma tributaria. Añade que la dinámica actual del empleo muestra señales claras de distorsión: No crece el asalariado privado, sino el cuentapropismo: gente que busca estrategias de autoempleo, porque las empresas no están generando puestos. Es un problema estructural que arrastra la Argentina y responde a un entramado de factores que exceden la coyuntura. De hecho, los números indican que el cuentapropismo que se expande es mayormente no profesional, con aumento de monotributistas en categorías bajas. La mala economía de los últimos años, la falta de previsibilidad y Justicias provinciales que muchas veces no acompañan por resoluciones que elevan fuertemente los costos laborales, generan un entorno adverso para contratar, señala Giordano. En especial, menciona la arbitrariedad normativa y la inseguridad jurídica, con fuerte peso de las decisiones judiciales en el ámbito provincial. Retoma el concepto de que los sectores más dinámicos en la creación de empleo aparecen claramente identificados y coinciden con los que actúan como motores del impulso de la actividad: energía, minería y el campo concentran buena parte del crecimiento y de las exportaciones, pero a la vez exhiben una restricción, son intensivos en capital y generan relativamente poco empleo directo. Crean mucho valor, pero no absorben grandes volúmenes de mano de obra, resume Giordano. Sectores más desafiantes El problema -y, en consecuencia, el mayor desafío- está en sectores como comercio, construcción e industria, que son los que históricamente generaban empleo. Los economistas advierten que con bajos niveles de actividad, altos costos laborales, presión tributaria distorsiva y baja competitividad, crear puestos es cada vez más complicado. En el caso del trabajo industrial, Bour aporta que, más allá de la coyuntura local, en todo el mundo el sector pierde peso en la creación de puestos por la competencia internacional, los cambios tecnológicos y las economías de escala. Los resultados de la Encuesta de Expectativas de Empleo de ManpowerGroup indican que, para el primer trimestre del año, 30% de los empleadores planea aumentar planteles, 18% espera reducirlos, 35% no prevé cambios y 17% no sabe. Luis Guastini, presidente & CEO de ManpowerGroup Argentina, describe que hay un cambio de tendencia, porque se venía observando que las expectativas estaban muy amesetadas, eran casi nulas. Los más optimistas son los que tienen mejores performances en su actividad -continúa-. Después están aquellos que atraviesan transformaciones digitales y de mercado, mientras que los más cautos son los vinculados con el consumo masivo, con la economía del día a día. Para la directora de Desarrollo Económico del Cippec, Paula Szenkman, este año la dinámica del empleo en los sectores tradicionalmente más intensivos en mano de obra estará vinculada a la velocidad de recuperación del mercado interno. El punto de partida es el mismo que surge de 2025, actividad mejor en términos interanuales, pero empleo formal con avance acotado y alta informalidad, lo que sugiere que la recuperación no necesariamente se canalizará a través de una expansión del empleo registrado. El economista Fernando Marull, de FMyA, ratifica que la realidad laboral es heterogénea, porque la recuperación económica también lo es y eso se replica cuando se ven datos tanto por actividades como por regiones geográficas. Hay ganadores y perdedores -describe-. Cuando la economía se recupera en dos velocidades, el empleo hace lo mismo. En los primeros dos años de la gestión libertaria hay alrededor de 400.000 puestos más, pero la creación viene sobre todo por el lado de independientes y por informalidad. Plantea que los sectores ganadores absorbieron parte de la mano de obra que dejaron los perdedores, lo que permitió que el desempleo no aumentara. Además, también la pobreza cayó, agrega. Marull proyecta que este año la economía crecería alrededor del 4% y a los ganadores de 2025 se les podría sumar la construcción, impulsada por más crédito, algo de obra pública y costos más estabilizados, así también ayudaría al empleo. El riesgo, reconoce, es que la mejora de la macro no llegue a la micro. Szenkman coincide con el diagnóstico y plantea que 2026 arrancó con algunas condiciones de base mejores, como una inflación menor (31,5% en 2025 tras el 117,8% de 2024), menores restricciones al comercio, la posibilidad de girar dividendos a matrices y señales de un compromiso fiscal más consolidado. Esos factores debieran dar una perspectiva más estable para la inversión y toma de decisión de las empresas, resume. Y proyecta una mejora gradual para el empleo, en la medida en que se sostenga el crecimiento previsto de alrededor del 4% del PBI. Para Szenkman, si ese crecimiento está apoyado en sectores exportables (agro, minería, energía), puede traccionar actividad y divisas, pero ser menos intensivo en trabajo. En cambio, si está más asociado al mercado interno (construcción, comercio e industria orientada al consumo), tiende a reflejarse más en puestos de trabajo. El CEO y socio de la consultora GhidiniRodil, Matías Ghidini, subraya que el empleo fue uno de los grandes temas de agenda en 2025 y seguirá siéndolo en 2026. El año pasado fue muy desafiante. El mercado encontró un piso, pero no creo que la recuperación sea rápida ni homogénea, al menos en el primer semestre -menciona-. Para que crezca de manera generalizada se necesita una reactivación más robusta y una reforma profunda. El desafío es cómo confluyen esos dos factores. También pone el foco en la educación, un aspecto del que, según señala, se habla poco, pero es central. La calidad es mala, lo observamos en las estadísticas y la orientación no coincide con lo que demanda el mercado, dice. Giordano coincide con ese análisis: Hace falta más capital humano, más gente con capacidades, eso es clave para tener mejores empresas, sentencia. Guastini comenta que hace unos meses realizaron un sondeo entre 40 líderes de empresas y académicos, del que surgió que la educación es un pilar que preocupaba a todos. Es vital para no tener escasez de mano de obra en el corto plazo y se ha convertido en un problema estructural en la Argentina y en el mundo, dice, y sostiene que el foco está en las habilidades demandadas, como el pensamiento crítico. Está la paradoja de muchos que buscan empleo y empresas que quieren contratar pero no encuentran las habilidades. ¿Alcanza con la reforma? Respecto de las modalidades alternativas de trabajo de las que tanto se habla en la actualidad, Ghidini cuestiona que hay ciertos mitos sobre las nuevas generaciones: No es cierto que no quieran trabajar formalmente. Lo que buscan es flexibilidad y esquemas menos rígidos. Reconoce que en toda América Latina está presente el problema de la informalidad y lo asocia con modelos productivos, de educación y sociales, pero destaca que un elemento clave para combatirlo es la baja de los costos de contratación y de los riesgos de juicios, cuyas soluciones deben ser encaradas con segmentación, atendiendo diferencias de empresa por tamaño y por región. Julián de Diego, abogado especializado en derecho laboral, coincide en que el marco normativo es un freno: La ley laboral es de 1975, fue pensada para una economía que ya no existe. La falta de modificaciones limita la capacidad de adaptación de las empresas en un mundo atravesado por la inteligencia artificial, la robótica y las nuevas formas de trabajo. Interpreta que la modernización laboral funcionaría como un esqueleto que fijaría reglas claras y duraderas. Las inversiones necesitan previsibilidad. En la Argentina cambiamos las reglas cada tres años, con avances y retrocesos -analiza-. También se destaca el capítulo de blanqueo laboral, que apunta a regularizar a millones de trabajadores no registrados mediante condonaciones, e incentivos como el del Fondo de Asistencia Laboral (FAL) que asegura que cobren siempre indemnización. Bour enfatiza en la necesidad de resolver los problemas existentes en torno al empleo temporario. Cualquier contrato corto se convierte en largo, están muy penalizados, dice. Considera que hay que atender las normas de países como Holanda o Japón, que cuentan con una legislación general rígida (aunque menos que la Argentina) y una flexible para las relaciones cortas. Es una forma de introducir un mecanismo clave para un ciclo económico muy volátil; si no, no responde el empleo, solo responde el informal, dice. Para poder ser competitivos hay que aggiornar partes del régimen laboral. De eso no hay dudas -manifiesta Guastini-, pero por sí sola no garantiza la creación de empleo. También juegan aspectos como más acceso al préstamo, una macro estable y actividad en alza. La modernización es una necesidad acompañada de otros factores. Comparte esa mirada Szenkman: Los principales determinantes del empleo siguen siendo el crecimiento económico y el nivel de productividad, y para eso es preciso avanzar en la agenda pro-productividad y competencia. Con ello, existe margen para que un marco laboral más moderno contribuya a mejorar la productividad y reduzca fricciones que hoy desincentivan la contratación y el registro, especialmente cuando la economía está creciendo. Sostiene que la normativa debe funcionar como marco general y piso de derechos, sin convertirse en un obstáculo para la producción y el crecimiento de las empresas, permitiendo la adaptación a las heterogeneidades propias de cada actividad. En materia de negociaciones colectivas, hay espacio para incorporar nuevas formas de organización del trabajo y cambios tecnológicos, permitiendo acuerdos compatibles con la realidad productiva de cada actividad, indica. La alta litigiosidad introduce incertidumbre sobre el costo esperado de contratar, especialmente para empresas pequeñas y medianas -suma-. Avanzar hacia definiciones más claras puede reducir la dispersión de fallos y mejorar la previsibilidad, favoreciendo relaciones laborales más estables y fortaleciendo la confianza. Últimas Noticias Ahora para comentar debés tener Acceso Digital. Iniciar sesión o suscribite
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