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  • El Gobierno, entre la silla vacía y la silla que se ocupa

    Gualeguaychu » El Argentino

    Fecha: 01/02/2026 09:13

    Por Natasha Niebieskikwiat En apenas 30 días, Milei planea viajar dos veces a los Estados Unidos. En febrero irá a Florida para participar de un evento en Mar-a-Lago, la residencia privada y centro de poder del republicano. En marzo, desembarcará en Nueva York para encabezar una semana dedicada a la Argentina organizada por el banco JP Morgan, uno de los principales interlocutores financieros del Gobierno libertario y una usina histórica de cuadros técnicos hoy instalados en el Ministerio de Economía. Serán los viajes número 13 y 14 de Milei a EE.UU. desde que llegó a la Casa Rosada, un récord inédito en tan poco tiempo. Habría que contar uno más desde que fue electo en noviembre de 2023. El dato confirma hasta qué punto el alineamiento incondicional a Trump y el mundo financiero estadounidense ocupan un lugar central casi excluyente en el accionar del Presidente. Ese alineamiento se da en el contexto de la profunda conmoción global que ha desatado la segunda presidencia de Trump, siempre autoreferencial pero buscando que los Estados Unidos refuerce su rol de potencia frente a una cada vez más competitiva China, que juega fuerte en todas partes del planeta. También en Argentina donde el comercio chino es arrollador. Milei y Trump son muy distintos en lo económico. El libertario aboga por el libre comercio y Trump por el proteccionismo. En todo caso, el republicano se parece más Lula da Silva, con quien finalmente logró establecer un diálgo fluido, a diferencia de lo que le pasa al argentino con el brasileño. La última coincidencia visible entre Milei y Trump fue reciente, en Davos, donde compartieron un saludo estrictamente protocolar y sin intercambio público. Allí, el Presidente argentino fue presentado como miembro fundador del Consejo de la Paz. Milei después dijo en el Museo del Holocausto de Buenos Aires que el Consejo de Paz de Trump -una suerte de incipiente rival de las Naciones Unidas- iba a impulsar los valores de Occidente y judeocristianos. Pero en el lanzamiento del Consejo, junto a Trump, hubo líderes y representantes de Arabia Saudita, Armenia, Azerbaiyán, Kuwait, Qatar, Marruecos, Hungría y Paraguay y escasa participación europea. En paralelo, el Gobierno insiste en que el acuerdo comercial con Estados Unidos está avanzado, aunque evita precisar fechas. En Balcarce 50 admiten que la negociación se trabaja en varios frentes y que el entendimiento se oficializaría por partes, con una apertura más profunda una vez sancionadas las reformas laboral y tributaria. Sin embargo, el clima interno dista de ser optimista. Generó malestar el reciente acuerdo de libre comercio que Trump firmó con Nayib Bukele, sin novedades concretas para la Argentina. A eso se sumó la preocupación por revelaciones del The New York Times sobre negociaciones para que la Argentina reciba inmigrantes deportados desde Estados Unidos. La hipótesis encendió alarmas por su impacto social y político. En la Casa Rosada no confirman contactos formales, pero tampoco los niegan. La Cancillería no realiza comentarios sobre conversaciones diplomáticas, se limitaron a señalar, mientras el propio Milei desmentía a su manera compartiendo críticas libertarias en X. El malhumor oficial se profundizó por el fracaso de gestiones reservadas en Colombia para lograr la excarcelación del gendarme Nahuel Gallo, detenido en Venezuela. La amnistía anunciada por Delcy Rodríguez el viernes reabrió una luz de esperanza, pero el episodio dejó huella. Milei dijo recientemente que quería liderar un bloque de diez países de derecha. Se lo dijo a CNN. Pero el Gobierno dejó una silla vacía de peso en el llamado Davos Latinoamericano, que se hizo la última semana en Ciudad de Panamá con auspicio de la CAF- banco de desarrollo de América Latina y el Caribe, y del que Argentina es parte. El foro reunió a 6.500 líderes y delegados de 70 países y se consolidó como uno de los principales espacios políticos y económicos de la región. Hubo siete presidentes presentes. Ningún líder ni representante importante de Argentina. En cambio hubo un Lula imperactivo. Tanto como el presdente electo de Chile, José Antonio Kast. Ambos se mostraron juntos a solas y en público para mostrar que las diferencias ideológicas no primaban a la hora de la integración de sus países y de las conveniencias políticas y económicas. Lo mismo con el presidente de Bolivia, Rodrígo Paz, en encuentros con ambos.

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