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  • Vacaciones 5 AM: quiénes son los turistas que se activan en la playa con la salida del sol

    » Clarin

    Fecha: 01/02/2026 07:51

    Son las cinco de la mañana y Pinamar todavía no despertó del todo. La calle que bordea la playa, esa misma donde durante el día se sacan fotos con las letras gigantes del nombre de la ciudad, está casi vacía. No hay música, no hay reposeras alineadas. Hay otra cosa: un grupo de personas que eligió cambiar el ritual del after beach del atardecer por el del amanecer, y así convertirlo en una nueva tendencia. En silencio, o con palabras medidas, se arma una escena que se repite cada vez más seguido. No es casualidad ni una postal aislada: vacaciones 5 AM en la costa atlántica. Levantarse cuando todavía es de noche para hacer algo que, hasta hace poco, parecía reservado solo para los más fanáticos del deporte o los devotos del denominado "club de las cinco de la mañana. Hoy, ese club crece y se diversifica. Durante años, el verano se organizó alrededor del sol. Detrás de este corrimiento también aparece una idea popularizada por libros y gurúes del bienestar que proponen empezar el día cuando la mayoría todavía duerme, aprovechar las primeras horas para moverse, pensar, entrenar o simplemente estar en silencio. No se trata solo de productividad, sino de apropiarse de un tiempo que suele estar libre de interrupciones, ruido y exigencias. En vacaciones, esa lógica se suaviza: ya no es una disciplina rígida, sino una invitación a habitar el día desde su primer instante. El after beach, el brindis al atardecer, la foto dorada frente al mar. Pero algo empezó a correrse. Tal vez sea el cansancio del ruido constante, tal vez las ganas de aprovechar el día de otra manera, o quizá la búsqueda de un bienestar más íntimo. Lo cierto es que, en Pinamar, cada vez más personas eligen madrugar para correr, meterse al mar, practicar yoga o salir a cabalgar cuando el sol recién empieza a asomar. Pablo Paz tiene 46 años, es de Salta y hace triatlón. Para él, la mañana no es un descubrimiento reciente, sino una forma de vida. Mi día arranca muy temprano, a las cinco. Salgo a correr cinco o siete kilómetros, depende cómo esté. Desayuno algo liviano y aprovecho que estoy de vacaciones para hacerlo todavía más temprano, cuenta mientras estira frente al mar. Si las condiciones lo permiten, también nada. Si el mar no estuviera tan picado y estuviera más tranquilo, nadaría, dice. Hace diez años que corre y desde 2025 sumó el triatlón, impulsado por amigos que ya lo practicaban: Es una gran combinación. Arrancar así te activa, estás mejor y después tenés mucho más tiempo. Yo, que vengo de Salta, acá me tomo toda la madrugada para hacerlo. Mariana tiene 41 años y corre todos los días a las cinco de la mañana. No soy atleta ni fanática del deporte, pero este horario me cambió la cabeza, dice, al tiempo que continúa con los estiramientos previos al running. Está de vacaciones en Pinamar y decidió mantener una rutina que ya practica en la ciudad. Aprovechar el viento A unos metros de distancia, bordeando las espuma de las olas que se deslizan por la arena de la orilla, donde el viento empieza a marcar el ritmo del día, está Candelaria Guerrero, también de 46 años. Ella llega antes de que salga el sol para hacer kitesurf. Nosotros dependemos del viento y de las condiciones del clima. Hoy justo soplaba temprano a la mañana y al mediodía baja, explica. Por eso, la cita es a las cinco en punto. Este deporte no se hace en soledad. Coordinamos todo en grupo. El kitesurf implica una vela, condiciones del viento, muchísimas medidas de seguridad. No es algo que aprendés solo, sí o sí tenés que tomar clases, aclara. A ella la trajo un primo, pero madrugar ya era parte de su rutina: Siempre fui de arrancar temprano, con o sin deporte. Si no es esto, a las cinco estoy entrenando o saliendo a correr. Lo súper recomiendo, pero te tiene que gustar la mañana. Si te cuesta levantarte, es imposible. Juan García también elige el amanecer desde hace cinco años. Empezó en plena pandemia y no paró más. Arranco a las cinco y días como hoy, con este viento, es espectacular. Aunque esté de vacaciones, está bueno levantarse temprano, hacer algún deporte y después arrancar la rutina, dice. Juan incorporó el concepto del "club de las cinco de la mañana" a su vida cotidiana: Iniciar temprano cuando todos descansan está bueno. Aprovechás, te movés un poco y después disfrutás el día de otra manera. No lo dice como una consigna rígida ni como una fórmula mágica, sino como una experiencia personal que, en la playa, encuentra su versión más amable. Yoga frente al mar Frente al parador Neruda, en Cariló. la postal cambia. Son las cinco de la mañana y empiezan a llegar personas con lonas, sábanas, toallas y, los más entrenados, con su propio mat de yoga. El sol todavía no se asomó por el horizonte y se sientan en fila, de cara al mar. Algunos cruzan las piernas, otros apoyan una mano en el pecho, otros miran expectantes el cielo. Silvina Lamorte, la instructora, toma la palabra y explica que encontrarse al amanecer combina el desafío de levantarse temprano con la posibilidad de contemplar la salida del sol en contacto directo con la naturaleza. Es un momento muy puro, distinto, dice y señala que observar los primero rayos de la mañana genera una sensación de regulación y bienestar en el cuerpo. Más allá de eso, destaca el valor de "animarse a hacer algo diferente, gratuito y cotidiano, pero que depende de cada uno: salir de la cama cuando casi todos duermen y compartir una experiencia que transforma el inicio del día". Cuando la actividad comienza, Silvina dice con voz calma: La propuesta es empezar a tomar conciencia del espacio. Invita a dejar los ojos abiertos, a buscar un punto en el horizonte, a observar las pinceladas del cielo, la fuerza del mar, las olas y el sol. Agradecer se vuelve el eje del encuentro: agradecer por levantarse de la cama, por la voluntad, por estar ahí, por cada respiración, por el aire puro, por la salud. Agradecer el poder transitar los grises y aceptar que no todo es azul y despejado. Aprender a transitarlos nos llena de flexibilidad, dice Silvina antes de retirarse y dejar a todos frente al amanecer. Cuando el sol finalmente aparece, algunos se emocionan. Otros cierran los ojos y se tocan el pecho, como si absorbieran la luz. Recién entonces empieza la clase de yoga, con el sonido del mar como único fondo. Pablo Portela tiene 49 años y hace tres años que practica yoga a esta hora. Siempre vengo a ver el amanecer y después hago yoga. Generalmente vengo solo, pero somos los de siempre: algunos turistas y otros que venimos seguido. Vale la pena levantarse tan temprano, asegura. Julia también es habitué de las cinco de la mañana. En mi cotidianeidad medito y arrancar a esta hora me pone muy bien. Te hace rendir mucho más el día, dice. A su alrededor, más de treinta personas comparten la misma experiencia. Para Katerina Freijeiro, de 38 años, fue la primera vez. Me pareció emocionante el momento en que sale el sol. La playa invita a hacer estas cosas. Yo medito y hago yoga, pero esto me pareció fascinante. Es una gran idea para incorporar a mi vida, cuenta en voz baja, como si no quisiera romper el clima. Un amanecer distinto La luz solar ya empieza a ganar terreno y los caballos avanzan por la arena. Milagros, Abril, Sebastián, Marcos y Juan Pablo son amigos de Tigre y eligen esta actividad desde hace tres años. Tienen entre 22 y 25 años, y buscan algo distinto a la postal clásica de la costa. La mayoría viene por la joda y la fiesta. Esto es otra cosa. Ver el amanecer a caballo es genial, dice Milagros. A las 4.40 de la mañana todavía es de noche. Cada persona espera callada al caballo que la va a llevar a recorrer médanos, bosque y orilla. Cuando todos están arriba, a las cinco en punto, empieza la cabalgata. No hay música ni indicaciones fuertes: el recorrido avanza envuelto en un silencio que transmite calma, apenas interrumpido por el sonido de los cascos sobre la arena húmeda y el golpe constante de las olas del mar. El amanecer todavía no se ve, pero ya se siente. Las cabalgatas duran una hora y media. El momento clave llega cuando los caballos pisan la arena mojada de la playa y el sol aparece sobre el mar. Más allá del clima, que a veces juega una mala pasada, es una experiencia increíble. Yo la volvería a hacer, suma Abril. Nahuel, dueño del lugar que organiza las cabalgatas, explica que originalmente eran nocturnas. Pero después de tantas consultas, sumamos la opción del amanecer. Cada vez viene más gente, asegura. Algo cambió en el verano. Tal vez no sea una revolución, pero sí un corrimiento. El disfrute ya no está solo en el final del día, sino también en su comienzo. En ese momento en que Pinamar todavía está en pausa y el mar parece hablarle solo a quienes se animan a madrugar. Vacaciones 5 AM: menos ruido, más tiempo, otra forma de estar de descansar y disfrutar. AA Sobre la firma Newsletter Clarín

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