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  • Actividad a dos velocidades: el desafío de recomponer las reservas

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    Fecha: 01/02/2026 05:46

    Durante gran parte de 2025, la actividad económica mostró señales de agotamiento, principalmente como consecuencia de la debilidad del mercado interno. Los ingresos reales se recuperaron de manera lenta, el crédito perdió dinamismo en los últimos meses y ni la tasa de interés ni el riesgo país descendieron lo suficiente como para impulsar de forma sostenida la demanda. A pesar de ello, el último dato de actividad correspondiente a noviembre de 2025 reflejó un crecimiento acumulado del 4,5% interanual para el año, explicado fundamentalmente por el arrastre estadístico que dejó el cierre de 2024. En este marco, 2026 comenzaría sin un arrastre significativo y, muy probablemente, con un crecimiento moderado, en torno al 2% anual. Últimos datos oficiales El Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) registró en noviembre una caída del 0,3% interanual, luego de 14 meses consecutivos de crecimiento, y una contracción del 0,3% mensual. Estos registros continúan confirmando la dinámica de dos velocidades de la actividad económica. Leé también: Tasas reales positivas como ancla en un proceso de desinflación prolongado Entre los sectores con mejor desempeño se destacan la Intermediación Financiera, con una expansión interanual del 13,9%, explicada por el mayor volumen de operaciones de agentes y sociedades de bolsa, y con la mayor incidencia positiva sobre el nivel general. También sobresalen Agricultura, ganadería, caza y silvicultura (10,5% interanual), junto con Minas y canteras, energía y algunos servicios asociados a actividades empresariales e inmobiliarias. Estos sectores explican gran parte del crecimiento acumulado del año, con niveles de actividad claramente superiores al promedio de 2024. En contraste, los sectores rezagados que continúan operando por debajo de los niveles previos incluyen a la Industria manufacturera (-8,2%), el comercio mayorista y minorista (-6,4%) y la construcción (-2,3%). A ellos se suma el sector de pesca, con una contracción significativa (-25,0%), aunque con menor incidencia relativa sobre el nivel agregado. El plano financiero La compresión de las tasas de interés en pesos observada tras las elecciones resultó excesiva y poco consistente con la evolución del resto de las variables macroeconómicas. La TAMAR promedió 56% TNA en las semanas previas a los comicios legislativos, un nivel elevado pero coherente con la mayor volatilidad cambiaria y la incertidumbre electoral. Tras la victoria del oficialismo, la tasa descendió hasta mínimos cercanos al 25% anual en diciembre. Si bien una reducción de tasas particularmente de las tasas activas es necesaria para reactivar la economía, el ajuste resultó desmedido frente a una nominalidad todavía elevada. Este descenso podría haberse convalidado ante una corrección a la baja en las expectativas de devaluación o inflación, algo que no ocurrió. Alternativamente, una compresión más profunda del riesgo país habría sido consistente con ese nivel de tasas, pero el indicador parece haber encontrado un piso transitorio en torno a los 550 puntos básicos. En este contexto, la variable que terminó ajustando fue la tasa de interés, que volvió a ubicarse en torno al 35% anual, un nivel más alineado con el resto de los precios financieros. En este escenario, el desafío y dilema se multiplica por tres: - retomar el sendero de desinflación - reimpulsar la actividad económica, virtualmente estancada desde febrero de 2025 - fortalecer el nivel de reservas internacionales, dada la posición patrimonial del BCRA y los compromisos en moneda extranjera previstos para 2026 y 2027. Hasta el momento, la estrategia había relegado este último objetivo, apoyándose en la hipótesis de que, una vez disipado el riesgo político, ingresarían flujos de capital financiero desde el exterior, permitiendo al Banco Central adquirir divisas y recomponer su balance. Sin embargo, el mercado comenzó a demandar señales concretas en este frente como condición para continuar reduciendo el riesgo país. De este modo, la acumulación de reservas dejó de ser un objetivo postergable y pasó a ocupar un rol central dentro del programa macroeconómico. Leé también: El frente financiero gana tiempo, pero el crecimiento sigue bajo presión En síntesis, para 2026 es esperable que persista la heterogeneidad sectorial, aunque sin indicios de una crisis generalizada. Incluso con un crecimiento moderado del 2% anual, encadenar dos años consecutivos de expansión constituiría un logro relevante para una economía que lleva más de quince años enfrentando un techo estructural. Hacia adelante, será fundamental que el Banco Central mejore su balance y otorgue mayor sustentabilidad al programa económico, reduciendo eventuales tensiones cambiarias, de modo de facilitar una mayor compresión del riesgo país y avanzar hacia el ansiado rollover de la deuda en dólares. (*) Federico Pablo Vacalebre es profesor de la Universidad del CEMA.

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