01/02/2026 06:57
01/02/2026 06:54
01/02/2026 06:46
01/02/2026 06:45
01/02/2026 06:33
01/02/2026 06:27
01/02/2026 06:15
01/02/2026 06:08
01/02/2026 06:08
01/02/2026 06:08
» TN
Fecha: 01/02/2026 05:41
Bautista Rojas tiene ocho años, una sonrisa luminosa y una voz que sorprende por su potencia y sensibilidad. Vive en Ituzaingó y canta como si el escenario fuera una extensión natural de su cuerpo. Pero su historia no empezó bajo las luces ni frente a un micrófono. Empezó en una sala de neonatología, con diagnósticos inciertos, respiradores, cirugías y un miedo que lo atravesó todo. Bautista nació con hernia diafragmática congénita, una patología poco frecuente que afecta a uno de cada 3000 o 4000 nacimientos. En su caso, una de las consecuencias fue que uno de sus pulmones no se desarrolló completamente. La noticia llegó de golpe, sin manual ni preparación. Leé también: Tiene 89 años, es profesora de inglés jubilada y vende sillitas de muñecas en la calle para llegar a fin de mes Nos enteramos cuando nació. Fue el momento más duro, una patología que no conocíamos, recuerda su mamá, Cintia. Está en la lista de enfermedades raras o poco comunes, no hay mucha información. La clínica donde nació Bau no estaba preparada para un caso tan complejo, por eso lo derivaron al Hospital Garrahan, al cual estoy eternamente agradecida. El Garrahan fue escenario de los días más difíciles. No solo por la fragilidad de su hijo recién nacido, sino por el clima que se respira en esos pasillos donde cada familia carga su propia batalla. Fueron los días más difíciles de nuestras vidas. Es muy duro estar ahí, no solo porque tenés a tu hijo luchando por su vida, sino por las demás familias que acompañan a sus hijos, cuenta Cintia a TN. Bautista creció entre controles médicos, internaciones y visitas al hospital. Pero también creció con algo que nadie pudo anticipar: la música. No apareció como terapia ni como plan, sino como un impulso natural. Bauti tenía dos años cuando agarraba un control remoto y lo usaba de micrófono, recuerda su mamá. Desarmaba juguetes para usarlos como instrumentos. No se entendía lo que cantaba, pero lo disfrutaba muchísimo. Leé también: Tiene 29 años, fue monje benedictino y hoy es tatuador: Busco a Dios de otra forma Durante un tiempo, ese juego fue eso: un juego. Hasta que dejó de serlo. A los cinco años, Bautista empezó a pedir clases de canto. Sus padres dudaban: era chico, pensaban. Pero un llamado cambió todo. Un día me llamó la maestra de música del jardín para decirme lo feliz que lo veía en esas clases y que lo lleváramos a canto. Empezó al poco tiempo y consideramos que fue lo mejor que pudimos hacer por él. Desde entonces, algo en Bautista se transformó. Bauti era súper tímido, cuenta Cintia. Desde que empezó a cantar, empezó a soltarse. En algunos lugares, como la escuela, sigue siendo un poco tímido, pero se sube a un escenario y se suelta completamente. Es como su lugar seguro. Él lo confirma con la simpleza de los chicos que saben exactamente lo que sienten. Cuando canto me siento feliz y seguro, dice. Para Bautista, la música nunca fue un pasatiempo. La música cura, nunca la sentí como un juego, siempre fue importante para mí. Pero cuando empecé a estudiar canto se hizo mucho más importante, porque desde muy chiquito quería ir. Leé también: Tiene 12 años, enfrentó una enfermedad, venció el bullying y recibió una inesperada ayuda de Bizarrap Del hospital guarda recuerdos fragmentados. No de las cirugías, porque era bebé, pero sí de los controles, de los viajes con su mamá y sus abuelos. Me acuerdo cuando iba a los controles, me llevaban mis papás. Cuando mi papá trabajaba, me llevaba mi mamá con mis abuelos Carlos y Ángela. Y yo corría las palomas, dice entre risas. Hace poco, ese recorrido tuvo un cierre esperado: La última vez que fuimos me dieron el alta. Uno de los momentos más importantes de su vida llegó gracias al canto. Bautista pudo cumplir un sueño que todavía le pone la piel de gallina. El día que canté en el homenaje a mi ídolo, Huguito Flores, canté con su banda, frente a su familia y la gente que lo ama como yo. Fue un momento re importante para mí. Su sueño, sin embargo, va más allá de los aplausos. Quiero ser un gran músico, tener mi casa y poder ayudar a mi familia, que tanto amo y que siempre están acompañándome. Cuando se le pide a Cintia una sola palabra para definir a su hijo, no duda. Guerrero. Porque desde el primer día peleó por vivir y me enseñó lo que es la verdadera fuerza. Cada paso que da, cada sueño que persigue o que cumple con tan solo ocho años, lo hace con una pasión enorme. Y agrega lo que desea que otros vean cuando conozcan su historia: Que vean al nene valiente que es, y el amor y la lucha que hay detrás de su voz. Bautista canta. Y en cada nota hay algo más que música: hay vida, hay coraje y hay un pulmón menos que nunca le impidió soñar en grande.
Ver noticia original