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  • Iván Carrino, de IC Consulting: La clave no es crear bienes manufacturados, sino crear valor

    Buenos Aires » Infobae

    Fecha: 01/02/2026 02:49

    El especialista, que avaló desde el inicio los pilares fiscales, monetarios y cambiarios del programa económico de Javier Milei, reconoció en diálogo con Infobae la desaceleración de la inflación y el repunte de la actividad en términos agregados, pero advirtió sobre el impacto de las importaciones y el cierre de empresas, en especial en las ramas textil y alimentaria. A pesar de que el Gobierno logró aprobar el primer Presupuesto en años y cumplió con pagos de deuda por más de USD 4.000 millones en los primeros días de enero, persisten nubarrones en la economía real. Los cierres industriales y la debilidad del consumo, en contraste con una mayor apertura y la eliminación de retenciones y regulaciones, concentran parte del debate. Frente a este escenario, Carrino detalla sus expectativas para el año y los desafíos que enfrenta la política económica. ¿Cómo evalúa el debut del ajuste de las bandas cambiarias por la inflación de los dos meses previos, con intervención del Banco Central dentro de esos límites? Creo que el cambio tuvo que ver con datos de inflación que no fueron tan buenos como se esperaba. Si hay una banda que se ajusta al 1% mensual pero la inflación da muchos meses por encima de 2%, entonces el techo está cayendo en términos reales y eso puede hacer que la cotización del dólar llegue al techo y el Banco Central tenga que comenzar a vender reservas. Este escenario no es muy deseado por nadie, entonces creo que la solución que se encontró fue que las bandas pasen a ajustarse al ritmo de la inflación. Por supuesto, todavía puede el dólar llegar al techo, o bien podría quedarse tranquilo en el medio. Al primer escenario le resto probabilidad. ¿Debería generar preocupación que, mientras el Banco Central compra reservas emitiendo pesos, el Tesoro intervenga comprando esas reservas para esterilizar pesos y pagar deuda? Bueno, de alguna forma es lo que ha venido pasando en años anteriores. En 2024 el BCRA compró USD 18.700 millones, y el Tesoro usó USD 15.200 millones para pagar deuda. En 2025 esa dinámica no fue posible porque el BCRA dejó de comprar reservas y hasta tuvo que vender. Pero en lo que va del año, el BCRA compró más de USD 1.150 millones, y las reservas brutas acumulan un aumento de USD 3.300 millones a pesar de que el Tesoro canceló deuda por casi el doble de ese monto. El problema de fondo sigue siendo el índice de riesgo país que todavía impide que Argentina normalice la refinanciación de los vencimientos de su deuda El problema de fondo sigue siendo el índice de riesgo país que todavía impide que Argentina normalice la refinanciación de los vencimientos de su deuda. Hasta que esta vía no sea posible, vamos a ver que el superávit fiscal primario se usa para comprar dólares y hacer frente a los compromisos de deuda. Y esos dólares se compran parte al mercado y parte al BCRA, sin por ahora reducir la acumulación de reservas internacionales. ¿Considera que el Ministerio de Economía y el Banco Central están reaccionando ante lo que marcan los mercados? En parte parecería que sí. Que vieron un clamor por la compra de reservas como una demanda genuina del mercado y entonces decidieron actuar. Tal vez lo mismo con el tema de las bandas, para evitar que el techo siguiera apreciándose en términos reales. Ahora ya que estamos con el tema del Banco Central y el Tesoro, a mí me gustaría ver una mayor separación entre ambos y una mayor transparencia. Por un lado, no se ha establecido, en ya más de dos años, un objetivo explícito de inflación. Por el otro, tampoco queda tan claro qué instrumento se utiliza. Se ha hablado de M2 Privado, de Base Monetaria Amplia, de Base Monetaria tradicional Finalmente, cuando uno mira las series que publica el propio BCRA, encuentra que gran parte de la explicación de la expansión o reducción de la cantidad de dinero está registrada bajo el nombre de otros o resto de operaciones con el sector público. Entonces: ¿Qué está pasando? Lo ideal sería que en el área monetaria se haga lo que se busca hacer en otros temas: normalizar las cosas, y para ello se necesita independencia del Banco Central Lo ideal sería que en el área monetaria se haga lo que se busca hacer en otros temas: normalizar las cosas, y para ello se necesita independencia del Banco Central, una política monetaria claramente expuesta, y rendición de cuentas con un informe mensual de objetivos, resultados y una conferencia de prensa periódica. Esto ayudaría a anclar expectativas. La reciente publicación del Informe de Política Monetaria (IPOM), -29 de enero-) es un avance en este sentido. Algunos economistas advierten señales de saturación en el plan de estabilización, porque la inflación mensual dejó de bajar y la actividad económica no muestra recuperación. ¿Cómo lo ve usted? A mí también me preocupa la aceleración de la inflación de los últimos meses de 2025. Por un lado, tiene que ver con lo que comentábamos más arriba. La política monetaria ha sido lo más raro de todo el plan de estabilización. Se dijo por mucho tiempo que no se emitía más dinero, pero entre 2024 y 2025 la base monetaria aumentó en $33 billones, multiplicándose por 4 contra diciembre de 2023. Entonces si decimos que no emitimos dinero, pero la inflación es 30% anual, rápidamente muchos van a decir que el monetarismo no sirve o que la inflación no es un fenómeno monetario. Tal vez sería mejor decir que se emite dinero por determinados motivos, y que eso puede generar un descenso más lento de la inflación. De todas formas y siguiendo un análisis que hice hace unos años con la economista Pamela Morales Jourdan también es cierto que en todos los países en que hubo éxito en la desinflación desde niveles similares a los que tuvimos nosotros en 2022-2023, el tiempo promedio fue de nueve años hasta llegar a una tasa de un dígito sostenida en el tiempo. Pero dado que en Argentina el resultado fiscal se corrigió de shock, es de esperar que baje mucho más rápido que el promedio de otras experiencias exitosas. En materia de actividad, lo que surge de los datos es que 2025 fue un año de recuperación, donde hay sectores a los que les cuesta más que a otros, como industria y construcción, que sufrieron mucho en 2024. Pero, por un lado, la economía necesitaba una reconfiguración: por muchos años se castigó a los sectores eficientes con precios máximos y se premió a los ineficientes con subsidios y proteccionismo. Eso no se puede arreglar sin costos de corto plazo, incluso si el gobierno fuera el más gradualista de los gradualistas. Por el otro lado, si la mayoría de la dirigencia política, y no solamente el gobierno, acepta ciertas premisas básicas como el valor del equilibrio fiscal, el valor de la disciplina monetaria, y el valor del sector privado para impulsar el crecimiento económico, este año podría ser el segundo año de un largo proceso de crecimiento y estabilidad para el país. Para reactivar la economía, y especialmente el empleo, ¿qué considera más relevante: una reforma tributaria o una reforma laboral? No tengo una respuesta sobre la relevancia, pero sí sobre la factibilidad. En primer lugar, me arriesgaría a decir que si se quiere arreglar un problema del mercado X, hay que empezar por corregir los defectos de ese mercado. En consecuencia, iría primero por la reforma laboral. Además, las regulaciones son pesos y mochilas distintas a las de los impuestos, pero pesos y mochilas, al fin y al cabo. En ese sentido, cualquier remoción de trabas debe ser bienvenida. Ahora en cuando a la factibilidad, es mucho más posible desregular un sector y así promover la iniciativa privada en él, que reducir más los impuestos en un contexto donde el margen fiscal tampoco es tan amplio. Es mucho más posible desregular un sector y así promover la iniciativa privada en él, que reducir más los impuestos en un contexto donde el margen fiscal tampoco es tan amplio A pesar del logro histórico de cerrar 2025 con dos años consecutivos de superávit fiscal primario, por la metodología oficial el superávit financiero el año pasado cerró en 0,2%. ¿Cuánta recaudación se puede sacrificar para bajar impuestos en el corto plazo? Claro, siempre se puede argumentar que se puede bajar los impuestos si se baja el gasto, pero ya hemos visto la resistencia institucional que existe para achicar el gasto público a pesar de las intenciones del presidente Milei. ¿La política de apertura económica impulsada por el Gobierno beneficia al consumidor, pero perjudica a la industria manufacturera? Como le decía antes, algo de esto podemos llegar a ver. El año pasado, por ejemplo, se duplicó la importación de vehículos automotores según el Indec. Claramente, muchos de estos vehículos son vehículos que el consumidor eligió en detrimento de otros de fabricación nacional y esto puede traer consecuencias negativas en esa industria en particular, o en algunos segmentos de dicha rama. Ahora bien, hay que aclarar que el crecimiento es desde niveles muy bajos, en 2025 se importó 12,4% por encima del promedio de 2010-2018, mientras que en 2023 se importaron autos 63,4% por debajo de dicho promedio. Además, históricamente las importaciones de autos representaron el 6% del total de importaciones, y si a esto le sumamos otros bienes de consumo, llegamos al 18 por ciento. Es decir, el 82% de las importaciones de Argentina son bienes de capital u otros insumos para la producción. ¿Qué quiere decir esto? Que sí, que algunas importaciones amenazarán a algunos sectores de la industria local, pero otras los van a potenciar, mejorar y hacer crecer más que antes. Por último, no se nos tiene que olvidar una regla económica elemental: todo lo que los consumidores de cualquier bien, insumo o de consumo final, se ahorren en la compra de ese bien, porque lo consiguieron más barato gracias a la importación, serán recursos que van a destinarse al ahorro, bajando las tasas de interés de los créditos, o a demandar bienes de otros sectores de la economía, que tendrán así un impulso. Es por esto que existe tanto consenso en la profesión y la academia a favor de la apertura comercial. El presidente Javier Milei afirmó que su gestión ya concretó 13.700 desregulaciones. ¿Esta dinámica se percibe más en la macroeconomía que en la micro? Hay una realidad con la micro, como suele llamarse al día a día del bolsillo de las familias. Si bien hay recuperación del salario real después de la caída de principios de 2024, todavía estamos en niveles lejanos a los de alguna vez en el pasado, como 2017 o 2015. Además, la necesaria actualización de tarifas hace que las familias hoy tengan menos ingreso para gastar en bienes de consumo, en retail o en esparcimiento, simplemente porque tienen que pagar el verdadero valor de servicios públicos como el gas, la electricidad, el combustible y el transporte. Pero el otro esquema era completamente insostenible. O sea que en el pasado por privilegiar la micro se destruyó la macro, y sin macro no hay futuro. En el pasado por privilegiar la micro se destruyó la macro, y sin macro no hay futuro" El debate sobre el nivel del tipo de cambio real parece haberse diluido entre los economistas. ¿Cree que el tipo de cambio actual permite competitividad a la producción nacional? Bueno, como le dije alguna vez, el tipo de cambio real, siempre y cuando sea un precio libre, es un precio relativo más de la economía. Y yo creo que el Gobierno no debe intervenir ad-hoc en los precios relativos de la economía. Hoy podría agregar a esto que el dólar oficial en la actualidad es lo más parecido a un precio libre de mercado desde el año 2019 al menos. Ya no hay restricciones para comprar para atesorar, se pueden girar dividendos del año pasado, las empresas pueden importar Es decir, casi no hay cepo, y lo que queda de él no tiene efectos sobre el precio del dólar, ya que no hay brecha. Lo que sí hay es un techo para la banda que está destinado a evitar saltos disruptivos pero sin restringir acceso a los mercados. Es decir, mediante la venta de reservas. No será el esquema de flotación más limpio, pero mientras el dólar está entre las bandas, está casi completamente determinado por las fuerzas de la oferta y la demanda. Y sobre la competitividad, hay que dejar de pensar que vamos a ser más competitivos con un precio más alto para el dólar. Hay que dejar de pensar que, si cierto número de personas viaja a Miami o a Brasil, son una amenaza para la macroeconomía. La competitividad se consigue con reformas estructurales, orden macroeconómico y menos impuestos y gasto público. Si se hace todo eso, la moneda local se fortalece, y no hay ningún problema con eso. Los países más ricos del mundo tienen moneda fuerte, no tipo de cambio real alto y competitivo. Algunos especialistas alertan sobre el riesgo de primarización de las exportaciones y una posible desindustrialización. ¿Cuál es su mirada? La desindustrialización es un fenómeno que ha ocurrido en todos los países desarrollados. En los Estados Unidos, por ejemplo, la industria manufacturera representaba el 25,4% del PBI en 1947. Sin embargo, en 2021 el dato había caído a solo 11% según el Banco Mundial. La desindustrialización norteamericana, sin embargo, no estuvo acompañada de un masivo desempleo ni de una caída del nivel de vida. De hecho, el PBI per cápita se multiplicó por cuatro en el mismo período, y también creció la esperanza de vida al nacer, pasando de 66,6 a 79,1 años. Hay que dejar de pensar que vamos a ser más competitivos con un precio más alto para el dólar Es que el valor que dejan de agregar la industria a la producción nacional, comienzan a aportarlo los servicios. Y esta deriva es un poco inexorable. Incluso Donald Trump con todas sus medidas proteccionistas no pudo evitar que se siguieran perdiendo empleos industriales. Desde su anuncio de los aranceles recíprocos se perdieron 72.000 empleos más en la industria manufacturera. Si consideramos la serie desde 2000, la destrucción de empleo industrial asciende a 4,6 millones. La pregunta que hay que hacerse entonces es, ¿Cómo es posible que, a pesar de esta destrucción, Estados Unidos tenga la tasa de desempleo en mínimos históricos? La respuesta es que la clave no es crear bienes manufacturados, sino crear valor. Y la economía libre sabe muy bien hacer eso, sin necesidad de proteccionismo estatal por el miedo a la desindustrialización. En 2025, las importaciones de bienes de capital mostraron un impulso relevante. ¿Qué impacto prevé sobre la productividad y la competitividad? Las importaciones de bienes de capital se incrementaron en 51,3% en dólares el año pasado, llegando a USD 15.000 millones, o el valor nominal más alto de toda la serie histórica. Es un dato a considerar, especialmente cuando se dice que no llegan las inversiones. Es cierto que no vemos grandes números de IED cuando miramos las estadísticas del Banco Central, pero sí podemos ver que hay un significativo ingreso de dólares a través de los créditos que están recibiendo las empresas privadas en el país, USD 14.000 millones entre enero y noviembre de 2025. Entonces uno podría decir que estos créditos se están destinando a comprar bienes de capital que vienen del extranjero. Y esos bienes de capital son los que, si resultan estar bien invertidos, aumentan la productividad de la economía. La forma en la que crecen los países es exactamente esta: aumentando la inversión que mejora la productividad No podría decir el impacto exacto que va a tener en el PBI en 2026, pero sí te puedo decir que la forma en la que crecen los países es exactamente esta: aumentando la inversión que mejora la productividad. El Gobierno no logró alcanzar los principales supuestos macroeconómicos del Presupuesto 2025 que no aprobó el Congreso, en particular en materia de inflación, PBI, tipo de cambio y saldo comercial. ¿A qué lo atribuye? Bueno, para poner un poco en contexto recomiendo a la audiencia una nota de Damián Di Pace donde muestra que, en los últimos años, los presupuestos siempre estuvieron bastante alejados de la realidad. Tal vez una particularidad de este año es que, si bien el Presupuesto quedó demasiado optimista respecto de los hechos observados, la tendencia fue similar. Es decir, mostraba un descenso de la inflación y una recuperación de la actividad económica. Esto, si bien no ocurrió en las magnitudes anticipadas, sí pasó, más allá de que tenemos más inflación y menor crecimiento. También habría que preguntarse qué habría pasado si la incertidumbre no se iba a las nubes en los dos o tres meses previos a las elecciones legislativas de octubre de 2025. Tal vez los números habrían sido un poco mejores. En cualquier caso, el tema de la inflación lo relaciono con lo que comentaba antes, los problemas de la política monetaria. ¿Qué expectativas tiene para 2026 y cómo observa los supuestos del Presupuesto? Bueno, claramente hay datos ahí que ya presentan un cumplimiento excesivamente difícil. El dólar hoy en el mercado cotiza ya en estos niveles, o sea que estaríamos proyectando un tipo de cambio que no se va a mover en todo el año. No digo que hay cero posibilidades de que ocurra, pero dada la inflación que aún es alta, me parece que tarde o temprano el dólar algo acomoda. A fin de año podría estar $1.500 o $1.550, igual subiendo menos que los precios. En materia de inflación, para cumplir con el Presupuesto, los precios deberían subir 0,8% mensual en todo el año, o sea que la tasa de inflación debería derrumbarse un 70% respecto de diciembre. A corto plazo no lo veo, aunque no descarto que, para el segundo semestre, si la política monetaria se vuelve más convencional y menos laxa, entonces veamos números por el estilo. Tras años (o décadas) de ignorar principios básicos de economía, lo que estamos atravesando y seguiremos atravesando por algunos años, es una transición que no va a estar exenta de costos Finalmente, el PBI sí va a seguir creciendo, pero condicionado, por un lado, a cómo avancen las reformas propuestas en el Congreso y, en segundo lugar, al contexto internacional, que está cada vez más preocupante con Trump, la Fed y el oro subiendo a su récord histórico. ¿Le gustaría agregar alguna reflexión final? Me ha llevado por todos los temas relevantes de la economía argentina actual, así que agradecerte por la entrevista. Finalmente, tal vez para resumir, decir que al margen de los matices que he marcado veo con buenos ojos el rumbo de la política económica del gobierno en general, pero sin dejar de reconocer que, tras años (o décadas) de ignorar principios básicos de economía, lo que estamos atravesando y seguiremos atravesando por algunos años, es una transición que no va a estar exenta de costos. Como diría Milton Friedman, no hay almuerzo gratis. Fotos: Adrián Escandar

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