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  • El mito del orden natural y la batalla contra las ciencias sociales | Análisis

    Parana » AnalisisDigital

    Fecha: 30/01/2026 13:00

    Javier Milei en Davos. Graciela Laura Mingo Días atrás, la Sociedad Argentina de Análisis Político de Argentina (SAAP) emitió un comunicado en el que destacó la labor académica y profesional tanto en el ámbito académico como en el empresarial que desarrollan politólogas y politólogos en nuestro país. El pronunciamiento se produjo en un contexto en el que el actual presidente de la Argentina, a través de la Oficina del presidente en la red social X, manifestó un claro menosprecio hacia las ciencias sociales en general y hacia la ciencia política en particular. La expresión utilizada fue: El desarrollo tecnológico y la investigación en asuntos estratégicos es la prioridad de la inversión en ciencia de este Gobierno, mientras se eficientizan los recursos a partir de la eliminación de gastos innecesarios en áreas sociales o politológicas. De este modo, resulta evidente la aplicación de un severo ajuste en el financiamiento del sistema universitario y científico, que impacta sobre el amplio campo de las ciencias sociales sin distinción entre disciplinas. A través de su declaración institucional, la SAAP junto a académicos y facultades del sistema universitario de todo el país advirtió que esta definición del presidente Milei constituye un enorme desacierto estratégico, ya que propicia soluciones parciales y desconectadas de la realidad social y del desarrollo sustentable y, por lo tanto, altamente ineficientes e ineficaces. Se trata, en definitiva, de una fragmentación del conocimiento en un contexto histórico en el que la complejidad del campo científico cumple un papel central en el descubrimiento e interpretación de nuevas formas de transitar y construir la vida los ciudadanos. El menosprecio fundamentalmente a la ciencia política volvió a manifestarse durante su intervención en el Foro de Davos, ante un auditorio reducido, cuando inició su discurso afirmando: Estoy aquí frente a ustedes para decirles de modo categórico que Maquiavelo ha muerto. Esta declaración, formulada sin sustento que la respalde, constituyó una reafirmación de su avanzada estigmatizante sobre las ciencias sociales. Cabe recordar que las bases de la filosofía política moderna se construyeron, entre otras ideas a partir del pensamiento de Nicolás Maquiavelo, quien vivió entre fines del siglo XV y comienzos del siglo XVI. En ese mismo discurso, y en un intento por denostar el ejercicio de la política y la intervención del Estado, el presidente recurrió a la frase atribuida al pensador florentino: el fin justifica los medios, expresión que no aparece formulada de ese modo en su obra central, El Príncipe. Desde el realismo político, Maquiavelo analizaba que la conservación del poder por parte de los líderes es un atributo que, posteriormente, es juzgado por la sociedad en función de los resultados obtenidos, sin una evaluación moral de los métodos empleados. Resultan evidentes las contradicciones que atraviesan la visión presidencial. Su formación en Economía pertenece, precisamente, al campo de las ciencias sociales, el cual al igual que las demás disciplinas sociales ofrece múltiples enfoques para analizar la realidad. Otra contradicción se observa en su referencia a la denominada batalla cultural, un concepto derivado del pensamiento de Antonio Gramsci (1891-1937), otro filósofo clave para la ciencia política, cuyas ideas han contribuido significativamente a la comprensión de los procesos de hegemonía y poder. Desde su perspectiva, sostiene la existencia de un supuesto orden natural basado en el libre mercado, concebido como eficiente en la producción, el crecimiento y la distribución de los recursos, y que, por lo tanto, no requeriría intervenciones externas por parte del Estado. Estas ideas, propias del neoliberalismo, entran en tensión tanto con el pensamiento de Maquiavelo como con los desarrollos de la ciencia política, disciplina que se nutre del análisis crítico de las relaciones de poder y aporta herramientas fundamentales para la comprensión y el fortalecimiento de las democracias. Sin embargo, desde una visión maniquea y moralizante, el presidente identifica en la teoría de la confrontación del enemigo a corrientes ideológicas que están en occidente como parte de una supuesta nueva agenda socialista, a la que presenta como las fuerzas del mal en Occidente, asociándola con las ciencias sociales, la política y los políticos que denomina la casta. En contraposición, reivindica de manera idealista al capitalismo como el único sistema no solo más productivo, sino también el único sistema justo. En síntesis, en su accionar político utiliza con vigor la motosierra no solo en el plano discursivo, sino también en los recortes implementados desde su asunción en el sistema científico y tecnológico, con un marcado menosprecio hacia las ciencias sociales. (*) Graciela Laura Mingo es licenciada en Ciencia Política, magister en Investigación Científica, ex rectora de la Universidad Autónoma de Entre Ríos (Uader), docente e investigadora.

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