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» Clarin
Fecha: 30/01/2026 08:22
Teléfono Horario La pizza porteña es un mundo con sus reglas, construidas a lo largo de un proceso histórico que forjó su carácter único. No es una burda imitación de la napolitana. Es una criatura, genuina y sincera, que atesora características propias. Una especialidad que tiene no menos de un siglo en el país y que marcó una huella profunda y perfectamente definida en el esqueleto gastronómico nacional. No es casualidad de que haya evangelizado a millones de personas a lo largo de su vida. Si uno tiene la paciencia de buscar registros fotográficos sobre su existencia en el Archivo General de la Nación se sorprenderá por la riqueza de imágenes que describen las pizzerías de la década del 30. La década dorada. El periodo en el que las pizzerías empezaron a radicarse en muchas zonas de la ciudad. La historia de Torino Norte Algunas de ellas llegaron hasta nuestros días. Ejemplos: Pin-Pun (1927), Banchero, Güerrin, Las Cuartetas, Pirilo (1932), El Cuartito (1934), Burgio y La Americana (1935), Angelín y La Mezzetta (1938). Son las pioneras que construyeron los dogmas. Masa esponjosa, hija de una fermentación impaciente horneada al molde o a la piedra. El queso, el gran protagonista, desbordante como la lava de un volcán. Cuanto más, mejor. Materialización de la abundancia que derrota el hambre y la pobreza. La salsa de tomate, simple y condimentada. Puntos de partida necesarios para la consolidación de las combinaciones más queridas: muzzarella, napolitana, calabresa, jamón y morrón, provolone y por supuesto la fugazzeta, una invitada de lujo. Para que no falte nada los pizzeros agregaron un toque personal: el chimichurri. Una pincelada de sabor sumada antes de que la pizza llegue a los comensales. En síntesis, porciones de historia y placer auténticamente argentinos. Cada barrio tiene sus pizzerías históricas, ancladas al paladar de los vecinos. Dos ejemplos: Villa Crespo y Paternal. El corazón geográfico de la capital del país. Cuna de pizzerías históricas como Angelín, Nápoles, Yatasto, Ferreiro, El Trébol y Torino Norte. Esta última fue inaugurada en 1968. Una de las tantas alianzas entre muchos socios fieles al tradicional esquema societario gallego. Su ubicación, en el cruce entre dos grandes avenidas (Juan B. Justo y San Martín) la transformó en un lugar de referencia de la vecindad. Qué comer en Torino Norte Grandes salones distribuidos sobre dos plantas. Mozos profesionales. El horno está a la vista. Su dragón encendido asegura temperaturas adecuadas para las pizzas de la carta. La variedad es enorme: cincuenta y un opciones divididas entre clásicas, sin mozzarella, rellenas, rústicas rellenas, gourmet, del maestro pizzero y calzones. La fainá es finita, tierna y dorada a la vez. La pizza de seis quesos fusiona con éxito masa de piso crocante (a la piedra), salsa de tomate, mozzarella, cheddar, fontina, provolone, reggianito y parmesano. Una bomba. La fugazzeta rellena es de manual. Al molde, masa esponjosa, queso desbordante, anillos de cebolla tiernos y quemados, y parmesano gratinado. La gramajo es una interpretación (al molde) que rinde homenaje a uno de los platos ineludibles del recetario porteño. Salsa de tomate, muzzarella, huevos gratinados, papas pay, jamón cocido, arvejas, morrones y perejil unidos en un abrazo calórico y sabroso. Terminar con la super copa helada payaso. Milagro de equilibrio vertical entre cinco bochas de helado, obleas, frutas y chocolate. Gran oferta de cafetería y de platos de cocina. Sobre la firma Newsletter Clarín
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