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» Clarin
Fecha: 30/01/2026 07:01
Funcionan como una versión recargada -y estudiada- del chino que vendía chucherías: ofrecen deco, maquillaje, ropa y vajilla de todo tipo de tamaños y modelos. Basta una recorrida por distintos puntos de la Ciudad de Buenos Aires para comprobar que en estos locales nada está librado al azar, desde la selección de los proveedores hasta la exhibición para el consumidor final. Cinco minutos para las 9. El sutil cartel negro a la izquierda de la persiana baja de DD-2 Center no le hace justicia a la categoría del negocio: Regalos. Mientras tanto, una cámara de cada lado apunta a las personas paradas en la vereda. La experiencia de compra empieza antes de que abran sus puertas por primera vez: los locales se alquilan a precios competitivos y se remodelan en 20 días o un mes. Entonces, las características finales de los locales son similares: pisos de porcelanato, techos altos con mucha iluminación y galerías que van de punta a punta. Ya son las 9. Casi no se percibe el ruido de las persianas de la sucursal del bazar chino que está en Recoleta. Permanecerán así hasta las 21. El mecanismo es de corrido: de lunes a lunes. Las jornadas largas son la regla. Solo el domingo es la excepción, cuando abren a las 12. A la derecha, una recepcionista -generalmente, mujer- aguarda junto al mostrador para hacer su tarea: colocar los bolsos de los clientes dentro de una bolsa plástica, para luego cerrarla con un precinto. Se trata de un sistema pensado similar al que usan empresas de hotelería y tiendas gastronómicas en distintos lugares del mundo. Además de garantizar seguridad, el sistema busca transformar el proceso de compra en un verdadero recorrido turístico. Por eso, estos bazares cuentan con un espacio de guardado tipo lockers para que el cliente tenga sus manos libres. Y al concluir la recorrida se le entrega un llavero con el número de identificación del bolso. Adentro, las más de 10 cámaras pasan desapercibidas: la variedad de oferta opaca cualquier intento de volver la vista hacia arriba. En el piso, montones de cajas abiertas esperan quedar vacías, mientras dos empleadas de la cadena, que tiene su casa central en Caballito, ordenan los productos en las góndolas. El trabajo es rotativo entre las tres sucursales porteñas que tiene la empresa. Ven tu potencial y te exigen. Cuando llegas al objetivo, te exigen más, cuenta una empleada. Su mirada respecto a la cultura del trabajo cambió: se adaptó a las jornadas laborales más largas. Ahora, no entiende el estrés de comerciantes de bazares más chicos. Compara con su empresa: Su sistema comercial está en otro nivel, manejan una organización que nos prepara y enseña a gestionar la cantidad de productos de tantos proveedores dice, sin dejar de stockear. Las góndolas presentan más diferencias que similitudes con los Todo por $2 que tuvieron su auge en los años 90 en Argentina. El punto común: están llenas. La distancia está en el modelo de negocio. No es lo mismo; encontrás cosas distintas, de buena calidad y para un segmento de clase media, explica a Clarín Fabián Castillo, presidente de la Federación de Comercio e Industria de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (FECOBA). En el corazón de Villa Urquiza el boom de los bazares chinos pisa fuerte desde el año pasado. En sus arterias principales se ubica, al menos, un local por cuadra. Evelyn, encargada del turno tarde de uno de ellos, cuenta que los dueños son de Beijing. Tiene instalado un traductor en su celular que usa para explicar que los dueños se encuentran fuera del país. Allí, la oferta también se asemeja a la de DD-2 Center. Una fuerte presencia de industria china -aunque también nacional-, productos genéricos y también específicos. Imitaciones por doquier, especialmente, de artículos que han logrado convertir su marca en el nombre del producto (como el vaso Stanley de litro dieciocho). Casi no se registran marcas conocidas internacionalmente. La zona del local determina el tipo de productos que ofrecerá la sucursal. En Caballito, el público compra más cosas kawaii que no se ven en otros lados, depende del tipo de gente que circula, cuenta la empleada de DD-2 Recoleta. En cuanto a la distribución, Castillo da otro ejemplo: Ponen perfumes árabes en punta de góndola porque están de moda y son accesibles. Los que más consumen FECOBA, desde centro de estudios CIPBA, analizó al público de estos bazares: La generación que tiene menos de 43 años representa un 72,8% del consumo. Entonces, no es casual que estos comercios chinos estén pensados al mejor estilo supermercado moderno. Esto tiene que ver con los hábitos de un nicho que espera encontrar todo en un solo lugar. Una oferta importante para los sub-43 se ve en las góndolas repletas de maquillajes y productos para uñas esculpidas o skincare. Pero aquí puede aparecer un problema. Muchas veces, los mismos comerciantes no saben que están ofreciendo un producto que no está controlado debidamente, explica Andrés Rodríguez, director de la Cámara Argentina de la Industria de Productos de Higiene Personal, Cosmética y Perfumería (CAPA). Desde CAPA señalan a estos bazares como uno de los sitios donde más se identifica la problemática porque en ellos abunda la oferta cosmética. Y sostienen que hay casos en los que no se pagan estudios de eficacia ni de irritación, ni tienen un depósito habilitado o un director técnico que se responsabilice por el producto. Y el efecto más importante de esto recae en la gente ya que algunos productos pueden ser potencialmente riesgosos. Mientras que otra contra del boom, de acuerdo a Rodríguez, es que las escalas de producción son impensadas. A su vez, estos bazares chinos conviven con otros negocios -cadenas de farmacias, bancos comerciales, centros culturales, tiendas de ropa, franquicias- y contribuyen a la formación de ejes comerciales a cielo abierto. Por el otro lado se encuentran los comerciantes argentinos que compiten con estos bazares. Matías (48) vende decoración y artículos para la cocina en la zona desde 1997. Parado detrás del mostrador, marca otra cuestión: Se pierde el valor real de los alquileres porque estas personas llegan dispuestas a pagar cualquier costo. Más allá de las diferencias y similitudes con el fenómeno de los ´90, este boom ya se instaló en Argentina, Uruguay, Chile y también pisa fuerte en Europa. AA Sobre la firma Newsletter Clarín
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