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  • Negros con hambre, gambetas y cobalto | Análisis

    Parana » AnalisisDigital

    Fecha: 29/01/2026 21:52

    José Luis Lanao Hubo un tiempo en que deambulábamos de un lado a otro por dentro de nuestro cerebro. Ahora también, solo que nuestros cerebros permanecen fuera del cuerpo; los hemos transferido al celular. De ahí que sea posible llevar el cerebro en el bolsillo, y en ocasiones perderlo, o que te lo roben. Lo de robar cerebros en las redes es bastante frecuente. Y lo que cuesta recuperarlo. Hoy el celular es nuestra conciencia. Lo sabe todo de nosotros. Sabe que vivimos para producir, consumir, para estar al día, para ser visibles, para no desaparecer. No hay mejor retrato del individuo contemporáneo que su cara iluminada por el resplandor azul de un celular. Su belleza simple sugiere al tacto y a la vista una perfección casi platónica. Un prisma de alabastro, translúcido y sin peso. La sangre va por dentro: tres gramos en un celular, treinta en una tablet. El Congo exporta negros con hambre, gambetas y la mayor parte del cobalto del mundo. Los negros con hambre entran en Occidente por agujeros ilegales o como productos cuquis del tablero diverso e inclusivo, junto a intersexuales y lesbianos con barba. Nadie quiere ver a negros harapientos y sudorosos que saltan como langostas las fronteras. Ni negros ansiosos de vivir, ansiosos de matar el hambre, ansiosos de pegarle un mordisco a la opulencia. Su deseo de vivir nos parece casi un delito, y como llegaron, piden que se vayan. Se los percibe como una amenaza biológica, como una plaga furtiva de mejillones cebras o mosquitos tigre. Los quieren lejos, cerca de su existencia infrahumana, como esclavos modernos, arañando la tierra con sus manos en busca de las manchas azules reveladoras del cobalto. Es que el mundo tiene sus prioridades; necesitamos estar conectados. Chancel Mbemba (Oporto) (AFP). La República Democrática del Congo también exporta gambetas. Grandes jugadores han militado, y militan, en las ligas del fútbol internacional: Aaron Wan-Bissaka (West Ham), Yoane Wissa (Brentford), Simon Banza (Braga), Chancel Mbemba (Oporto), Gael Kakuta (Sakaryaspor), Arthur Masuaku (Sunderland), Axel Tuanzebe (ex Manchester United-Burnley). No es un grupo que opte por el silencio. Quien más, quien menos ha denunciado la explotación salvaje que padece su tierra y sus conciudadanos. Una forma de devolverle al país lo que el fútbol les ha regalado: esa visibilidad mediática que se concede a los hombres exitosos. Mbemb -jugador de la selección nacional y del Oporto- expresó en más de una ocasión cómo el cobalto desangra su país. De tanto mirarnos en el celular, hemos abandonado ontológicamente al otro. Nos hemos olvidado de los desposeídos, de los que están sepultados bajo las tierras raras. Todo es tan abrumador que tenemos la sensación de que nada está en nuestras manos. Hay algo excesivo que fatiga en la realidad de hoy. Esa crueldad gratuita del hombre poderoso, del hombre de a pie. Como si la bondad fuese una deficiencia en el carácter, una insignia de perdedores. Y todo ocurre a plena luz del día. Sin pedir cuentas. Sin exigir responsabilidades, sin esa necesidad imperiosa de reaccionar ante la barbarie. Es como si fuera de la sombra hiciera más frío. (*) Exjugador de Vélez, clubes de España y campeón Mundial Tokio 1979. Artículo publicado originalmente en Página 12.

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