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Buenos Aires » Infobae
Fecha: 29/01/2026 13:00
El pasado 6 de enero marcó un punto de inflexión en la vida de Christian Petersen: luego de casi un mes de internación, el reconocido chef pudo finalmente regresar a su casa y empezar a reconstruir su rutina. Todo se habÃa desencadenado el 12 de diciembre, cuando una inesperada descompensación durante una exigente excursión al volcán LanÃn, ubicado en San MartÃn de los Andes, terminó convirtiéndose en una grave emergencia de salud y derivó en una larga hospitalización. Ya instalado en su hogar, y apenas unos dÃas después de recibir el alta, Petersen repasó lo sucedido y compartió su experiencia de recuperación. En una charla Ãntima con La Nación, el cocinero contó que la idea de escalar el LanÃn habÃa surgido después de un viaje previo a San MartÃn de los Andes, donde Petersen colaboró con una fundación liderada por su tÃo Tommy Petersen, Ãdolo de su infancia y figura en Los Pumas. La excursión, lejos de ser una travesÃa planificada para el silencio y el encuentro con uno mismo, lo sorprendió por la cantidad de gente y el bullicio, algo que no esperaba tras un año especialmente duro: la muerte de un socio, amenazas sindicales, mucho estrés y el peso de acompañar a su familia y su empresa en la adversidad. Fui a probarme con el LanÃn. Yo no lo conocÃa, aseguró, y enumeró su experiencia en la subida a los refugios de Bariloche y su entrenamiento fÃsico diario. Durante el ascenso, Petersen sintió que necesitaba bajarse. El guÃa lo convenció de seguir hasta la base, pero allà la ansiedad y la falta de aire se transformaron en un ataque de pánico y una sensación de claustrofobia. Me agarró entonces un me quiero bajar ya. Por suerte en el grupo me comprendieron. HabÃa una azafata de AerolÃneas, Julieta, que me calmó. Quizás me puse demasiado al lÃmite, quizás no me escuché, reflexionó el reconocido chef, que aprendió de la experiencia lÃmite y hoy recomienda hacerse chequeos más exhaustivos antes de intentar un desafÃo de ese tipo. Al llegar abajo, la prefectura notó su estado alterado y lo trasladó al hospital. Allà comenzó una odisea médica con una baterÃa de posibles sÃntomas en su cuerpo: intoxicación previa en Brasil, posible dengue o zika, un virus en el corazón, neumonÃa sin terminar de curar, estrés y la exigencia fÃsica de la montaña. Todo esto desencadenó una arritmia severa y el fallo multiorgánico. Petersen recuerda que lo pusieron en respirador y que, durante casi 30 dÃas, estuvo prácticamente sin registrar nada. Cuando despertó en el Hospital Alemán, ya en Buenos Aires, se encontró rodeado de su familia y amigos, quienes le transmitieron el amor y la energÃa que necesitaba en ese delicado momento. Me agarraron muchas ganas de vivir. Me desperté sintiendo mucho amor. Mi familia entraba mucho a la terapia a darme energÃas, recordó al respecto. En su relato, el cocinero agradeció especialmente al médico VÃctor Perrone, a los equipos médicos de San MartÃn y del Alemán, y al apoyo de colegas, amigos y empresarios que estuvieron presentes. Tengo todavÃa mil mensajes sin contestar. Médicos que se ofrecieron, empresas que me hacÃan pronto pago porque sabÃan que estaba internado. Nosotros tratamos de que siempre hable nuestro trabajo. Tenemos más de 56 años de trayectoria que empezó con mi madre. Yo ya llevo cuarenta, contó. También remarcó la importancia de dejarse ayudar: Mi llamado de atención es escuchar más a mi familia y cuidarme más. Tengo un chiste en mi casa, que tengo muy buenos consejos para los demás y no para mÃ. Lo que más aprendà es que tengo que ser más amigo mÃo, descansar, ir más despacio. Según el propio Petersen, la recuperación ha sido lenta y desafiante. Salà con mucha dificultad para caminar, con muchos temblores en la mano. Te dirÃa que al 5% de lo que soy fÃsicamente. Voy mejorando casi un 10% por semana. Ayer quise agarrar la bici y no la pude levantar, y yo hacÃa todos los dÃas 60, 70 kilómetros. Hoy estoy al 20%, aprendiendo a reeducar mis neuronas, mis nervios, mis músculos. Perdà casi 18 kilos, reconoció a poco tiempo de recibir el alta médica. Y continuó: Por suerte, tengo un gimnasio en casa y mis hijos entrenan conmigo. Trabajo menos, más tranquilo, y me tomo los fines de semana para descansar. Creo que estoy mejor que antes. Pero no tengo más rueda de auxilio. En su relato, Petersen sintió que habÃa tenido suficiente con su experiencia en el gran volcán cordillerano y negó la posibilidad de volver a intentar el ascenso. Las barrancas de San Isidro son las únicas montañas que voy a subir. Volvemos el año que viene, me dijo el guÃa. No vuelvo ni loco. Dejame al lado del rÃo, de la barranca. Confirmé que soy un camalote, sanisidrense a morir, destacó. A pesar de la exigencia y la pasión que siempre lo impulsaron, Petersen aprendió que la vida puede cambiar en un instante y que el verdadero éxito está en valorar cada dÃa, apoyarse en los afectos y aprender a cuidar de uno mismo. Su travesÃa en el LanÃn fue el lÃmite, pero también el punto de partida para una etapa en la que la salud, la familia y la gratitud ocupan el centro de la escena. Y en ese camino transita, en plena rehabilitación, disfrutando de los pequeños avances diarios y reincorporándose de a poco al trabajo. Disfrutando de la nueva oportunidad que le dio la vida.
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