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Parana » El Diario
Fecha: 29/01/2026 08:57
Desde un estudio en Buenos Aires (Argentina), el artista plástico venezolano Carlos Miguel Mendoza construye imágenes que obligan a detenerse. Sus obras, enfocadas en el hiperrealismo, producen un impacto visual en el espectador, que duda si observa una fotografía o un lienzo. Mendoza, de 67 años de edad, está radicado en Argentina desde hace varios años, es especialista en hiperrealismo y recibió un certificado con reconocimiento especial en la categoría Retrato por Art & Color 365, una revista dedicada a celebrar el arte y a los artistas, con su obra La serenidad de Tomasito. El nacimiento de un artista hiperrealista Su camino artístico, sin embargo, no responde al relato tradicional del talento precoz. Aunque el arte estuvo presente desde temprano en su vida, durante años convivió con otras responsabilidades profesionales. En Venezuela, sus primeros acercamientos a la pintura fueron autodidactas, basados en la observación y el estudio personal. La decisión de asumir el arte como camino profesional no fue repentina, sino consciente y madura, explicó Mendoza en una entrevista para El Diario. Su nacimiento como artista llegó en una etapa de su vida marcada por una certeza poco frecuente en el discurso artístico: No hay edad para comenzar de verdad. El hiperrealismo apareció en su camino como una forma de unir disciplina, observación y emoción. Una especie de diálogo silencioso entre obra y espectador se convirtió en el centro de la propuesta artística de Mendoza. Me interesa ese punto donde la imagen genera un primer impacto visual fuerte, eso que se conoce como efecto WOW, que luego invita a una segunda mirada, compartió. Acuarela, pintura y óleo Su proceso de trabajo es meticuloso y estructurado. Cada pieza comienza con una planificación rigurosa de composición, valores, luz y color, generalmente a partir de fotografías propias o cuidadosamente seleccionadas. En lo técnico, Mendoza trabaja con lápices de colores, acuarela, tinta y óleo, aunque uno de sus mayores desafíos ha sido el hiperrealismo en acuarela, ejecutado mediante micropinceladas y un control absoluto del agua. Es una técnica exigente, sin margen de error, pero ofrece una sutileza y una transparencia únicas. Cuando uno entiende que el proceso es parte de la obra, la disciplina deja de ser una carga, dijo. En la experiencia de Mendoza, esa exigencia técnica se traduce en largas jornadas de trabajo, sostenidas por una disciplina que describe como casi meditativa. En cuanto a los temas, su obra se mueve entre el retrato y la naturaleza muerta contemporánea. Los rostros que pinta no representan a una persona específica, sino una expresión, una presencia que el espectador puede sentir a primera vista. La migración sumada a la experiencia artística La experiencia migratoria también atraviesa su mirada y así su obra. Vivir en Buenos Aires le permitió reconstruirse, personal y artísticamente, como él mismo lo mencionó. La migración te vuelve más observador, más sensible a los detalles, dijo Mendoza, quien añadió que en su obra, ese tránsito aparece de forma silenciosa en los climas y en las pausas». El artista venezolano actualmente desarrolla una obra personal y proyectos editoriales bajo Arte 360, donde integra pintura tradicional, educación artística y tecnología. A futuro, espera profundizar en el óleo hiperrealista y en técnicas mixtas, con una intención clara: inspirar a otros a reinventarse creativamente. Me gustaría que el espectador se lleve una experiencia de pausa y conexión en un mundo que avanza a velocidad constante, yo propongo detenernos a mirar, concluyó Mendoza.
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