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  • Bonsái: cómo cultivar desde cero tu propio arbolito con técnica japonesa

    » La Nacion

    Fecha: 29/01/2026 08:53

    Lejos de ser una rareza oriental o una práctica inaccesible, el bonsái es una forma profunda de vincularse con la naturaleza; te enseñamos a tener el tuyo La palabra bonsái proviene del japonés y significa literalmente bon (bandeja) y sai (cultivar). Más que un tipo de planta, es un arte: el de cultivar árboles y arbustos controlando su tamaño mediante técnicas específicas trasplante, poda, pinzado, alambrado para recrear escenas de la naturaleza en escala reducida. Un punto clave: el bonsái no es una especie, ni un árbol genéticamente pequeño. Es un árbol común que se mantiene en dimensiones acotadas gracias al trabajo constante del cultivador. Y siempre se entiende como un todo: árbol y maceta forman una unidad inseparable. Cultivar un bonsái va mucho más allá de lo ornamental. Es una práctica que invita a observar, esperar y acompañar los ritmos naturales. Regar, podar, controlar su crecimiento y responder a sus necesidades genera una conexión directa con el mundo vegetal y tiene un efecto concreto sobre el bienestar: relaja la mente, reduce el estrés y ayuda a estar presente. El bonsái no es una especie ni un árbol genéticamente pequeño: es un árbol común trabajado con técnicas que controlan su crecimiento. Aunque su tamaño sea pequeño, nunca deja de ser un árbol. Entender esto es fundamental para aprender a cuidarlo. Diseños que evocan paisajes Existen distintos estilos y diseños de bonsái, todos inspirados en la naturaleza: árboles modelados por el viento, ejemplares que crecen en laderas, troncos retorcidos por el paso del tiempo. El especialista observa los gestos del árbol y, a partir de allí, imagina su forma futura. Más que una técnica ornamental, el bonsái es una práctica de observación, paciencia y vínculo con lo vivo. Cómo empezar una colección de bonsáis No hay una única manera de iniciarse. Existen métodos tradicionales y contemporáneos, algunos más lentos y técnicos, otros más accesibles para principiantes. - Desde semillas (misho) Es uno de los caminos más gratificantes, ya que permite un control absoluto desde la primera etapa. Sin embargo, requiere paciencia: pueden pasar al menos cinco años antes de contar con un ejemplar listo para comenzar a modelar. - A partir de esquejes (sashiki) Muy popular entre aficionados. Consiste en utilizar ramitas o estacas que se colocan en tierra para que desarrollen raíces. Es un método rápido y económico para obtener nuevos árboles. El sustrato inorgánico más utilizado es la puzolana, una piedra volcánica que se consigue en el sur de la Argentina. Su porosidad permite mantener un nivel ideal de humedad y favorece el desarrollo de microfauna benéfica. - Por acodo En este caso, una rama desarrolla raíces sin separarse inicialmente de la planta madre. Una vez enraizada, se corta y se obtiene un clon idéntico. El acodo aéreo aprovecha la capacidad de muchas especies de emitir raíces si se dan las condiciones adecuadas. - Desde una planta de vivero Es el método más rápido y uno de los más usados hoy. Se parte de un árbol relativamente grande y se lo transforma. Saber elegir es clave: los mejores ejemplares suelen estar en sectores poco transitados del vivero, donde los árboles crecen más libres, son más viejos y tienen troncos gruesos y formas interesantes. Una regla útil: el ancho de la base del tronco multiplicado por seis da una proporción armónica de altura futura. Por ejemplo, una base de 4 cm dará un bonsái de unos 24 cm de alto. Cómo cuidar un bonsái - Dónde ubicarlo Aunque vivan en macetas, necesitan sol, aire, lluvia, frío y calor. Balcones, terrazas, jardines o incluso una ventana bien orientada pueden ser lugares adecuados. Eso sí: las temperaturas extremas pueden afectarlos. En verano, el sol fuerte y el calor excesivo; en invierno, las heladas. En esos casos, conviene resguardarlos temporalmente y devolverlos a su lugar habitual apenas pasa el riesgo. Si se cultiva correctamente, un bonsái puede vivir tanto o más que un árbol en la naturaleza. No es una práctica rápida ni inmediata: es tiempo, observación y aprendizaje constante. - Cuánto regarlo Un buen bonsái necesita un sustrato que drene muy bien. El agua debe llegar a las raíces sin quedar estancada, ya que el exceso de humedad puede pudrirlas. Se riega cuando la superficie del sustrato comienza a secarse, siempre de forma abundante, hasta que el agua salga por los orificios de drenaje. La clave del riego no es la frecuencia fija, sino aprender a leer el sustrato y el momento justo. La frecuencia de riego varía según la estación, el clima y la actividad del árbol: puede ser varias veces al día en verano o cada dos o tres días en invierno. Lo ideal es usar una regadera de agujeros finos y, si es posible, agua de lluvia. Si se utiliza agua corriente, conviene dejarla reposar al menos 24 horas para que el cloro se asiente. - Cómo podarlo La poda es una herramienta fundamental para construir la forma del bonsái. Poda de formación: se realiza en reposo vegetativo, a fines del invierno. Permite eliminar ramas mal ubicadas y definir la estructura. Poda de mantenimiento: se deja crecer y luego se corta. Cuando una ramita tiene 7 u 8 pares de hojas, se corta dejando 2 o 3. En cortes grandes, conviene usar pasta selladora para favorecer la cicatrización.

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