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» La Nacion
Fecha: 29/01/2026 08:52
El historiador Roberto Arias Malatesta reconstruye la guerra que no fue y explica por qué el conflicto quedó casi borrado de la memoria popular - 15 minutos de lectura' Fue el mayor despliegue militar argentino en el siglo XX. Cerca de 300 mil soldados fueron movilizados. La Flota de Mar (centrada en el portaaviones ARA 25 de Mayo, con cinco cruceros y cuatro submarinos) amenazó con entrar en el Pacífico y la Fuerza Aérea cruzó en más de una oportunidad la frontera sobre la Cordillera de los Andes. Había un plan ofensivo listo para ponerse en marcha. Y un nombre clave: Operación Soberanía. Nunca antes, como en diciembre de 1978, el país estuvo tan cerca de declararle la guerra a Chile. El evento marcó la geografía y la política de ambos países. En charla con LA NACION, el historiador y teniente coronel Roberto Fabián Arias Malatesta revela detalles desconocidos de la guerra que no fue. Un conflicto de larga data -Los problemas limítrofes con Chile marcaron gran parte de la historia Argentina. -Argentina y Chile comparten una de las fronteras más largas del mundo, casi 5000 kilómetros, y eso siempre fue una fuente de fricción. El punto de partida moderno es el Tratado de Límites de 1881, que definió el mapa que conocemos hoy. Ahí Chile reconoció implícitamente que la Patagonia oriental, es decir de este lado de la cordillera, era argentina. El criterio general era que la frontera debía seguir las altas cumbres y las aguas, pero en 5000 km hay lugares donde las cumbres van por un lado y el agua por otro, lo que generó pequeños problemas constantes. En 1898, hubo una crisis previa muy grave, que casi termina en guerra, por unas diferencia en la Patagonia y en el norte, la Puna de Atacama, pero se resolvió con mediación británica y el famoso Abrazo del Estrecho entre los presidentes Roca y Errázuriz. Se hicieron unas enmiendas al tratado, aunque la tensión siguió latente. -Más cerca en el tiempo, en 1965, tuvimos el incidente del Lago del Desierto. -Exacto. Carabineros -que cumplen un rol similar a la gendarmería- entraron en Santa Cruz y montaron un retén en una estancia. El dueño de la estancia viajó hasta Rio Gallegos para denunciarlos. Illia, que en ese entonces era el presidente, decidió enviar a la Gendarmería para defender la soberanía y en el incidente murió el teniente Merino Correa, que es el prócer de los carabineros. En 1991, con Menem, hubo también un arbitraje sobre el asunto. -Entonces, ¿cuál fue el detonante que llevó a los dos países al borde del abismo en 1978? -El foco del conflicto fue el Canal de Beagle. El Tratado de 1881 establecía que las islas al sur del canal eran chilenas, pero nunca se precisó con claridad por dónde pasaba el canal. Con el tiempo, esa falta de definición se volvió clave. En 1971, ambos países solicitaron un arbitraje al Reino Unido y se formó una corte integrada por cinco jueces de diferentes países. En 1977, el laudo adjudicó a Chile las tres islas en disputa: Picton, Nueva y Lennox. -¿El problema eran las islas? -No. Las islas son, en términos prácticos tres piedras grandes. El problema era la proyección marítima que Chile trazó a partir de esa decisión. Automáticamente Chile decretó que eso les daba 200 millas de mar continental, proyectándose hacia el Atlántico en línea recta y, sobre todo, hacia la Antártida. Para la argentina, eso implicaba aceptar un recorte del mapa. Y ningún gobierno argentino, fuera militar o civil, podía aceptar que le cortaran el mapa de esa manera y perder el acceso a los recursos antárticos, por lo que Argentina declaró nulo el laudo en enero de 1978. El 25 de enero de 1978, la Argentina rechazó el laudo sosteniendo que era inválido y que la decisión adolecía de defectos graves y numerosos. Entre los fundamentos del rechazo se enumeraron: la distorsión de la posición argentina (atribuirle argumentos que no sostenía), que el tribunal se habría pronunciado sobre cuestiones no sometidas a arbitraje (excediéndose en sus atribuciones), además de contradicciones y vicios de interpretación, junto con errores geográficos e históricos y una falta de equilibrio al valorar pruebas y argumentos de las partes. El despliegue militar -¿Después de la declaración de nulidad, ¿se intentó una salida diplomática? -Sí. La propia Corte Arbitral dijo: arréglenlo ustedes en forma bilateral. Y Argentina impulsó esas reuniones: hubo una en Santiago de Chile y otra en Buenos Aires. El problema fue que Chile se mostró intransigente. Argentina incluso llegó a proponer soluciones parciales, como aceptar que las islas fueran chilenas, pero Chile no cedía en lo central: el mar y la proyección. -¿Qué pasó cuando falló la diplomacia? -Comienzan las declaraciones cruzadas y las bravuconadas de ambos lados. Frases como los vamos a invadir, vamos a conquistar Santiago, vamos a tomar champagne en el Pacífico. Y del otro lado lo mismo: que vengan, los vamos a reventar. Incluso aparece esa frase famosa de que a los argentinos les ganamos con cuatro ventiladores, como diciendo que los argentinos eran puro papel. Pero no eran solo discursos, esas bravuconadas venían acompañadas de alistamientos y demostraciones de fuerza. -¿Qué papel jugó el poder militar en ese contexto? -Ninguna política diplomática puede ser efectiva si no hay un brazo armado detrás. Nadie se sienta a negociar si no ve músculo. En ese momento, la Argentina se encontraba en una posición relativamente ventajosa desde el punto de vista numérico y tecnológico, producto de un proceso largo de fortalecimiento que venía del Plan Europa y de gobiernos anteriores (comenzó durante el gobierno de Onganía). Chile, en cambio, atravesaba una situación más complicada: venía de una crisis económica y además tenía restricciones para comprar armamento por el embargo impuesto por Carter. No le vendían armas y apenas repuestos, lo que hacía que muchas unidades estuvieran fuera de servicio. Eso los obligó a improvisar y a recurrir a vías alternativas de adquisición. Argentina, no tenía ese problema, recién en 1977 llegó el embargo de Jimmy Carter y siguió comprando material moderno a Europa. -¿Cuánto influyó en la escalada del conflicto que ambos gobiernos fueran militares? -Bastante, había halcones y palomas. Sectores del gobierno más duros y otros más moderados. Videla era una paloma. No quería la guerra y era más consciente del costo: se manejaban proyecciones de veinte mil muertos en la primera semana. Los que impulsaban el conflicto eran otros: Luciano Menéndez, Carlos Suárez Mason, Massera, Galtieri... los que eran bravos. Ellos eran los halcones y querían la guerra. -¿Se subestimó a Chile? -Sí, se los subestimó. Chile tenía un plan defensivo muy claro. Sabían que Argentina iba a ser el país agresor y basaban su defensa en dos cosas: la voluntad y el amor a la patria, porque iban a pelear en su propio territorio, y el conocimiento del terreno. No es lo mismo el que pelea defendiendo su tierra que el que está atacando. Los chilenos conocían muy bien la zona, sabían por dónde íbamos a pasar y tenían los pasos preparados, alineados y minados. Aunque Argentina tenía una ventaja numérica y tecnológica -teníamos portaaviones, submarinos, nuestra fuerza aérea era más poderosa- los chilenos no retrocedían. Eran gente dura, preparada para resistir en un terreno muy complicado. Además, en esa época, no había tecnología para hacer inteligencia electrónica ni satelital: iba a ser una guerra muy parecida -tal vez un poquito superior- a la Segunda Guerra Mundial, mucho espía y escuchar las radios. De la escalada a la Operación Soberanía -¿En qué punto se cruza el umbral? -Cuando a las bravuconadas se suman los movimientos reales. Chile tenía un mando más vertical, pero la Argentina era como un pulpo con varias cabezas. Cada comandante de cuerpo manejaba un sector del país y un mini ejercito propio. Entonces empezaron los movimientos, la Armada por su lado, la Fuerza Aérea por el suyo, el Ejército por otro... Mientras, se compraban municiones de ambos lados. En mayo de 1978 comienzan los grandes alistamientos y las demostraciones de fuerza ante la prensa. Según Malatesta, una de las demostraciones de fuerza más significativas fue el ejercicio de Pampa Olaen, en Córdoba: En una sola mañana se tiraron 2700 paracaidistas. ¿La idea del mensaje? Demostrar que Argentina podía poner una brigada donde quiera en una mañana". -¿En que momento las amenazas y los ejercicios dejan de ser una amenaza y se convierten en una preparación concreta para la guerra? -El 5 de octubre de 1978, cuando se ordena la movilización general. Gran parte de las tropas se despliega hacia la frontera. Hay fotos de los tanques y camiones movilizándose. Se movilizaron entre 270 y 300 mil hombres. Para esa fecha llegó a haber tres clases incorporadas (54, 55 y 56) es decir el triple de soldados. Cobos, el exvicepresidente de la Nación, era subteniente de reserva, muy jovencito, y lo llamaron. Nunca las Fuerzas Armadas tuvieron ese nivel. Y comienza la crisis. Entre las anécdotas que Malatesta reunió aparece la logística, a veces improvisada pero enorme, de la movilización. Un oficial le contó que, para evitar que los blindados se rompieran en la ruta, se cargaron los tanques en vagones de ferrocarril y en dos días de viaje estaban descendiendo en la estación Quemú Quemú (La Pampa). Otra historia retrata el armado: había pocos tanques, el principal era Sherman, modernizado, y un coronel le contó que le ordenaron recorrer todo Entre Ríos, pasar por todos los regimientos y levantar todos los blindados disponibles. Así juntó once tanques bajo su mando para enviarlos al sur. El despliegue no fue solo de tropas, sino que también hubo cocinas rodantes, carros aguateros y abastecimiento por puntos logísticos y ferrocarril, señal de que la preparación apuntaba a sostener las fuerzas durante un tiempo, no simplemente una demostración simbólica. A la par, marca Malatesta, Chile también se preparó: reforzó los pasos y minó el terreno. Gran parte de Llanuras de Diana (al sur de Río Turbio) está minado y continúa así, porque desminar es muy costoso. Si uno conduce por la ruta 9 chilena puede ver los carteles de advertencia del terreno minado y tiene triple alambrado, dice. -¿En que consistía la Operación Soberanía? -Era un plan puramente ofensivo. Había cuatro frentes definidos y un quinto alternativo. En el norte, las tropas tenían la misión de cubrir para impedir el paso de los chilenos. Se preveía la posibilidad de que los peruanos y bolivianos atacaran a Chile y Argentina tenía que actuar como contención, para evitar que los chilenos entren al país y ganen territorio para negociar. En el centro, Mendoza y San Juan, la idea era avanzar directamente hacia Santiago y poner en riesgo la capital. En el sur, Neuquén y Río Negro, estaban los ejes principales: el Agrupamiento General Las Heras al mando del General Luciano Cachorro Menéndez -el más poderoso- debía cortar a Chile por la mitad. Y el eje del general Vaquero, por las llanuras de Diana, entraba hasta Punta Arenas. No había un objetivo físico puntual: la idea era conquistar la mayor cantidad de terreno posible para cuando interviniera Naciones Unidas negociar desde una posición de fuerza. La Armada debía llegar al Cabo de Hornos, pasar al Pacífico y destruir la flota chilena. Además estaba la Compañía Leopardo, unos 200 hombres en 14 helicópteros, para tomar las tres islas por asalto aéreo. -¿Las islas estaban habitadas? -En teoría estaban deshabitadas... en teoría. Pero el comandante de la Armada chilena, como una demostración de voluntad, destinó a su propio hijo al mando de una compañía para defenderlas. El momento crítico y la resolución -Se dice que estuvimos a minutos de los primeros disparos. ¿Qué pasó el 21 y 22 de diciembre de 1978? -La tensión era insoportable. Las flotas ya estaban en contacto de radar y hubo incidentes muy cerca de la frontera. Un avión chileno de patrulla marítima empezó a seguir a la flota argentina y un caza argentino, un A-4, despegó para interceptarlo. Conocí oficiales que me contaron que cruzaron la frontera... pero hubo contacto entre las dos fuerzas. Algunos dicen que hubo enfrentamientos, pero es más que nada un mito, un runrún, porque no hubo enfrentamiento directo. -Se dice que las fuerzas aéreas de los dos países cruzaron repetidamente la frontera. -Hacía varios días que las fuerzas aéreas de ambos países venían realizando operaciones de tanteo y fintas, para medir la reacción del otro lado y poner en alerta: llegaban hasta la frontera, amagaban que iban a cruzar y se volvían. Hay anécdotas, hubo entrenamientos en los que el comandante de la escuadrilla decía crucemos y cruzaban. Incluso hasta hicieron simulacros de ataque sobre columnas chilenas. Dicen que en el primer pasaje los chilenos saludaban pensando que eran aviones chilenos hasta que venían los colores de la bandera. Una inconciencia total. También está documentado que hubo una presencia, un submarino debajo de la flota argentina que atacaron con torpedos, pero nunca hubo contacto. Dos aviones F5 chilenos volaron sobre Buenos Aires como demostración de fuerza, algo que el público general no supo en su momento. Pero algunos grandes empresarios y diplomáticos buscaron refugio en la embajada de los Estados Unidos, que antes estaba en el microcentro, y tenía un búnker subterráneo. Pero era una paranoia porque para hacer un daño real a la ciudad se necesitan al menos 50 aviones. Argentina tenía los Canberra, aviones específicos para bombardear ciudades, que Chile no tenía. Además, a los habitantes de San Juan, Mendoza, Neuquén y todas las localidades del sur, Defensa Civil los preparaba para saber cómo reaccionar frente a un ataque: les enseñaron técnicas de oscurecimiento, como tapar las ventas, pintar las luces de los autos... Y les dijeron cómo armar equipos de supervivencia. En Río Gallegos, en el edificio que hoy es sede la universidad, el techo estaba pintado con una cruz rojas. Y toda la gente sabía que era el refugio antiaéreo. -¿Cómo se logró frenar a los halcones que querían la guerra? -Hubo una lucha interna en la junta argentina. Los halcones querían la guerra, subestimando a Chile y pensando que se resolvía en una semana. Pero el general Videla sabía que las proyecciones hablaban de 20.000 muertos en la primera semana. Entonces, al ver que perdía el control, que la situación se le escapa de las manos, manda una comunicación al nuncio apostólico, el embajador del Vaticano, diciendo que la operación estaba prevista entre el 21 y 23 de diciembre. Allí pide que el Papa por favor, intervenga. Juan Pablo II reacciona y manda al cardenal Samoré, que llega a tiempo para frenar el conflicto. Además hubo manifestaciones de la gente a favor de la paz, acompañados por la prensa y el ánimo popular se empezó a desinflar. También hubo un factor clave: se desató un gran temporal en la zona del Cabo de Hornos, y eso complicó las operaciones navales. Se perdió la sorpresa, se perdió esa ventaja. Con todo eso junto, se terminó frenando. Y en enero de 1979 comenzaron otra vez las negociaciones. Fue la decisión más sensata, a ninguno de los dos les convenía esa guerra, más allá de las eventuales muertes, no estaban preparados económicamente para sostener una batalla. Malatesta subraya que la paz fue un éxito de Videla. A tal punto él estaba convencido de su postura que llegó plantear la posibilidad de pedir su pase a retiro. De hecho, a partir de 1979 Videla aparece de saco y corbata y se nombra a Viola como Jefe del Ejército, agrega. Las consecuencias -Finalmente no hubo guerra, pero ¿cómo afectó esto a la relación con Chile? -Las consecuencias fueron profundas. Todo el poder militar que Argentina preparó para Chile terminó usándose en Malvinas en 1982. De hecho, durante la guerra de Malvinas, las mejores tropas y equipos argentinos se quedaron custodiando la Patagonia por miedo a que Chile aprovechara para atacar. Y Chile hizo lo que haría cualquiera en su lugar: pensó el enemigo de mi enemigo es mi amigo y ayudó a los británicos. Salió beneficiado, porque Argentina quedó muy debilitada después de la guerra. En 1984, bajo el gobierno de Alfonsín, se hizo un plebiscito donde el pueblo, cansado y con la sangre caliente por Malvinas, votó masivamente por el Sí a la paz, aceptando básicamente las condiciones del laudo original y cediendo las islas definitivamente. -¿Podemos decir que el conflicto terminó ahí? -Se modificó el mapa, pero se trasladó a la Antártida. Hoy, el sector antártico en disputa es el Argentino-Chileno-Británico y está superpuesto, como una pizza donde tres personas quieren la misma porción. La disputa por el agua potable, hidrocarburos, recursos será el próximo gran conflicto mundial, y todo lo que pasó en 1978 fue solo el primer capítulo de esa pelea por los recursos del futuro. -¿Por qué se conoce tan poco sobre Operación Soberanía? -Se perdieron muchos documentos y otros fueron destruidos. Es un hecho histórico que solo se puede reconstruir llamando a los protagonistas. ¿Usted dónde estuvo?, ¿qué orden le dieron?. Es una historia que hay que armar con testimonios y fotos sueltas. Además, quedó contaminada por haber sucedido durante el Proceso de Reorganización Nacional. Pero, más allá del gobierno, en mi opinión se hizo lo que cualquier gobierno hubiese hecho: nadie quiere pasar a la historia como el que dejó que le cortaran el mapa.
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