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  • IA: el debate Karp vs. Claude

    » Clarin

    Fecha: 29/01/2026 06:31

    En Davos, Alex Karp, CEO de Palantir, lanzó una frase que suena a sentencia. La IA destruirá los trabajos de humanidades. Si estudiaste filosofía en una universidad de élite, dijo tomando su propio caso, más vale que tengas otra habilidad, porque eso será difícil de vender. En otra entrevista fue todavía más crudo. El graduado brillante con conocimiento general pero sin una destreza específica está en problemas. El futuro, concluye, es vocacional. Pero hay un problema en su diagnóstico. Mientras algunos CEOs anuncian la obsolescencia de las humanidades, otros que también empujan la frontera de la IA escriben constituciones para resaltar sus principios y trazar las fronteras entre lo aceptable y lo dañino. Para comprobarlo basta leer la Constitución de Claude, el modelo de Anthropic. Es un texto moral y político, inseparable de las humanidades. Pone en el centro la virtud y la sabiduría, la honestidad, el rechazo a la manipulación, el respeto por la autonomía, el cuidado del bienestar y la necesidad de supervisión humana. Incluso contempla la posibilidad de que estos sistemas algorítmicos, de una complejidad que ya parece escapar a nuestra comprensión, merezcan nuestro respeto y cuidado. Un lector con formación humanística reconocerá la influencia de Aristóteles, Kant y Alasdair MacIntyre. Queda claro que para los líderes de Anthropic la IA necesita una arquitectura de valores y un lenguaje de responsabilidad para que sea útil y beneficiosa. No debería sorprender. Cuando una herramienta amplifica decisiones a escala planetaria, el problema central deja de ser producir texto o código y pasa a ser decidir qué fines persigue ese poder, bajo qué límites y con qué responsabilidades. De ahí surge una batería de dilemas sin respuesta obvia que ningún modelo puede resolver solo. Requieren necesariamente de respuesta humana ya que la IA no debería aportar el juicio ni fijar los parámetros de su uso. ¿Qué sesgos toleramos en un modelo que intermedia empleo, justicia o crédito? ¿Qué significa cuidar sin paternalismo? ¿Cómo distinguimos persuasión legítima de manipulación? Todos estos interrogantes han sido, desde siempre, el territorio de las humanidades. Es obvio que harán falta técnicos, baterías, e infraestructura. Pero también necesitaremos personas formadas con la capacidad de interpretar, de deliberar, de proyectar, y de gobernar. El futuro, entonces, no es humanidades versus oficios, sino más bien una proliferación de roles híbridos que puede incluir el diseño responsable de productos, ética aplicada, regulación, comunicación pública, educación, cultura organizacional, mediación de conflictos, evaluación de impactos. La destreza distintiva será la habilidad de sostener conversaciones difíciles sobre fines, límites, derechos y sentido. Muchas veces se dice que las humanidades son un lujo, hoy son una necesidad. Tendrán que funcionar como el sistema inmunológico de la modernidad. Sobre la firma Newsletter Clarín

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