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  • No buscamos reproducir estereotipos ni espectacularizar los cuerpos, sino crear imágenes honestas y situadas

    Buenos Aires » Infobae

    Fecha: 29/01/2026 01:40

    Cuerpas Reales, Hinchas Reales es un colectivo internacional de fotógrafas que registra el fútbol desde una mirada feminista, situada y colectiva. El proyecto documenta la pasión de las hinchas en todas las edades y roles, tanto de quienes acompañan y sostienen a sus clubes desde las tribunas, los barrios y las casas, como de aquellas que los habitan desde adentro del campo de juego. A través de la fotografía se construye un archivo vivo que visibiliza experiencias históricamente relegadas y amplía las formas de narrar el fútbol contemporáneo. El colectivo está integrado por 88 fotógrafas activas distribuidas en 11 países de América Latina y Europa. Cada integrante representa a un club y trabaja desde su propio territorio, aportando una mirada singular que, en conjunto, conforma un relato diverso, intergeneracional y sin jerarquías. El proyecto registra el fútbol en su dimensión cotidiana: los rituales que se heredan, los afectos que sostienen la pasión y los cuerpos que permanecieron fuera del encuadre de la narrativa tradicional. El origen del proyecto está ligado a una experiencia personal de su creadora, Erica Voget, fotógrafa argentina e hincha de Gimnasia y Esgrima La Plata. En 2019, durante la llegada de Diego Maradona al club, Voget decidió dirigir su cámara hacia la tribuna y registrar aquello que no estaba siendo contado: cómo vivían el fútbol las mujeres y las disidencias, desde la emoción, la memoria y la pertenencia. Ese gesto inicial dio lugar a una práctica colectiva que se expandió durante la pandemia y se consolidó como una red internacional basada en el trabajo colaborativo. Voget nació en La Plata en 1981 y se desempeña como fotógrafa documental, calígrafa y docente universitaria. Su formación combina fotografía, derechos humanos y perspectiva de género, con una trayectoria sostenida en proyectos documentales y educativos. Es profesora de Fotografía en la Universidad Nacional de La Plata y cuenta con experiencia en la coordinación y dirección de equipos fotográficos. Como directora técnica del colectivo, impulsa una ética de trabajo centrada en el cuidado de los vínculos, la construcción colectiva del archivo y la fotografía como herramienta de memoria y posicionamiento político. ¿Cómo nació el colectivo y en qué momento personal y político sentís que se volvió inevitable que existiera? El origen del proyecto está ligado a una escena muy concreta. El día que Diego Maradona llegó a Gimnasia. El estadio y la ciudad estaban atravesados por una emoción desbordada. Yo estaba ahí con la cámara, pero también con mi propia historia: soy hincha del Lobo desde chica y fui deportista del club desde los seis años. Volver al Bosque no fue solo registrar un acontecimiento, fue volver a un espacio que forma parte de mi identidad. Mientras Maradona entraba a la cancha, mi atención se fue hacia las tribunas. A los cuerpos que suelen quedar al margen de la narrativa oficial. Ahí apareció una pregunta ¿cómo se vive el fútbol desde las mujeres y las disidencias cuando no estamos en el centro de la escena? Esa inquietud personal coincidió con un momento social y político muy claro: la fuerza de los feminismos, la discusión sobre derechos y representaciones, y la necesidad de revisar relatos históricos. En ese cruce, el proyecto se volvió inevitable. -¿Qué imágenes del fútbol quedaron históricamente fuera del encuadre y por qué era necesario empezar a mirarlas desde otro lugar? -Durante mucho tiempo quedaron fuera del encuadre las escenas cotidianas del fútbol: la vida en las casas, los rituales, los afectos. Cuerpas Reales, Hinchas Reales surge justamente para construir esas otras imágenes y ampliar el relato desde un lugar más íntimo. Al mismo tiempo, hubo una representación que sí estuvo siempre presente: la de los cuerpos de las mujeres mostrados desde una lógica sexualizada. Durante décadas especialmente en los años 90 los medios redujeron la figura de la hincha a un rol decorativo, al deseo, a la mirada masculina, más que a la experiencia real de ser hincha. Esa insistencia no solo fue limitante, sino que dejó fuera una enorme diversidad de cuerpos, edades y formas de habitar el fútbol. Correrse de esa mirada fue una decisión consciente. Apostar por imágenes honestas, de cuerpos reales y diversos, es una forma de ampliar la historia del fútbol, no de reemplazarla. En un ambiente atravesado durante décadas por una lógica masculina, ¿qué tensiones, resistencias y transformaciones aparecieron cuando las mujeres y disidencias tomaron la cámara y la tribuna? Desde nuestro lugar como fotógrafas, se sentía que era el momento de hacerlo. Más allá de las experiencias individuales, había una preparación colectiva como hinchas y como mujeres y disidencias dentro del fútbol. Cuando cambiaron quienes registran, cambió el relato: aparecieron formas de narrar más ligadas a la experiencia, la memoria y lo afectivo, sin competir con la épica tradicional. Tomar la cámara y ocupar la tribuna fue dejar de ser observadas para pasar a construir discurso. En quienes miran también aparecen resistencias. A muchas personas les cuesta incluso entrar en el proyecto a partir del nombre que nos representa, que no es inocente. Así como cuestionamos la imagen histórica de las mujeres en el fútbol, también decidimos corrernos de la norma al nombrarnos. Esa incomodidad es parte del sentido. ¿Qué significa construir un archivo futbolero desde una ética feminista y colectiva, y qué diferencias introduce frente a los relatos tradicionales del deporte? No se trata solo de reunir imágenes, sino de construirlas de manera colectiva, cuidando los vínculos, respetando las historias y asumiendo que ninguna mirada es neutral ni individual. Las fotos no compiten entre sí ni buscan jerarquías: dialogan, se acompañan y se sostienen unas a otras. Cada fotógrafa aporta desde su territorio, su club y su experiencia, y es esa diversidad la que fortalece el conjunto. Desde una ética feminista, el archivo funciona como una herramienta de memoria y de cuidado. No buscamos reproducir estereotipos ni espectacularizar los cuerpos, sino crear imágenes honestas y situadas, que den cuenta de cómo se vive el fútbol en lo cotidiano. Es una forma de decir: estuvimos, estamos y dejamos registro, juntas. ¿Cómo dialogan en el proyecto la pasión futbolera, la militancia feminista y la fotografía documental sin que una anule a la otra? Conviven sin anularse. La emoción por el fútbol está presente y no se disimula. El feminismo aporta un marco de reflexión y posicionamiento. Y la fotografía funciona como herramienta para observar, registrar y compartir sin forzar un mensaje único. El proyecto no busca convencer, sino generar preguntas y abrir conversaciones. ¿Qué aprendieron del trabajo en red durante la pandemia y de qué manera ese origen marcó la identidad actual del colectivo? La pandemia nos obligó a reorganizarnos y a confiar en el trabajo conjunto a la distancia. Lo que iba a ser una muestra puntual en el estadio encontró su forma en lo virtual y, desde ahí, se abrió a lo colectivo. Estábamos aisladas, pero sabíamos que había una red que sostenía. La convocatoria a otras fotógrafas surgió como una necesidad. Ese crecimiento espontáneo transformó una experiencia local en una red amplia, diversa y basada en el intercambio, y esa manera de trabajar sigue siendo una marca del proyecto hasta hoy. Somos distintas y somos iguales fue una frase que nos acompañó desde el inicio. En plena pandemia, el proyecto fue para muchas una forma de encuentro y de sostén. La emoción que circulaba en los encuentros virtuales y WhatsApp fue muy fuerte e inolvidable: cada una aparecía con su camiseta, desde su casa, desde su territorio. Nos íbamos contando a quien retratabamos, su historia, fotos con celu. Con el tiempo, esos vínculos se trasladaron al plano presencial, en las exposiciones y encuentros, confirmando que lo que nació a la distancia tenía cuerpo, afecto y comunidad. Hoy el proyecto reúne fotógrafas de distintos países y contextos sociales. ¿Qué une esas miradas y qué matices aparecen según cada territorio? Nos une la fotografía como lenguaje común y como herramienta sensible para mirar el fútbol. La imagen es nuestro punto de encuentro: desde ahí compartimos una forma de observar. Los matices aparecen en los contextos sociales, culturales y geográficos de cada territorio. No se vive ni se habita el fútbol de la misma manera en todos los lugares, y esas diferencias no se corrigen ni se unifican: son parte del valor del proyecto. Cada fotógrafa trabaja desde su realidad, su club, su barrio, y eso amplía el relato colectivo. Conocer y compartir esas miradas es, de alguna manera, estar viajando todo el tiempo. ¿Cómo se transforma la idea de hinchada cuando se la observa desde lo íntimo, lo cotidiano y lo doméstico, lejos del estadio y del espectáculo? Se vuelve más compleja y profunda. Deja de ser solo multitud para convertirse en una historia compartida. Al mirar la hinchada desde lo íntimo y lo cotidiano aparece el fútbol como parte de la vida diaria: en la casa, en los recuerdos que se heredan, en los rituales que se repiten. Así se entiende que el fútbol no es solo espectáculo, sino un vínculo afectivo que acompaña y se vive como un integrante más de la familia. En una época de consumo rápido de imágenes, ¿qué valor tiene detenerse en la fotografía como acto de memoria y resistencia? Para nosotras, frenar es una decisión. La fotografía te obliga a parar un poco, a mirar mejor y a quedarte con una imagen más tiempo del que el ritmo actual propone. En un mundo donde todo pasa rápido y se consume y se descarta, la foto sigue siendo un lugar para la memoria. Es una manera de decir: esto importa, esto merece ser mirado, guardado y recordado. Pensando en el largo plazo, ¿qué les gustaría que este archivo diga dentro de veinte o treinta años sobre el fútbol y sobre quienes lo habitaron? Que muestre que las mujeres y las disidencias siempre formaron parte del fútbol, aunque durante mucho tiempo no hayan sido reconocidas. Que dé cuenta de la diversidad de formas de habitar este deporte y que funcione como punto de apoyo para nuevas generaciones que sigan ampliando el relato. Podés seguir la evolución del proyecto en su cuenta de Instagram.

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