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Buenos Aires » Infobae
Fecha: 29/01/2026 01:30
En las profundidades heladas del Ártico y la Antártida, donde el suelo permanece congelado durante miles de años, una transformación silenciosa ha comenzado a alterar el equilibrio del planeta. La actividad de los microbios en las regiones polares está impulsando la liberación de carbono y acelerando el cambio climático, según una revisión internacional liderada por la Universidad McGill. Los autores plantean cómo el deshielo está despertando a una vasta comunidad microbiana cuyos efectos ya se perciben más allá de los paisajes glaciares. El estudio, publicado en Nature Reviews Microbiology y financiado por el Consejo de Ciencias Naturales e Ingeniería de Canadá, la Canada Research Chair Program y la Agencia Espacial Canadiense, destaca que los microbios presentes en glaciares, permafrost y hielo marino están mostrando una actividad sin precedentes a medida que las temperaturas aumentan en los polos. Según explicó Scott Sugden, coautor de la investigación y miembro del Laboratorio de Microbiología Polar de la Universidad McGill: Sabemos que estos cambios tendrán consecuencias significativas no solo para el ciclo global del carbono, sino también para las comunidades humanas, la seguridad alimentaria y económica, y la liberación de toxinas. El reporte reveló que el calentamiento global está acelerando el metabolismo microbiano, lo que deriva en una mayor descomposición de la materia orgánica almacenada en el suelo. Este proceso libera gases de efecto invernadero como el dióxido de carbono y el metano, dos de los principales responsables del calentamiento atmosférico. El deshielo libera carbono y contaminantes La revisión de la Universidad McGill integró datos de entornos árticos, antárticos, alpinos y subárticos, localizando un patrón común: en suelos congelados, la actividad microbiana está limitada por la temperatura y la escasez de nutrientes. Cuando el deshielo afloja esas restricciones, los microbios se activan y el ciclo del carbono se acelera. De acuerdo con el estudio, el deshielo de los suelos también implica una amenaza adicional: la liberación de contaminantes como el mercurio, almacenados durante siglos en el permafrost. Estas sustancias pueden desplazarse a través de ríos y redes tróficas, con efectos que trascienden las fronteras polares. El equipo halló que, además de la temperatura y los nutrientes, otros factores como la disponibilidad de oxígeno y la humedad de los suelos tras el deshielo pueden alterar de manera significativa el comportamiento de las comunidades microbianas. Si los paisajes descongelados se vuelven más húmedos o secos, los procesos de liberación de carbono pueden modificarse de forma imprevisible. A pesar del avance en la comprensión de estos mecanismos, la microbiología polar sigue siendo un campo reciente. A diferencia de otros campos, donde se puede observar una especie documentada a lo largo de siglos, no tenemos un horizonte temporal tan amplio. Nuestros primeros datos datan de principios de la década del 2000, subrayó Sugden. Esta limitación dificulta la proyección precisa de los impactos a largo plazo del cambio climático en los ecosistemas polares. Tres desafíos para la investigación científica El estudio identificó tres obstáculos principales que restringen el monitoreo y la comprensión de estos procesos: - La investigación se concentra en regiones accesibles con infraestructura establecida, dejando grandes extensiones del Ártico y la Antártida poco estudiadas. - El clima extremo y la luz diurna limitada restringen el trabajo de campo durante el invierno polar. - La financiación a corto plazo suele limitar los estudios a solo unos pocos años, lo que dificulta la identificación de tendencias prolongadas. Para superar estas barreras, los autores proponen una mayor coordinación internacional y el uso de herramientas simples y de bajo costo. No podemos exigir millones de dólares para estudiar cada sitio. Pero si eres investigador polar, podrías llevar un termómetro al campo. Estos pequeños y consistentes puntos de datos pueden marcar una gran diferencia, resaltó Christina Davis, coautora del trabajo y especialista en Astrobiología. La actividad microbiana en los polos está cambiando más rápido de lo que se comprende, advirtió Sugden. La revisión enfatiza que más datos de cualquier tipo son buenos datos, y que la colaboración global será clave para anticipar los impactos de estos pequeños organismos sobre el clima mundial.
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