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  • Advierten que la IA plantea a la universidad el desafío más profundo de su historia y debaten cómo enfrentarlo

    » Clarin

    Fecha: 28/01/2026 08:13

    En 1930 la mayor parte del día los humanos la pasaban con familiares o amigos, hoy el 60% del tiempo estamos online. Esto cambia no solo la forma en que vivimos, sino también cómo trabajamos o nos relacionamos. Investigaciones recientes muestran cómo la exposición continua a pantallas cambia nuestras percepciones y, en niños de hasta 2 años, tiene un impacto significativo en la forma en que se desarrolla el cerebro, dirá la española Mercedes Mateo Díaz, jefe de División de Educación del Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Y seguirá: La evidencia muestra que en esos niños se produce una aceleración en la maduración de sus redes neuronales, y esto no es bueno. Porque el cerebro está yendo más rápido de lo que debería y salta etapas fundamentales del crecimiento. Esto tiene un efecto también en jóvenes y adolescentes: hay evidencia de que el uso de IA Generativa está generando una deuda cognitiva y mayor tasa de ansiedad. La advertencia está hecha, ahora, ¿cómo encarar desde la educación estos cambios tan profundos? Y más específicamente, ¿qué rol debe jugar la universidad, una institución que pierde centralidad frente al avance de otras maneras de formarse? Para Mateo Díaz, no podemos pensar la educación superior hoy bajo un parámetro de mejoras. Ya no estamos discutiendo cómo enseñamos con IA o cómo enseñamos la IA a nuestros alumnos. Hoy estamos discutiendo cómo vivimos y convivimos como un agente nuevo (la IA), que tiene potencial cognitivo superior al nuestro. Y cuál va a ser el rol del ser humano en esta sociedad. La de Mateo Díaz es una de las más de 800 presentaciones que se están sucediendo en la ciudad de Monterrey, México, en el encuentro de educación más grande de hispanoamericana que sigue hasta el jueves. Organizada por el Instituto para el Futuro de la Educación (IFE) del Tecnológico de Monterrey, la conferencia -que es anual - reúne esta vez a más de 4.300 personas de 46 países, entre especialistas, docentes, emprendedores de desarrollos educativos, ONGs y autoridades de instituciones educativas y gobiernos, entre ellos 140 rectores universitarios. Este año la conferencia estuvo marcada por un inusual frío, que baja desde los Estados Unidos, y que llevó al termómetro por debajo de 0 grados. Y entre los temas tratados, la IA encendió todos los reflectores: es el que hoy genera más atención y, por qué no, preocupación. En el espacioso y muy moderno campus del Tecnológico se van sucediendo las distintas conferencias magistrales, así como las ponencias sobre experiencias de innovación educativa y de investigación, paneles, presentación de libros, talleres, espacios para networking y presentación de posters por parte de educadores y expertos de distintos países e instituciones de todo el mundo. Además de la IA, otros temas que concitan la atención son los cambios que está viviendo la academia a partir de las nuevas tensiones geopolíticas, el rol que debe jugar la investigación científica en medio de la inflación de papers para ubicarse mejor en los rankings, o los desafíos que tiene la universidad como institución, ante nuevos jugadores en la formación de jóvenes y adultos. La desglobalización La cuestión antes ni figuraba, pero este año en una y otra presentación de algún modo se habló sobre el impacto en la educación superior de los cambios geopolíticos que vive el mundo, así como las oportunidades que esto genera para América Latina. El singapurense Michael Fung, director ejecutivo del IFE, dijo que las tensiones geopolíticas cambiaron en 2025 la manera en que fluye el talento. Habló de un proceso de desglobalización, que se vio reflejado recientemente en los debates de Davos, y que -afirmó- está generando una gran rivalidad en asuntos vinculados al mundo académico, como una competencia por el talento -especialmente en las industrias de la tecnología y los datos- o en cuestiones de seguridad. Dijo que esto está teniendo también impacto en la movilidad de los estudiantes internacionales, a partir de la reducción de las visas en algunos países, especialmente en los Estados Unidos. Cambian los flujos y la colaboración entre los investigadores, lo que presenta una oportunidad para las universidades de la región. Aunque, como también señaló Fung, hay recortes presupuestarios en muchos países, que presentan un desafío como para aprovechar la oportunidad. La pregunta para 2026 es cómo sacar provecho a esta situación y convertirla en oportunidad. Hay que jugar un rol activo en el desarrollo de estos talentos, cerró. Volviendo al tema de la IA, Mateo Díaz dijo que América Latina enfrenta un gran desafío para aprovechar la ola porque los sistemas educativos tienen desafíos estructurales que hace que tengamos una producción de talento subóptima. Y dejó una definición sobre la IA y el empleo para considerar. Distinguió a los trabajos en dos grupos: los de tarea única y los desorganizados, que requiere de la articulación de distintas habilidades. Dijo que para el primer caso, la IA es fantástica. Aprende mucho sobre ese trabajo único y lo puede automatizar de una manera muy eficiente. Ahora, el segundo tipo de trabajo, el que requiere de la cooperación y miradas de distinto tipo, la IA no lo puede hacer de forma eficiente. Para estos trabajos se requiere pensamiento critico, empatía, entender de los entornos humanos, sociales o culturales, la dinámica de los equipos. Por ejemplo, comprender los ciclos políticos. Estos son los trabajos del futuro. Son los conocimientos y habilidades que tiene que brindar las universidades, dijo la experta española. Investigación cuestionada También hubo espacio en la conferencia para cuestionar la forma en que se hace investigación científica en el mundo. Quien recogió el guante fue Javier Guzmán, vicepresidente de Investigación del Tec de Monterrey, quien señaló que ahora se está haciendo mucha investigación solo para sumar papers y tener una buena ubicación en rankings cuestionables y que, en lugar de eso, lo que propone es que las investigaciones tengan una utilidad en la sociedad. Podemos investigar, por ejemplo en el caso de la educación, cuál es el modelo para que los estudiantes aprendan mejor. Quizás la personalización que ahora permite la tecnología nos haga regresar a modelos antiguos donde la enseñanza era más personalizada, y no tanto con clases magistrales, y eso sea positivo. Pero para saberlo, hay que investigar, dijo Guzmán. Creo que en América Latina podemos tener otra manera de hacer investigación. No tenemos los recursos que tienen otros países, pero sí mucho ingenio y talento. Tenemos mucho para ofrecer si hacemos las alianzas correctas, agregó. Un llamado a la acción La idea general del encuentro es que hoy más que nunca se necesita repensar a la universidad, y con una nueva visión para América Latina. José Escamilla, director asociado del IFE, anticipó que este jueves harán un llamado a la acción a todas las universidades de la región para que hagan este cambio. Dijo que van a presentar un proyecto de transformación de las universidades, que tenga en cuenta cómo debe ser el futuro de la educación superior, así como los ecosistemas de formación de habilidades a lo largo de la vida. Es decir, para todos los adultos y no solo los jóvenes universitarios. Clarín le preguntó cómo va a ser el formato de ese llamado a la acción. Escamilla anticipó que serán herramientas para hacer un diagnostico de cada institución, con los niveles de avances y capacidades que van desarrollando, así como recursos para entender hacia donde pueden avanzar. El mensaje de la conferencia es que la transformación hoy es más necesaria que nunca. Desde Monterrey, México Sobre la firma Newsletter Clarín

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