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» Clarin
Fecha: 28/01/2026 06:32
Lejos estamos de vivir en un mundo civilizado. En muchos lugares persisten las costumbres de vida de los clanes en el trato denigrante y los modos crueles de dirimir conflictos. En el planeta, pese a las cumbres intergubernamentales, las declaraciones universales de derechos de diverso orden y la creación de organizaciones nacionales y regionales nucleadas con fines pacíficos y proteccionistas, sigue habiendo persecución religiosa, lo cual implica en concreto la prohibición de expresar y celebrar la fe. Se aplican métodos violentos con crueldad semejante o mayor a las fieras y verdugos de otros tiempos, aunque nos resulte anacrónico. En pleno siglo XXI, la libertad religiosa sigue siendo un derecho vulnerado para millones de personas. La persecución de cristianos a causa de su fe es una realidad extendida y, muchas veces, invisibilizada. El Informe de la ONG Puertas Abiertas publicado el 14 de enero de 2026 arroja datos estremecedores y nos desafía a mirar de frente este drama humano. Según el informe, uno de cada siete cristianos en el mundo es perseguido por su fe. Esto significa que 388 millones de personas sufren acoso, persecución, discriminación en el acceso a recursos tan básicos como educación, salud o empleo, negándoles incluso el derecho al agua potable. Otros sufren amenazas, confiscación de bienes y hasta encarcelamiento y torturas por participar en actividades religiosas. La opresión se manifiesta también en el aislamiento social, la vigilancia y el control sobre sus movimientos y comunicaciones. Estas cifras no son simples estadísticas: detrás de cada número hay historias de dolor, coraje y esperanza. Durante el año 2025, mientras los católicos celebrábamos el Jubileo como Peregrinos de la Esperanza fueron asesinados 4900 cristianos en el mundo a causa de su fe. Más de la mitad de ellos en Nigeria. En el norte de este país el pasado domingo 18 de enero fueron secuestrados más de 160 fieles en dos Iglesias de una aldea, hechos que ya se habían producido en noviembre. De modo particular sufren las mujeres y niñas sometidas a violencia sexual, u obligadas a casarse como castigo con quienes no comparten la misma fe. En uno de estos países una joven adolescente de 17 años se estaba preparando en secreto para bautizarse y seguir creciendo en la fe cristiana; fue secuestrada, violada reiteradamente por sus captores, y forzada a casarse con uno de ellos. Como se negaba la embarazaron, y al nacer el niño se lo entregaron a la tutela del Estado, y a ella la mataron. No es un caso aislado, sino un procedimiento habitual. Tan solo en Irán esta práctica de la obligación a casarse y violencia hacia mujeres y niñas ha crecido en un 32%. Pero la cifra podría ser mayor debido a que las familias no realizan las denuncias de estos crímenes por miedo a represalias. Hemos visto con dolor y consternación cómo en algunos países han quemado Templos con fieles adentro durante alguna celebración religiosa, y realizando disparos a mansalva. La persecución se descarga sobre católicos, ortodoxos, protestantes, evangélicos, pentecostales, y algunas otras denominaciones, dando testimonio de lo que algunos llaman el ecumenismo de la sangre. A quienes son asesinados a causa de la fe les llamamos mártires, una palabra de origen griego que significa testigo. Es alguien que vio y escuchó, que tuvo experiencia de encuentro con Jesús. No se es testigo de abstracciones o ideas. En el año 197 Tertuliano escribió: la sangre de los mártires es semilla de nuevos cristianos. Y es así. Los países más hostiles son Nigeria, Irán, Corea del Norte, Pakistán, China, Afganistán, Somalía, Yemen, Sudán... Pero miremos también qué sucede en nuestro continente. De manera similar encontramos sufrimientos y persecuciones a causa de la fe. Las peregrinaciones y procesiones en la calle están prohibidas en Cuba, y las predicaciones son vigiladas. Lo mismo sucede en Nicaragua donde además se han expulsado sacerdotes, religiosos y religiosas; se confiscaron bienes eclesiales, cerraron la Universidad Católica y una estación de radio; se amedrenta con amenazas y cárcel; hay prohibición de expresiones públicas de la fe. En Venezuela hace pocas semanas no han dejado salir del país a un cardenal, quitándole el pasaporte. En la Amazonia catequistas y líderes de comunidades son perseguidos y amenazados y hasta asesinados por su compromiso en el cuidado de la casa común. Los aprietes se hacen llegar a quienes están cerca de personas víctimas del consumo de drogas. Hombres y mujeres que aun así sostienen su fe con perseverancia arriesgando su vida. Tu oración y la mía los sostienen. San Pablo escribió cuando un miembro sufre, todos los demás sufren con él (I Cor 12, 26). ¿Te estremeciste? Yo también. No miremos para otro lado. Hablemos de estas situaciones. Te invito a leer el Informe completo. Sobre la firma Newsletter Clarín
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