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» Clarin
Fecha: 27/01/2026 20:26
Calvin Coolidge, presidente republicano de los Estados Unidos en el final de los años 20, fue apodado Silent Cal por su inclinación a hablar lo mínimo necesario. Al ser consultado sobre las razones de su laconismo, dijo: "para un Presidente, decir sí o no a veces es demasiado". Javier Milei no es precisamente lacónico, pero podría refrendar sin conflicto muchas de las definiciones de Coolidge. El norteamericano sostenía que la prosperidad no era algo que el gobierno lograba, sino algo en lo que el gobierno no debía interferir. Terminó cada año de su presidencia con superávit fiscal, y recurrió al veto unas 50 veces, dos de ellas para rechazar un bono para los veteranos de la segunda guerra mundial. "El patriotismo que se compra no es patriotismo", argumentó. ¿Conocerá Milei este antecedente al que parece unirlo una fuerte afinidad ideológica? El recuerdo de Coolidge viene a cuento de la novedosa tranquilidad político y social con que la Argentina transitó enero, al menos hasta aquí (y entendiendo el riesgo de decirlo). "Cal" era un convencido de que la mejor decisión del gobierno podía ser "no hacer ni decir" nada. Algo así parece haber ocurrido durante este mes, en que la ausencia de decisiones y declaraciones contribuyó a la tranquilidad general, una novedad relevante en un Gobierno con preocupantes antecedentes de tropezar solo. Alcanza con recordar dos episodios. Hace poco más de un año, Milei se complicaba al vincular, en Davos, a la ideología de género con el abuso infantil. La afirmación provocó un repudio casi unánime, incluso en el exterior, y la justificada discusión posterior duró varios meses y desgastó al Presidente. A la afirmación siguió el enredo de las explicaciones que armaron otro nudo que exigió nuevas aclaraciones. En julio pasado, Luis Caputo también lució su talento para el inoportunismo al desafiar la compra de dólares frente a un auditorio de ejecutivos. "Comprá, no te la pierdas, campeón", fue su respuesta a quienes cuestionaban la cotización. En los días, semanas y meses siguientes el dólar no paró de subir, lo que hizo temblar a Caputo y al presidente, hasta que llegó el auxilio de Scott Bessent y de los EE.UU. Con ese precedente, que el primer mes del año haya transcurrido con relativa tranquilidad no deja de ser una novedad (puede cambiar con lo que el Presidente diga en el Derecha Fest marplatense, un escenario que a priori se presenta con riesgos de desmesuras). Pero el silencio de enero no fue sólo del oficialismo, sino también de la oposición, y ese dato propone diferentes lecturas. En el caso del Gobierno, ¿la tranquilidad social es apoyo ganado o es todavía un repliegue expectante, un "a ver qué pasa" de la gente? Los conflictos no se resolvieron, y sería un error malinterpretar esta ausencia de reclamos visibles como un crédito a mayor plazo. Más aún, los antecedentes indican que los periodos de tranquilidad no se rompen con grandes decisiones, sino con gestos menores que lastiman la credibilidad y rasgan el vínculo con los ciudadanos (la AFA y el título a Central ofrecen un buen ejemplo). El desafío de qué decir y cuándo es aún más delicado ahora. El mutismo opositor confirma que su discurso está deslegitimado y no encontró la alternativa que lo conecte otra vez con los votantes. O para decirlo más fácil: no saben qué decir. Pero esa ausencia está lejos de ser una garantía de tranquilidad o una noticia para festejar. Por el contrario, ese "vacío de advertencia" producido por la falta de voces opositoras relevantes, puede transformarse en el agujero negro en que caiga el Gobierno de tanto escucharse a sí mismo. Sobre la firma Newsletter Clarín Newsletter Clarín
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