27/01/2026 21:01
27/01/2026 21:01
27/01/2026 21:01
27/01/2026 21:01
27/01/2026 21:01
27/01/2026 21:01
27/01/2026 21:00
27/01/2026 21:00
27/01/2026 21:00
27/01/2026 21:00
Concordia » Diario el Sol
Fecha: 27/01/2026 17:16
La tarde del domingo 25 de enero transcurría sin sobresaltos en la zona noroeste de Concordia cuando el personal de la Comisaría Octava irrumpió en una vivienda de calle 58, entre J. J. Solá y Teniente Ibáñez. El allanamiento, ordenado por el juez de Garantías Francisco Ledesma y solicitado por la fiscal de Género Agustina Solé, respondía a una denuncia que, en otro tiempo, quizá habría sido considerada menor, casi anecdótica. Pero no en esta Concordia de hoy. Horas antes, una mujer había relatado que, en plena madrugada, un hombre ingresó a la casa de su expareja y se llevó un termo y un mate. Objetos simples, cotidianos, casi insignificantes en el inventario de la vida doméstica. Pero el contexto violencia de género, irrupción en domicilio ajeno, antecedentes de conflicto transformó lo que algunos llamarían una pavada en un hecho judicialmente relevante. El jefe de la dependencia, Nicolás Rodríguez, encabezó el operativo. En la vivienda del sospechoso, los efectivos encontraron un termo que coincidía con la denuncia. Ese solo elemento bastó para que la fiscal dispusiera la detención del acusado, un joven de 28 años. Y aquí es donde la crónica policial se cruza con la reflexión inevitable. Hubo un tiempo no tan lejano en que la maquinaria judicial se reservaba para asuntos serios, como decía aquel célebre juez porteño que jamás imaginó la realidad de una ciudad empobrecida como Concordia. Un tiempo en que un termo y un mate jamás habrían movilizado a policías, fiscales y jueces. Pero la feria judicial deja a la vista otra dinámica: menos expedientes, más disponibilidad, y quizás también la necesidad de mostrar actividad en un sistema que, cuando está saturado, suele dejar pasar lo pequeño hasta que se vuelve grande. En esta ocasión, lo pequeño no pasó. El termo y el mate ausente adquirieron un valor simbólico inesperado. Ya no fueron una bagatela, sino la punta visible de un conflicto mayor, de esos que se incuban en la intimidad y terminan explotando en los pasillos de Tribunales. En Concordia, a veces, la justicia se ocupa de lo que tiene a mano. Y lo que tuvo a mano, esta vez, fue un termo. .
Ver noticia original