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» La Nacion
Fecha: 27/01/2026 11:20
La transformación del borde urbano quedó marcada por nuevas tramas, mayor densidad y obras clave, en un contexto de aumento poblacional y presión sobre los servicios - 10 minutos de lectura' Pinamar Norte se consolidó como el principal sector de expansión urbana del partido dentro del plan Pinamar 2050, en un contexto de crecimiento sostenido de la población estable y de las viviendas de uso permanente, que incrementa la demanda de suelo, servicios e infraestructura. El avance se orienta hacia el norte porque allí se concentra la mayor disponibilidad de tierras en su mayoría de propiedad privada incorporadas al esquema urbano por los instrumentos de ordenamiento, con continuidad territorial respecto de la ciudad existente y posibilidad de prever infraestructura antes de habilitar nuevos desarrollos. En ese esquema, la planificación prevé que el área se consolide como un sector urbano con estructura propia, acompañado a futuro por la reorganización de accesos y nuevas vinculaciones con la Ruta 11 para distribuir el tránsito y evitar la concentración vehicular en los ingresos actuales, integrándolo a la red vial general del partido. A la vez, el sector encuentra su límite físico y ambiental en la zona de La Frontera, donde la trama urbana vuelve a diluirse en médanos y paisaje costero. El crecimiento puede leerse como una secuencia. Antes de convertirse en el principal frente de expansión urbana, ese sector tuvo durante años una fisonomía muy distinta. En 2006, era una continuidad extensa de bosque y arena. La ciudad se concentraba alrededor del centro histórico y tenía un límite urbano definido que se interrumpía antes de alcanzar esa franja. Más allá de ese borde predominaban los pinos, los médanos y grandes extensiones sin huella urbana. Las calles no avanzaban y la continuidad urbana se perdía. Veinte años después, 2026 ofrece otra lectura. Ese mismo sector ya no funciona como un final sino como un frente activo. La continuidad verde se interrumpe por nuevas tramas, áreas despejadas y conjuntos edilicios que no existían dos décadas atrás. El mar permanece en el mismo lugar. El médano también. Lo que cambió fue la extensión urbana detrás de ese límite natural. La secuencia que va de 2006 a 2025 permite reconstruir ese crecimiento como un proceso progresivo. No se trata de un salto repentino, sino de capas que se superponen con el paso del tiempo. El estado actual se completa con el recorrido realizado por LA NACION durante enero de 2026, que permite observar sobre el terreno aquello que en los años previos aparece como avance sostenido. Durante los primeros años del siglo, el sector norte mantenía una ocupación mínima. El bosque aparecía continuo y la ciudad se detenía en un punto preciso. Esa configuración respondió a una lógica histórica de planificación y forestación destinada a fijar médanos y proteger el sistema costero. Según explicaron a este medio el intendente Juan Ibarguren, el secretario de Planeamiento Ricardo Riddick y el subsecretario de Planeamiento Julio Falbo, Pinamar comenzó a ordenar su crecimiento incluso antes de ser municipio. A partir de 1979 se dicta la primera ordenanza de delimitación preliminar de áreas, que es la primera zonificación establecida por la ley provincial de uso del suelo, detallaron. En 1987 se elaboraron dos documentos centrales: el Plan Director de ampliación del área urbana y el Código de Ordenamiento Urbano. Ambos fueron luego convalidados por la provincia de Buenos Aires. Esa convalidación es fundamental, porque si no está aprobada por la provincia, no tiene vigencia urbanística, explicaron Riddick y Falbo. Ese plan delimitó la planta urbana reconocida en ese momento. El casco céntrico, con la avenida Bunge como eje, concentraba el desarrollo. Hacia el norte, grandes extensiones de tierra en su mayoría privadas quedaban fuera del área urbana consolidada. Desde la Secretaría de Planeamiento aclararon que la inclusión de un territorio dentro de un plan director no habilita automáticamente la construcción. El plan marca indicadores, no autoriza a construir. Es como marcar una cancha: después cada propietario tiene que presentar su proyecto particularizado, explicó Riddick. Esos proyectos deben atravesar instancias de evaluación técnica municipal y, luego, de convalidación provincial. Es un proceso largo, donde intervienen distintas áreas, incluida la Autoridad del Agua y el Ministerio de Ambiente, agregó Falbo. Hacia 2016 comienzan a aparecer señales más claras de avance. Se reconocen trazas incipientes, aperturas de calles y sectores donde el bosque deja de ser continuo. El crecimiento todavía es moderado, pero la dirección queda marcada. El borde urbano deja de ser una línea nítida y pasa a convertirse en una franja de transición entre ciudad y paisaje natural. Para 2020, ese patrón se consolida. La trama urbana se prolonga con mayor continuidad y las nuevas aperturas conectan el centro con el sector norte. El crecimiento deja de ser puntual y se convierte en frente de expansión. Desde Planeamiento explicaron a LA NACION que parte de ese avance se apoya en desarrollos aprobados años antes. Hubo particularizados presentados en 2011 que recién empezaron a materializarse mucho tiempo después, señalaron. Según indicaron, el crecimiento se aceleró con fuerza tras la pandemia. Después de la pandemia Pinamar tuvo un crecimiento muy grande y no fue gradual, sostuvo Ibarguren. En 2022, la expansión gana velocidad. Se incorporan áreas urbanizadas y la superficie intervenida avanza sobre terrenos que hasta ese momento permanecían sin ocupación visible. La mancha urbana gana espesor y continuidad. Ese año, el municipio impulsó una actualización del ordenamiento territorial. La respuesta provincial fue que el tratamiento debía ser integral. La provincia fue clara: iba a tratar el plan director cuando se presentara en su totalidad, explicaron Riddick y Falbo. A partir de ese punto, la gestión local decidió trabajar sobre un documento que contemple la integralidad del partido. Así tomó forma el plan Pinamar 2050. Según detallaron Ibarguren, Riddick y Falbo a este medio, el proyecto se apoya en una metodología definida por la provincia de Buenos Aires y se estructura en cuatro etapas. Primero hay un diagnóstico. Para intervenir hay que saber qué se tiene, explicaron. Ese diagnóstico fue elaborado mediante un convenio con la Universidad Nacional de La Plata e incluyó estudios territoriales, sociales, educativos, sanitarios y ambientales. Solo el diagnóstico llevó casi dos años y reúne información de décadas, precisaron. La segunda etapa define propuestas de ordenamiento a partir de ese diagnóstico. La tercera establece el marco normativo a través del Código de Ordenamiento. La cuarta incorpora los aspectos ambientales, hídricos e hidráulicos necesarios para garantizar la sustentabilidad del crecimiento. No se puede planificar sin tener en cuenta el agua, el tratamiento de efluentes y el impacto ambiental, remarcaron. Para 2025, Pinamar Norte ya funciona como una extensión reconocible de la ciudad. Las tramas se integran al resto del partido y el crecimiento se vuelve parte del paisaje cotidiano. El avance coincide con un aumento sostenido de la población. Según datos oficiales citados por el municipio, Pinamar duplicó su cantidad de habitantes en los últimos censos, al pasar de alrededor de 20.000 a más de 40.000. Desde el gobierno local estiman que la población real podría rondar los 60.000 habitantes, a partir de indicadores indirectos como las matrículas escolares. Ese crecimiento generó tensiones en la infraestructura y nos obliga a ordenar cómo sigue la ciudad, explicó Ibarguren. Durante enero de 2026, el recorrido por Pinamar Norte permite observar ese proceso de manera directa. Avenidas que alternan tramos asfaltados y sectores de arena, accesos que durante la temporada alta se convierten en puntos de congestión y complejos nuevos con servicios de uso anual conviven con áreas todavía sin desarrollar. El borde costero conserva su forma; detrás del médano, la ciudad se despliega con mayor intensidad. El crecimiento urbano queda condicionado por la infraestructura, especialmente por el tratamiento de efluentes cloacales. No podemos seguir construyendo un piso más ni sumar un departamento si no está garantizado el tratamiento de líquidos cloacales, afirmó Falbo. El esquema contempla una planta central y la proyección de plantas adicionales para acompañar la expansión. El agua sale tratada y se infiltra nuevamente en la napa, que es lo que necesitamos para reutilizarla, explicó Riddick. El municipio monitorea el acuífero desde hace más de quince años mediante pozos distribuidos a lo largo del partido. La planificación también establece límites a la densidad. El 90% del uso del suelo en Pinamar es unifamiliar, detalló Riddick. Incluso las densidades máximas previstas se mantienen por debajo de las de ciudades más compactas. Esa lógica se refleja en el trazado urbano, con calles curvas que siguen el relieve natural y sistemas de drenaje diseñados para evitar que el agua de lluvia se pierda hacia el mar. Uno de los ejes centrales del plan es cuidar el medio ambiente y el acuífero, subrayó Falbo. La expansión hacia el norte reconfigura además la movilidad. Hoy la mayoría de los que van al norte entran por los mismos accesos y eso genera un cuello de botella, explicó Ibarguren. El ordenamiento territorial contempla la posibilidad de nuevos accesos a futuro, vinculados a la Ruta 11 y a la reorganización de la red vial interna. No se trata de una obra inmediata, sino de dejar previstas las trazas para que la ciudad tenga por dónde crecer sin colapsar, señaló Riddick. En ese esquema, las nuevas entradas se articulan con la creación de centralidades en el norte, con el objetivo de reducir desplazamientos diarios hacia el centro histórico. El plan Pinamar 2050 reúne estudios elaborados durante más de cuatro décadas y propone una revisión periódica del modelo de crecimiento, con la posibilidad de ajustar lineamientos a partir de los cambios demográficos, urbanos y ambientales. Ahora hay un documento escrito que permite discutir, criticar y mejorar, señalaron desde la Secretaría de Planeamiento, al destacar que el objetivo es contar con una hoja de ruta común para orientar las decisiones futuras. El enfoque ambiental ocupa un lugar central dentro del esquema de ordenamiento. Según explicaron, la planificación busca preservar el bosque y el sistema natural que caracteriza a la ciudad. En ese marco, cada intervención que implique la remoción de ejemplares arbóreos debe cumplir con normas de compensación ambiental. Cuando se retira un árbol, la obligación es reponerlo con nuevas plantaciones, detallaron, y precisaron que en muchos casos se exige plantar dos o tres ejemplares por cada uno extraído, según la especie y el impacto del proyecto. Planificar es una obligación, porque no planificar es un riesgo, concluyó el intendente Juan Ibarguren, al subrayar que el crecimiento urbano debe avanzar de manera controlada para no comprometer los recursos naturales ni la identidad forestal de Pinamar. La secuencia que va de 2006 a 2026 permite leer el cambio con claridad. Donde antes predominaba el bosque continuo, hoy aparece una trama urbana en expansión. El mar y el médano permanecen como constantes. La ciudad, en cambio, corrió su límite. Pinamar Norte dejó de ser un margen indefinido para convertirse en el principal escenario del crecimiento urbano del partido.
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