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  • Trabajó con Tom Hanks y Dennis Quaid, fue una exitosa actriz en los 80 pero una tragedia y el propio sistema la alejó de Hollywood

    » La Nacion

    Fecha: 27/01/2026 10:37

    En pleno auge de su carrera, una tragedia personal y las reglas no escritas de la industria la alejaron del centro de la escena; tiempo después volvió al ruedo y desnudó los prejuicios del negocio - 6 minutos de lectura' Durante la década del 80, Bess Armstrong parecía destinada a ocupar un lugar central en Hollywood: su nombre se repetía en películas de alto perfil. Trabajó con Tom Hanks y Dennis Quaid y su presencia se volvió una constante. Sin embargo, en pleno auge, su carrera se interrumpió de forma abrupta. No fue un escándalo ni una reacción impulsiva lo que la corrió del foco, sino una combinación de decisiones personales primero y una industria después que dejó de ofrecerle un lugar. Décadas después, volvió al ruedo y no dudó en compartir su mirada crítica sobre el sistema que primero la celebró y luego le cerró las puertas. Hace unos meses, su imagen volvió a ser el blanco de los paparazzi, quienes llevaron su nombre de nuevo a los los medios norteamericanos. Elizabeth Key Armstrong nació el 11 de diciembre de 1953 en Baltimore, Maryland. Hija de dos profesores, luego de formarse en Bryn Mawr y antes de desembarcar en la actuación pasó por la Universidad de Brown, donde se graduó como profesora de latín y teatro. El arte siempre estuvo en su vida: de niña actuó en más de cien obras escolares, incluso bajo la dirección de su padre. También aprendió a tocar el violín, otra de sus pasiones. Su debut en televisión fue en 1978, en la serie On Our Own. Ese mismo año obtuvo un papel en El crucero del amor y en 1981 saltó a la gran pantalla con Las cuatro estaciones, el film protagonizado por Alan Alda, Carol Burnett y Rita Moreno. Su gran oportunidad llegó en 1983, cuando fue parte de La gran ruta hacia China y logró su primer protagónico, nada menos que en Tiburón 3, junto a Dennis Quaid. En el plano personal, en 1983 se casó con Chris Carreras, pero la relación no fue lo que esperaba y se divorció al año siguiente. En 1985 volvió a pasar por el altar con el productor John Fiedler, con quien tuvo tres hijos Lucy, Luke y Samuel y con quien aún comparte la vida. Del éxito a la tragedia que lo cambió todo A diferencia de otras figuras de su generación, Armstrong no construyó su carrera a partir de la exposición mediática: su perfil fue siempre el de una actriz reservada, más interesada en el trabajo que en formar parte del star system, una característica que marcó tanto su ascenso como su posterior repliegue. La carrera de Armstrong se consolidó en la década del 80. En esa época, además de compartir cartel con Quaid y Alda, trabajó junto a Tom Selleck en Los aventureros del fin del mundo (1983) y junto a Tom Hanks, con quien protagonizó la comedia romántica Nada en común (1986). En una entrevista que le concedió a The Baltimore Sun en 1990, la actriz habló de cada una de las grandes figuras con las que compartió pantalla: de Selleck dijo que era muy dulce y a Alda lo definió como un hombre encantador, maravilloso, dulce y grande. Con Tom Hanks, la conexión fue inmediata: Apenas nos conocimos sabíamos cómo éramos. Nos reíamos todo el tiempo. En los 80, su rostro era conocido en todo el mundo y todo parecía indicar que iba rumbo a convertirse en una de las grandes estrellas de la industria. Sin embargo, a comienzos de los 90 su imagen empezó a replegarse. El retiro de Armstrong no fue formal: su figura comenzó a desvanecerse y el cambio de prioridades estuvo marcado por la maternidad y una tragedia personal. Armstrong tuvo tres hijos: Lucy Chase Fiedler, nacida el 22 de julio de 1986; Luke Allen Fiedler, quien llegó al mundo el 14 de enero de 1988, y Samuel Chase Fiedler, el menor, quien se sumó a la familia el 16 de junio de 1991. Lucy, la primogénita, falleció a los seis meses de vida: había nacido con una malformación cerebral grave que reducía de forma drástica sus chances de sobrevida. La propia actriz describió aquella experiencia como un momento intenso, doloroso y profundamente transformador. Con la muerte de Lucy todo cambió. El duelo la llevó a reordenar prioridades, fortalecer su vida familiar y adoptar una mirada más reservada, lejos del exhibicionismo de Hollywood. Fue maravillosa y la amamos. El regalo perdurable que Lucy nos dio como familia es que realmente no damos nada por sentado. Simplemente nada, le dijo a The Baltimore Sun en una de las pocas oportunidades en las que habló públicamente de su hija. Sobre el impacto de esa pérdida en su carrera, Armstrong fue categórica: Realmente me dejó fuera del negocio durante dos años. Y agregó: La industria es muy voluble. Asumen que si has desaparecido es por motivos profesionales. Volver fue todavía más duro. Era muy frustrante, pero necesario. No había otra opción. También fue crítica con las reglas no escritas del sistema: En cuanto Entertainment Tonight diga que tenés 30, todo se acaba hasta que cumplas 45 y puedas hacer de madre de niños mayores. Un regreso en segundo plano Si bien Armstrong volvió de a poco a los sets, nunca recuperó el lugar destacado que había tenido en los 80. Su papel más recordado llegó a mediados de los 90 con El mundo de Ángela, la serie protagonizada por Claire Danes que con el tiempo se transformó en un título de culto. Allí compuso una madre compleja y contradictoria, muy alejada de los estereotipos habituales de la televisión de la época. Años después, en una charla con Vanity Fair, la actriz reflexionó sobre ese trabajo: Me siento honrada de haber sido parte de algo que impactó en tantas personas. También reconoció que ese papel la encasilló en un tipo de rol del que luego fue difícil salir. Tras El mundo de Ángela, Armstrong trabajó en numerosas películas para televisión y tuvo apariciones en sitcoms -incluida La niñera, donde interpretó a la esposa fallecida del señor Sheffield- y en series como Frasier, One Tree Hill, Conviction, S.W.A.T. y The Good Doctor. En la última década volvió a aparecer en títulos como Greys Anatomy, Agents of S.H.I.E.L.D. y Better Things, además de participar en proyectos independientes. También es una violinista consumada. Más madura y con una visión distinta de Hollywood, Armstrong fue una de las actrices que habló con claridad sobre las limitaciones que la industria impone a las mujeres, especialmente después de los 30 y los 40 años. Sin consignas ni discursos grandilocuentes, señaló cómo, a partir de cierta edad, los papeles interesantes se reducen de forma drástica y muchas intérpretes quedan confinadas a roles secundarios o directamente excluidas. Hoy, a los 72 años, Bess Armstrong continúa activa en la industria, con participaciones esporádicas y un perfil bajo, lejos del estrellato que tuvo en los años 80.

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