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Parana » ViaParana
Fecha: 27/01/2026 10:24
Daniel Salzano, escritor cordobés, periodista, poeta y, además fanático de Talleres, con su fina pluma describió a Amadeo Nuccetelli como el personaje más fascinante del fútbol local, el único que se atrevió a atacar con alegría y descaro el sistema de clases del deporte argentino. Las nuevas generaciones de fanas de la T y de curiosos hinchas cordobeses deben saber que el club lo tuvo como presidente desde 1973 a 1987, época en la que su gestión alcanzó el reconocimiento nacional e internacional. UN POCO DE HISTORIA: QUIÉN FUE AMADEO NUCCETELLI Nacido en Leones, el 8 de julio de1930, Amadeo Nuccetelli fue empresario inmobiliario y organizador de rifas. Pero, sin dudas que su verdadera pasión era Talleres. Decidió presidir el club a fines de 1973 y asumió en enero del 74. Los fríos números dicen que bajo su gestión, el Matador consiguió 12 títulos de Liga Cordobesa, un campeonato regional y llegó a la final del recordado Nacional 77, jugada el 25 de enero del 78, en la que se consagró Independiente en La Boutique. La verdadera revolución del fútbol del interior del país la encabezaba Nuccetelli que, de haber ganado esa final, podía haber abierto una nueva etapa en el fútbol argentino con sus ideas de federalizar el deporte más popular. De todos modos, un par de años después, con el decreto 1309 mediante, se sumó con plaza fija a los campeonatos de la Asociación del Fútbol Argentino hecho que le abrió las puertas a Racing de Nueva Italia e Instituto. LA GESTIÓN DE NUCCETELLI EN TALLERES Mucho se ha escrito y hablado de lo que significó Nuccetelli para Talleres y el fútbol del interior. Desde su inicio de gestión se lo caracterizó por su búsqueda de hacer grande al club que amaba casi de la misma manera que a su familia. Trajo entrenadores de la talla de Ángel Labruna, Rubén Bravo, Adolfo Pedernera y Roberto Saporiti. Reclutó jugadores del interior y de la misma Liga Cordobesa que después formaron planteles campeones del mundo con Argentina como Luis Galván, Miguel Oviedo, Daniel Valencia, Luis Ludueña, Héctor Baley, Humberto Bravo, Alberto Tarantini, José Omar Reinaldi, José Luis Cuciuffo, entre otros. Era tanta la ambición de grandeza que hasta intentó varias veces contratar a Diego Armando Maradona pero quedó lejos de las pretensiones económicas de Argentinos Juniors, club donde jugaba. En cuanto a infraestructura se lo reconoce por la compra de la actual sede frente a la plaza San Martín, el predio de 24 hectáreas en donde actualmente funciona el Centro de Alto Rendimiento Deportivo que lleva su nombre desde 2021. A mediados de la década del 70 hizo una verdadera revolución, no sólo llevando al Albiazul al primer plano nacional sino saliendo de gira con el equipo a Centroamérica, Europa, Turquía y hasta en Zaire, África. Nuccetelli quiso cambiar el fútbol manejado por AFA desde Buenos Aires para que los clubes del interior, encabezado por Talleres, tuvieran más protagonismo y sea todo más federal y equitativo. Se quedó con las ganas de una reforma profunda pero logró que, en la década del 80, se empiecen a meter más clubes de las provincias en AFA. EL ADIOS A NUCCETELLI Y LOS HOMENAJES POSTERIORES Amadeo Nuccetelli le había dado todo a Talleres. Inclusive, muchas veces puso dinero de su bolsillo para pagar deudas vinculadas al club. Falleció a los 76 años y su situación económica no era buena en ese momento. Talleres y la ciudad de Córdoba homenajearon a Nuccetelli en varias ocasiones. Posee una estatua en la puerta de la sede en Rosario de Santa Fe 15. Varias veces vandalizada pero siempre tratando de reponer dejando en alto la figura del exdirigente. Una plaza de 5 mil metros cuadrados, en barrio Parque Futura, lleva su nombre y, además, el reconocimiento con un busto y la confirmación del nombre del Centro de Alto Rendimiento Deportivo también ayudan a que no se olvide el nombre de un grande como Nuccetelli. Pero quién mejor que Daniel Salzano para despedirlo con las palabras que escribió el 28 de enero de 2007 cuando Amadeo pasó a la inmortalidad: Cuando abandonó la presidencia, en el 87, salió por la puerta grande con un echarpe de vicuña sobre los hombros y un agujero sin fondo en el bolsillo. Por ahí se habían idos los ahorros de su vida. Cuando ocupaba el trono en el área peatonal, la gente se detenía a charlar con él. Y él, como Borges, contestaba todo lo que le preguntaban. No sabía con quién estaba hablando. Había conseguido, a la vejez, el sueño de cualquier cordobés que se precie: tener pagos todos los cafés hasta el último de su vida.
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