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  • Casa Mar, el balneario de moda en Pinamar por el que circulan políticos, empresarios y figuras del espectáculo

    » La Nacion

    Fecha: 27/01/2026 10:06

    Casa Mar, el balneario de moda en Pinamar por el que circulan políticos, empresarios y figuras del espectáculo Desplazó a CR, histórico punto de encuentro para personalidades públicas; Massa, Ritondo, Bullrich, Zamora, Wado de Pedro y Angelici estuvieron por el parador - 7 minutos de lectura' PINAMAR (De un enviado especial). En el norte de Pinamar, Casa Mar se consolidó en los últimos años como algo más que un balneario de temporada. Sin proclamarse espacio político ni parador de la farándula, el lugar se transformó en uno de los puntos donde, cada verano, confluyen dirigentes políticos, empresarios y figuras del espectáculo, bajo una lógica de bajo perfil que lo diferencia de otros escenarios históricos del poder informal en la Costa Atlántica. El proyecto empezó a tomar forma hacia 2017, aunque la idea llevaba algunos años previos de desarrollo. El sector donde hoy funciona Casa Mar Avenida del Mar 3335 era originalmente playa pública y quedó incluido en el proceso de reordenamiento del frente costero impulsado por el municipio, que buscó reducir la concentración de concesiones, actualizar esquemas históricos y reorganizar la franja norte bajo nuevos criterios de ocupación y servicios. Ese esquema derivó en nuevas licitaciones y en la relocalización de algunos emprendimientos. En ese marco, la concesión había sido adjudicada inicialmente a un tercero, vinculado al balneario Bacota, que luego transfirió el derecho al no contar con la estructura necesaria para afrontar las obras de demolición y construcción dentro de los plazos fijados. El desembarco se dio en un contexto complejo: en ese tramo del frente marítimo funcionaban las concesiones de Pina Margol y Cabo Blanco, cuyos responsables impugnaron el proceso licitatorio y obtuvieron medidas judiciales que demoraron durante varias temporadas la ejecución del plan. Las estructuras permanecieron en pie sin actividad hasta que la Justicia avaló la postura del municipio y avanzaron las demoliciones. Durante ese período, Casa Mar quedó como el único parador operativo en la zona, una condición que marcó su desarrollo inicial. Lejos de intentar compensar ese aislamiento con masividad, el crecimiento se apoyó en una decisión sostenida: mantener una escala acotada, con menos carpas que las permitidas por pliego y un fuerte énfasis en la experiencia del cliente. Incluso en enero, cuando el movimiento es intenso y por el parador circulan cerca de 1000 personas por día, la capacidad no se amplía. La prioridad sigue siendo la comodidad, la privacidad y un funcionamiento ordenado. Esa lógica, construida con el tiempo, ayuda a explicar el tipo de público que hoy circula por allí. Política y farándula en un mismo lugar Según reconstruyó LA NACION, durante este verano el parador volvió a ser escenario de apariciones de peso político. Uno de los nombres que se repitió fue el del exministro de Economía y excandidato presidencial Sergio Massa, que eligió el lugar en distintas jornadas de enero. Quienes lo vieron coinciden en un mismo rasgo: intenta mantenerse alejado del ojo público. El antecedente más cercano de su vínculo con el parador había sido la celebración de Año Nuevo de 2025. En esas visitas también estuvo su esposa, Malena Galmarini, ex presidenta de AySA y flamante senadora provincial. Ambos se movieron por el lugar sin despliegues especiales. En los últimos días también fue visto en el parador el exgobernador de Santiago del Estero y actual senador nacional Gerardo Zamora, que se sumó a una partida de truco con un grupo de turistas santiagueños en una de las mesas del balneario, en una escena típicamente veraniega. El listado de dirigentes que circularon por Casa Mar este enero se completa con el diputado nacional y jefe del bloque Pro en la Cámara baja, Cristian Ritondo. En una misma jornada fueron vistos almorzando a pocas mesas de distancia Patricia Bullrich y Eduardo Wado de Pedro -ambos integrantes de la Cámara alta-, en una imagen poco habitual de convivencia política. También forma parte de esos antecedentes la presencia del exsecretario de Culto y Civilización Nahuel Sotelo -hoy diputado-, visto en el parador en temporadas anteriores. Entre los empresarios, una figura recurrente es la de Daniel Vila, empresario de medios y energía, presidente del Grupo América y accionista relevante en el sector energético. Suele concurrir al lugar junto a su pareja, la conductora Pamela David, y hacerlo bajo las mismas reglas que el resto de los clientes. De hecho, en más de una ocasión llegó en auto, no encontró lugar para estacionar y, entre bromas, expresó su queja por no tener ninguna consideración especial, antes de retirarse a buscar espacio en otra zona. También este verano apareció por el parador Daniel Angelici, ex presidente de Boca Juniors y figura de peso en la gestión porteña. Angelici estuvo en la previa de un partido amistoso de la Liga Senior, que se disputó en el propio balneario. Del encuentro participaron exjugadores como Carlos Navarro Montoya, Jonás Gutiérrez, Martín Galmarini, Franco Niell, Matías Arce, Pablo Álvarez, Alejandro Lalli y Martín Sarik. Su paso por el lugar fue fugaz. En cuanto al mundo del espectáculo y de las redes sociales, en los últimos días fueron vistos en Casa Mar la modelo y conductora Sofía Jujuy Jiménez, el influencer Lizardo Ponce, el referente del streaming Nico Occhiato y el influencer y comediante Martín Dardik, conocido como Trinche. Aun con compromisos laborales en otros puntos de Pinamar, varios de ellos eligen Casa Mar como espacio de descanso, lejos del público y las cámaras. Ese perfil también tiene antecedentes en la farándula. Durante temporadas anteriores, el conductor Marley fue uno de los habitués del lugar. Cuando se movía por la línea de playa, era frecuente que turistas y veraneantes le pidieran fotos de manera constante. En cambio, al recostarse en uno de los camastros del parador, lograba mantenerse al margen del asedio y descansar con tranquilidad, una dinámica que terminó de consolidar la identidad del espacio. El corrimiento del Balneario CR y un cambio de época La centralidad que hoy tiene Casa Mar remite inevitablemente a otro nombre propio del verano pinamarense: el Balneario CR. Durante la década del 90 y buena parte de los 2000, ese parador funcionó como el principal epicentro político de la temporada. No era solo un balneario: operaba como una oficina informal del poder, donde se concentraban dirigentes, operadores, empresarios y periodistas, en reuniones visibles y con códigos conocidos por todos. Durante años, por CR circularon figuras que hoy ya no lo frecuentan con la misma regularidad. Dirigentes, empresarios y figuras del espectáculo que supieron tener allí un punto de referencia durante el verano entre ellos Massa, Zamora, Ritondo, Vila, David y Galmarini hoy eligen mayoritariamente Casa Mar. En CR, la dinámica implicaba mostrarse. Las mesas funcionaban como vidrieras y la rosca formaba parte explícita del paisaje. Gobernadores, ministros y referentes partidarios sabían que su presencia allí sería leída en clave política, aun cuando el encuentro tuviera apariencia social. Con el paso del tiempo, ese esquema comenzó a mostrar desgaste. La sobreexposición, la previsibilidad de las escenas y el cambio en los códigos de la política empujaron a buena parte de ese público hacia espacios más discretos. En ese corrimiento se inscribe Casa Mar, que no reemplaza a CR ni absorbe de manera excluyente a su público histórico, pero sí se convirtió en uno de los lugares donde hoy se canaliza parte de esa sociabilidad política. Un dato ilustra ese desplazamiento. Según supo LA NACION, quien se mantiene firme en CR, verano tras verano, es el fiscal federal Carlos Stornelli. El resto del elenco que supo convertir a ese balneario en sinónimo de rosca veraniega migró hacia otros espacios. A casi una década del inicio del proyecto, Casa Mar terminó ocupando ese lugar sin proponérselo explícitamente: no como una nueva oficina política, sino como un espacio donde el poder, el espectáculo y el ocio conviven bajo reglas más silenciosas, acordes a un cambio de época.

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